Así se ha vivido el apagón en Madrid: transistores a pilas y mucho desconcierto
Así se han vivido los momentos más críticos del apagón: de la incertidumbre a la calma y el aire de fiesta
Las sensaciones han sido muy diferentes entre unos ciudadanos y otros
Cuando todo el país se ha ido a negro, sin semáforos, sin luz en las casas, con las persianas bajadas de la mayoría de los establecimientos y sin metro en las grandes ciudades, la gente se ha echado a las calles con incertidumbre pero cierta calma ante el momento histórico que se estaba viviendo.
Al tiempo que las ciudades, los pueblos y hasta el más recóndito rincón de España se ha paralizado, la vida ha comenzado a surgir en las calles.
Una de las imágenes que ha dejado este gran apagón ha sido la de una radio a todo volumen en la calle y decenas de personas agolpadas alrededor para tratar de informarse de algún modo. Una de estas iniciativas la ha tomado una vecina de la calle Fuencarral que al ver lo que estaba ocurriendo y el nerviosismo de los vecinos ha decidido poner la radio a todo volumen encima de una mesa: «Tenía esta radio a pilas antiquísima en casa y la he bajado para enterarnos de algo».
Con las comunicaciones cortadas, lo que parecía que podía ser un auténtico caos, ha dejado una imagen curiosa y un tanto contradictoria. Por un lado, era palpable la preocupación de la gente al no poder hablar con sus familiares y llevar horas sin tener noticias de ellos: "Tengo mucho temor porque esto no había pasado nunca en España”. Pero, al mismo tiempo -quizá por la experiencia cercana de la pandemia- mucha tranquilidad y filosofía para sobrellevar la situación.
Los bares se han mantenido abiertos como han podido, con lo que tenían disponible para servir a los clientes.
Bares abiertos, disfrute en las calles y caos en los supermercados
Así que, como el tiempo acompañaba, en las terrazas se podían ver platos fríos, refrescos y muchas cervezas.
Eso sí, nada de café ya que era imposible de preparar. Y, así, conforme iba pasando las horas en las calles de Madrid comenzaban a proliferar iniciativas vecinales: sillas en la calle como antaño para pasar la tarde junto a los vecinos, también música a través de los altavoces de los coches para amenizar la espera, o gente sentada en los bancos tomando el sol.
Frente a estos aires de fiesta en las terrazas madrileñas, dentro de los pocos supermercados que continuaban abiertos se apreciaba una imagen bien distinta, de caos. Las estanterías de agua vacías, también las baldas de pan y las de alimentos que no necesitasen demasiada preparación. Una imagen similar a la de los supermercados cuando se decretó el estado de alarma y comenzó a reinar el caos para hacer acopio por si acaso, por lo que pudiese venir.
Algo parecido ha ocurrido en el interior de los hospitales donde se han puesto a funcionar los generadores pero ahí sí con cierto temor por la duración del apagón ya que podían quedarse sin energía.
Iniciativa ciudadana para controlar el tráfico
El civismo con el que conductores y peatones se han tomado el inesperado apagón ha sido ejemplar. En las grandes carreteras y vías de Madrid donde suele reinar el caos con los claxon sonando, la imagen de este lunes ha sido bien distinta.
Calma en la mayor parte de conductores a pesar de los atascos, precaución a la hora de entrar a rotondas y cruces y peatones respetando los tiempos al no tener semáforos.
Además ha llamado la atención que de forma voluntaria y altruista un buen número de personas con chalecos amarillos se dispusiesen a tratar de dirigir el tráfico para evitar accidentes y mejorar la fluidez. Una labor de apoyo a los agentes que ha servido para mantener, todavía más, la fluidez y la calma.
Después de evacuar a los pasajeros que les ha pillado el apagón dentro de los vagones del metro, se ha procedido al cierre lo que ha provocado un colapso de los autobuses urbanos donde se veían largas colas de gente esperando para poder desplazarse.
Una de las pasajeras del metro cuenta que estaba «horrorosamente oscuro», algo que ha asegurado que era «horrible». Sin embargo, pronto han sido evacuados gracias a las «luces de emergencia».
El modo de vida, cuestionado
Los supermercados con cierto temor por la duración de las baterías de los datáfonos, que si dejasen de funcionar se iba a formar el caos al no poder cobrar con tarjeta. Las barreras y puertas de los garajes conectadas a la red eléctrica también han impedido sacar un buen número de coches, por otro lado. Las cocinas de las casas sin funcionar, tampoco las neveras ni ningún aparato electrónico.
Lo mismo ocurría en las peluquerías que han cancelado sus agendas de clientes «yo he tenido que decir a la gente que no venga porque no me funciona nada». En los restaurantes la imagen era más o menos parecida, ya que «el problema está en que no se puede cocinar», así que este lunes «sin abrir el restaurante», contaban varios camareros. A estos se añaden un largo etcétera de establecimientos que han tenido que paralizar su labor y bajar la persiana.
Un apagón que ha cuestionado el modo de vida y a muchos ha hecho replantearse lo vulnerables «que somos ante estas situaciones».