Foto de unas oposiciones con gran concurrencia de candidatosEl Debate

Oposiciones para todos: el nuevo y cambiante perfil de los aspirantes cordobeses

Cada vez los candidatos son más mayores en procesos multitudinarios de enorme competencia

De los más de 70.000 convocados a la administración general del Estado, a los casi 30.000 que pueden inscribirse en las correspondientes de la junta de Andalucía a los varios cientos o pocos miles que igualmente lo hacen a cualquiera, bien de ayudante, bien de ordenanza de ayuntamientos de pueblos o ciudades, las oposiciones se han convertido en un reclamo que ha superado todas las expectativas. Casi cualquier puesto de trabajo en la administración pública que requiera de uno de estos procesos es, hoy día, una carrera llena de competencia y aspirantes. En muy poco tiempo, el perfil del opositor ha cambiado por completo. La precariedad del sector laboral en España, la estabilidad que ofrecen las instituciones y la necesidad de cotizar, hacen que muchas personas que no se lo hubieran planteado tiempo atrás, se afanen ahora por conseguir el ansiado puesto de funcionario o determinados de personal laboral. Esto ha desembocado en que gente de todas las edades y condiciones puedan ser estudiantes en un ambiente que podría definirse como oposiciones para todos. En realidad, el perfil del opositor, se parece bastante hoy día... a que no existe perfil definido.

José Carlos Soret es preparador de opositores tanto por libre como con su propio centro de estudios. Está especializado, como profesor, en el ámbito de la educación. «El perfil de hace unos años era el de un joven que buscaba su primer trabajo en una oposición relacionada con sus estudios, y que le prestaba una gran dedicación para prepararla bien», resalta. «Hoy día hay cada vez más gente más mayor, con otras dedicaciones, y que dedican menos tiempo al estudio de la oposición». En ese sentido, Soret destaca motivaciones como combinar el futuro puesto funcionarial con la administración del patrimonio familiar propio o que llegan a sacrificar puestos aceptablemente remunerados por la estabilidad que ofrece la Administración. «Antaño, además, chocaba que el opositor no fuese una persona joven, hoy es común que lo sea alguien de 40 ó 50 años». Todo esto desemboca en algo obvio que eleva las notas de corte al máximo, pues «no se necesita tanto personal y la competencia es muy dura».

Opositores en pleno examenEFE

La academia Ariete es una de las más conocidas de Córdoba y prepara para multitud de oposiciones. La responsable del área de información es Emilia Madueño. «Hace unos años, los opositores eran en su mayoría jóvenes recién titulados que buscaban ejercer la profesión para la que habían estudiado con la estabilidad añadida de la función pública, por ejemplo profesores o materias relacionadas con la FP», señala. «Hoy día tenemos a bastante gente por encima de los 40 años o el perfil de personas que se han dedicado a determinados oficios, como albañilería o jardinería, y aprovechan, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Córdoba convoca oposiciones de ese tipo, muchos con edades también superiores a 40 o incluso 50». Madueño añade que también ha cambiado otro aspecto, el relacionado con la correspondencia entre titulación y oposición, es decir, que independientemente de la formación que uno tenga, puede aspirar a oposiciones variopintas con el sencillo hecho de que las condiciones de admisión le permitan inscribirse en ellas. Y así, alguien con titulación superior puede terminar en una o varias que pudieran considerarse, entre comillas, inferiores. «Ante la inestabilidad del mercado laboral, muchas personas quieren cotizar sus últimos años en algo estable, aunque no tenga que ver con su titulación».

Inflexión en la crisis económica

El director de formación de JD Oposiciones Justicia, empresa especializada en oposiciones en dicho campo, Juan David Granados, observa también esa tendencia general: «Si antes de preparar a unos opositores me preguntasen qué rango de edad sería el más abundante, nunca hubiese dicho que en torno a 40 ó 50, que es ahora el pico, lo que no quita que haya gente de 18 o de más de 60», puntualiza. «Esto tiene su explicación, pues hoy día, ese perfil de 40 ó 50, quizá con niños, ve que aún le queda mucho para la jubilación y persigue la estabilidad». Curiosamente, como detalla Granados, el sector de la justicia no ha visto incrementados sin embargo a los opositores, más bien al contrario, pero por una causa de tipo burocrático. Y es que hace un tiempo, un mismo opositor, con temarios parecidos, se podía presentar a tres perfiles como tramitación, gestión y auxilio, algo que ya no se puede hacer al coincidir los exámenes el mismo día, por lo que ha perdido ese atractivo de antaño.

Aunque empresa radicada en Sevilla, Ceapro es una de las más reconocidas en Andalucía para la preparación de diversas oposiciones, entre ellas las de administrativo, contando con numerosos alumnos cordobeses mediante la enseñanza on-line, otro de los aspectos que ha cambiado radicalmente el panorama. Su fundador y director, Joaquín Rodrigo Granado, sitúa el cambio de tendencia en la crisis del 2008, cuando se pasó de un opositor joven con los estudios recién terminados a otro más mayor: «mucha gente vio que todo se podía desmoronar de la noche a la mañana aunque estuviera en una empresa solvente, por lo que aumentó el porcentaje de estudiantes por encima de 35 años». El director de Ceapro pone incluso un ejemplo extremo, el de una mujer alumna suya que tomo posesión de su plaza de administrativo con sesenta años cumplidos. En cuanto a las titulaciones, explica que siempre ha existido el recurso a optar a una oposición aparentemente menor en comparación con la titulación, como forma de «meter cabeza», a la espera de la promoción interna. Sí que ha cambiado también radicalmente la forma de enseñar y aprender. Y esto sucedió con la pandemia. Actualmente, el 90% de los 2.300 alumnos de Ceapro estudian on-line, por lo que pasaron rápidamente de tener once clases presenciales a sólo cinco. Eso les ha permitido tener muchos alumnos en otras provincias, como Córdoba, pero a su vez entran en competencia feroz con otras academias. Y dicha competencia es tan dura que esta transformación no se ha traducido, en su caso, en más alumnos. En este punto, el márketing resulta vital.

Las oposiciones como refugio

Ubaldo Cuadrado está, en estos momentos, realizando las prácticas de factor de circulación, que requieren examen propio, tras aprobar primero las oposiciones y más tarde la durísima habilitación teórica, pues este puesto de control de los trenes de ADIF se divide en tres etapas. Se presentó, a sus actuales 51, dos veces a estas oposiciones y antes otras dos a otras relacionadas con hacienda. Cuatro intentos en total. Cuadrado era periodista pero decidió marcharse a Estados Unidos, donde trabajaba para el gobierno de Illinois como profesor de español. «Cuando iba cumpliendo años, y van apareciendo los primeros signos reales de envejecimiento, como la presbicia, a lo que se sumó un problema de salud, ves que estás a la intemperie debido a un cierto nivel de precariedad», afirma. «Además, durante la pandemia, vi que mi sector se paralizaba mientras otras personas seguían cobrando, lo que fue una gran llamada de atención». Finalmente, y tras mucho esfuerzo, consiguió los resultados esperados. «No hay romanticismo alguno ni en hacienda ni en factor de circulación, en ambos casos opté por ellas debido a que eran caminos que ya habían recorrido personas cercanas, como mi hermano, que es agente de hacienda, o mi primo, que trabaja en ADIF». Cuadrado especifica algo significativo: «factor de circulación era una profesión que se pasaba de padres a hijos, y que no requería de una formación demasiado elevada, ahora en mi promoción hay periodistas, ingenieros y arquitectos». Finalmente concluye: «hay mil historias así en el mundo actual en el que vivimos, en el que gente hiper-preparada huye a la oposición como un refugio».

También con 51 años actualmente, Rafael Santiago ha optado por unas oposiciones a administrativo de la Junta de Andalucía tras 20 años concatenando contratos en un departamento de comunicación de la Administración, lo que le hizo decantarse por esos estudios al estar familiarizado con muchos conceptos del ramo. «Busco en las oposiciones una estabilidad en el empleo por un futuro laboral incierto de aquí a mi jubilación». En este sentido, Santiago se muestra práctico: «no puedo decir que sean unos estudios que me estén apasionando, me lo tomo como un objetivo que me he marcado y tengo que cumplir, si no es en esta convocatoria será en los años siguientes»

En definitiva, la oposición ha dejado de ser una meta exclusiva de la juventud para convertirse en la búsqueda intergeneracional de un oasis en medio del desierto de la precariedad. Ya no importa el título previo ni la edad, sino la preciada estabilidad que el mercado laboral privado está lejos de garantizar. El nuevo perfil del opositor es, sencillamente, el de cualquier ciudadano que decide cambiar la incertidumbre por la posible seguridad que emana de un boletín oficial. En esta carrera de fondo, el esfuerzo personal, la resistencia a la frustración y la perseverancia son las únicas armas que pueden permitirle a alguien llegar a firmar un contrato definitivo con la Administración pública.