El obispo Fray Albino

El obispo Fray Albino

El problema de la vivienda en Córdoba

El papel de dos obispos en la primera mitad del siglo XX

La Diputación Provincial de Córdoba acaba de editar una monografía de ochenta páginas que contiene el discurso, como Académico de Número de la Academia Andaluza de Ciencia Regional, de Fernando Cruz Conde y Suárez De Tangil, bajo el título La Iglesia y el problema de la vivienda en Córdoba.
Sus primeras cuarenta páginas están dedicadas a describir la evolución histórica de este problema en el mundo occidental, desde las utopías renacentistas, las realizaciones de la Ilustración y la revolución industrial hasta la llegada del socialismo utópico, las soluciones comunistas, el catolicismo social y los círculos obreros.
La segunda parte de este discurso académico se centra en la obra realizada por dos obispos de Córdoba: Pérez Muñoz y Fray Albino, que transcurre desde 1920 a 1958 en relación con el grave problema de escasez de viviendas.
Tanto la temporalidad del discurso como su horizonte temporal son importantes para el análisis de la política de viviendas en la ciudad de Córdoba así como el papel de la Iglesia Católica en su resolución parcial, pero magnánima, de dos obispos de la Iglesia cordobesa.
El texto nos da una perspectiva episcopal de cómo ayudar a consolidar la vida familiar en condiciones de salubridad y dignidad. Tuvo en cuenta la gran pobreza, el hacinamiento y la insalubridad en que vivían muchas familias.
Hoy los enfoques tienen que atender a una juventud imposibilitada de salir del hogar familiar, el envejecimiento, la desertización de barrios tradicionales, la inestabilidad temporal matrimonial, el creciente empleo de la mujer, la inmigración y la heterogeneidad de la población y el cuidado de la infancia y de los mayores.
Como uno de los primeros pobladores entre los nuevos vecinos de la barriada de Fray Albino en el Campo de la Verdad desde septiembre de 1950 hasta marzo de 1968, he leído con detenimiento los hitos que Fray Albino tuvo que levantar hasta alcanzar el grado de urbanización y construcción en este lado del Río y del otro en Cañero.
Y he recordado las figuras de Baldomero Moreno Espino y José Pérez Barquero con quienes colaboré más tarde profesionalmente después de 1960 tras la finalización de mis estudios universitarios.
También las de cura e ingeniero Juan Font, pieza fundamental en la gestión del proyecto y desde luego con cariño a Fray Albino, quien con frecuencia a partir de 1951 entraba en mi casa por la tarde para mostrarla a ilustres visitantes y me decía : « Niño, tú sigue estudiando en tu dormitorio que yo enseñaré las dependencias de tu casa ».
1955 De pie, de izquierda a derecha: Guerrero, Luque, Arduán (Chani), Arduán (Enrique), Berenguer, Gámiz, Y pepe Rodríguez.
Agachados: Ariza, Costi, Manolín, Ordóñez, y Polo (Pedro José)

1955 De pie, de izquierda a derecha: Guerrero, Luque, Arduán (Chani), Arduán (Enrique), Berenguer, Gámiz, Y pepe Rodríguez. Agachados: Ariza, Costi, Manolín, Ordóñez, y Polo (Pedro José)JJRA

La lectura de este documento enseña muchas circunstancias y esfuerzos desconocidos y produce nostalgia comprobar que los amigos jugábamos al fútbol desde los catorce años en tierras que ya estaban en manos de la Asociación Benéfica de la Sagrada Familia frente a lo que hoy es la Plaza de Andalucía, acceso al puente de San Rafael, inaugurado en 1953, hasta cómo se fueron liquidando activos de la Asociación, tras la muerte del obispo en agosto de 1958.
Cada sábado, excepto en periodo estival, algunos supervivientes de aquella juventud nos reunimos en el patio de una de aquellas casas blancas, rodeados de dos viviendas que han crecido en altura hacia el cielo.
Los diez habíamos vivido en una de las 2,995 viviendas que Fray Albino logró construir en el Campo de la Verdad y en el Cerro.
Una amistad que traspasa los años, unidos por la labor de un obispo

Una amistad que traspasa los años, unidos por la labor de un obispo

Y yo, de joven, hasta la muerte de mi abuelo paterno en 1960 visitaba con frecuencia su casa en el barrio de Cañero. Mi padre y su padre deben mucho a Fray Albino y consecuentemente también yo.
Uno de los que formamos el grupo de los sábados, bajo el Limonero, ha sido un gran defensor de la figura de quien fue nuestro obispo, a quien debemos haber crecido en un ambiente de salud y bienestar en nuestra adolescencia y juventud, jugar en el campo de deportes San Eulogio, hacer teatro en el cine Séneca, participar en la Rondalla y aprender la virtud de la honestidad y la caridad en la parroquia.
Para mí, leer este discurso ha representado agrandar más la buena imagen que tenía del obispo, quien cada año, más de cuatro veces, pasaba por mi casa de dos plantas, levantada para los maestros de escuela, en la calle Obispo Rojas Sandoval, número 5.
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