El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Hasta que haya una desgracia

«No es raro ver a los pequeños en los columpios o elementos infantiles y, poco más allá, a un vagabundo aseándose semidesnudo y completamente drogado en una fuente, o a un nutrido grupo de inmigrantes que no hacen otra cosa que observar el área de juegos»

Con la popular y recurrente expresión «hasta que haya una desgracia» suele describirse una situación continuada que, por sus características y la falta de soluciones, provocará tarde o temprano un grave percance o accidente. Dicha expresión volvió a leerse el otro día en las redes sociales cordobesas ante una información que publicaba este mismo periódico. Trataba sobre una de las constantes visitas que, desde hace años, realiza la policía al Jardín de los Poetas. En este caso por la alarma que suscitó un hombre definido por las autoridades como «alterado». Desde hace años, esas «alteraciones» se suceden una y otra vez.

Tanto en el Jardín de los Poetas como en los Jardines Elena Fortún, más conocidos como Los Teletubbies, son frecuentes los grupos de personas sin hogar e inmigrantes, que muchas veces llegan a pernoctar en el primero llevando allí sus enseres. También es normal, cuando hay agua en las fuentes, verlos asearse desnudos o en paños menores. En gran parte esto es debido a la labor de los comedores sociales de los Trinitarios, uno situado en la muralla del Marrubial y el otro en la calle Sagunto, donde además existe un centro de día. Aunque su labor social es indudablemente muy valiosa y más que necesaria, sus consecuencias indirectas e involuntarias derivan en que numerosas de estas personas pululen toda la jornada por ese barrio. También, por ejemplo, suelen pasar las horas en la Plaza del Alpargate o en la plazuela que hay en Cinco Caballeros.

Entre ellos se suelen contar un cierto número de individuos problemáticos, bien por sus trastornos psicológicos, excesos de bebida o droga, combinación de ambos factores o determinado temperamento irascible o violento. También hay, cada vez más, inmigrantes subsaharianos o magrebíes, jóvenes y de incierta procedencia. No se puede saber si son bellísimas personas o delincuentes. En los últimos años se han producidos desde reyertas con heridos hasta peleas de todo tipo, además de otros actos que antaño se definirían como escándalo público.

La degradación de estos parques y plazas no es lo más grave, tampoco las visitas de la policía día sí día también. La alarma lógica surge por la presencia de niños y familias en zonas claras de esparcimiento para ellos. No es raro ver a los pequeños en los columpios o elementos infantiles y, poco más allá, a un vagabundo aseándose semidesnudo y completamente drogado en una fuente, o a un nutrido grupo de inmigrantes que no hacen otra cosa que observar el área de juegos. Quizá sólo estén meditando, descansando y pasando el tiempo. Pero también cabe la posibilidad de que no sea así.

En el Jardín de los Poetas, la zona de arrayanes está constantemente ocupada por inmigrantes y sin techo, muchos de ellos siempre embriagados, a escasos veinte o treinta metros de los niños. No es raro que otros estén en el paseo de naranjos, justo al lado de las familias. En los Teletubbies son habituales las pandillas de inmigrantes ociosas. Pero también la de vagabundos en grados de embriaguez extremos. En los últimos tiempos incluso acampan en el césped algunas de estas personas a modo de picnic.

Con los antecedentes de delitos gravísimos que hay en España, con las disputas incluso con arma blanca que ya ha habido en el barrio de Levante, y con un número creciente de inmigrantes cuyos antecedentes desconocemos, no hace falta ser muy avispado para prever tarde o temprano una verdadera desgracia que implique a un niño o a una joven. Alguien puede decir que se achacan acciones no cometidas a personas que, en principio, no han hecho nada. Pero estamos hablando de parques, es decir, áreas llenas de niños, padres, madres y abuelas. O de adolescentes. Y por tanto, ante los datos objetivos que no podemos negar y la más elemental protección del más débil, lo que priman son los pequeños.

Sencillamente, no se puede consentir que en el Jardín de los Poetas y los Teletubbies se establezcan pandillas de inmigrantes y de sin techo, y una buena parte de ellos en estados...«alterados» o más que «alterados». Es un fenómeno creciente cuyo desenlace sabe cualquier adulto que tenga dos dedos de frente. El comedor de los trinitarios parece haberse desentendido completamente de estos asuntos en cuanto concluye su labor. Y la autoridades permiten tal situación potencialmente muy peligrosa, degradada e inquietante pese a todos los avisos que han recibido una y otra vez.

Cuando suceda lo que sucederá si no se pone ya remedio, tendremos familias rotas por el dolor y unos representantes institucionales fingiendo sorpresa. Antes de que algo así suceda quizá convendría que preguntasen por el estado de las cosas a los vecinos y comerciantes (a los vecinos y comerciantes, no a las asociaciones de vecinos y comerciantes). También a los padres y abuelos en las áreas infantiles. No debemos confundir la asistencia social, absolutamente indispensable, con las particularidades que genera en un barrio en concreto por cuestiones muy claras y comprobables. Sortear por corrección política y sostenida cobardía este asunto, sencillamente nos deja a en una angustiosa espera... «hasta que haya una desgracia».

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

tracking

Compartir

Herramientas