El envejecimiento del parque móvil de Córdoba dice más sobre la economía familiar que sobre la voluntad de sus propietarios de cambiar de coche. El 54,3 % de los turismos de la provincia supera ya los 15 años. Siguen circulando porque sustituirlos exige un desembolso que cada vez más hogares retrasan o directamente no pueden afrontar.

El último dato del INE refuerza esa lectura. La inflación acumulada hasta agosto ha alcanzado el 4,3 %, la segunda más alta para ese periodo desde 1996. Los combustibles han vuelto a empujar los precios, mientras los alimentos han bajado menos que hace un año. Es otra vuelta de tuerca para unas familias que ya soportan el encarecimiento acumulado desde 2021.

Las grandes cifras hablan de crecimiento económico y récords de empleo, pero no explican por sí solas cómo viven los hogares. Empobrecerse no siempre significa cobrar menos euros: también ocurre cuando el sueldo permite comprar menos. La vivienda absorbe una parte creciente de los ingresos, y adquirir un bien duradero se convierte en una decisión difícil de asumir.

El automóvil funciona como termómetro porque pocas familias cambian de coche por capricho. Cuando uno nuevo se sale del presupuesto, se prolonga la vida del antiguo o se acude al mercado de segunda mano. En Andalucía se venden 2,39 turismos usados de más de diez años por cada uno nuevo y apenas el 6,3 % del parque tiene etiqueta Cero o ECO. Córdoba tiene el parque más envejecido de la comunidad.

La subida de los carburantes agrava además la situación de quienes no pueden sustituir sus vehículos. Son los mismos hogares a los que se reclama comprar un coche menos contaminante y que, mientras no puedan hacerlo, deben dedicar más dinero a mantener y llenar el depósito del que ya tienen.

Ahí aparece una contradicción que las políticas medioambientales no deberían ignorar. Cumplir las restricciones de circulación resulta mucho más sencillo para quien puede gastar 30.000 o 40.000 euros en un coche que para quien necesita conservar el que compró hace quince o veinte años.

Reducir emisiones y retirar los vehículos más antiguos son objetivos razonables. Diseñar la transición dando por supuesta una capacidad económica que muchos hogares españoles ya no tienen, no lo es. El viejo coche de gasoil puede ser un problema medioambiental, pero también es la fotografía de una clase media que escucha hablar de prosperidad mientras descubre que cada vez puede permitirse menos cosas.