Vista de la plazuela de Santo Domingo, en la copia de 1866 de un dibujo y grabado originales de Louis Meunier
El antiguo convento de Santo Domingo el Real: vestigios del Madrid medieval desaparecido
Las crónicas y grabados nos permiten reconstruir ese Madrid de hace más de cinco siglos, cuyos cimientos aún pisamos cada día sin darnos cuenta
Muchos piensan que Madrid «no tiene mucha historia», que es una ciudad que empezó a adquirir importancia tardíamente. Carece de casco medieval, no tiene muchos monumentos de más de tres o cuatro siglos de antigüedad. Sin embargo, si consultamos planos antiguos de la ciudad, observamos que la ciudad también tuvo cierta presencia en la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna.
La pregunta es evidente: ¿Y todo eso, dónde está? Lamentablemente, aunque conservamos restos de la muralla musulmana y algunas iglesias, la mayoría ha desaparecido. Pero esto no debería impedirnos conocer la historia de nuestra capital. Las crónicas y grabados nos permiten reconstruir ese Madrid de hace más de cinco siglos, cuyos cimientos aún pisamos cada día sin darnos cuenta.
Uno de los monumentos desaparecidos más interesantes, y a la vez, más desconocidos, es el convento de Santo Domingo el Real. El primer convento femenino de la orden dominica de toda España, fundado en Madrid hace más de 800 años.
Debemos trasladarnos al siglo XIII, a Castilla: un monje burgalés llamado Domingo de Guzmán, gran teólogo e intelectual, entra en escena. Necesita un «equipo» de monjes que le ayuden a combatir la herejía, debatiendo en los estrados de las plazas.
Para ello funda la Orden de Predicadores en Toulouse, que con el paso del tiempo se convertirá en una de las órdenes más importantes del mundo, que ocho siglos después está presente en toda Europa, Hispanoamérica y en lugares tan remotos como Sudáfrica o Guinea Ecuatorial. Él será canonizado y en su honor se nombrará una nación: República Dominicana.
El primer monasterio femenino en Madrid
El mismísimo Santo Domingo, en el 1217, decide fundar su primer monasterio femenino en Madrid, muy cerca de lo que hoy es el Teatro Real. Era un enorme recinto, que hoy ocuparía el área entre la Calle Campomanes y la cuesta de Santo Domingo.
Nació inicialmente como un edificio humilde, a la espera de recibir dotes y herencias para poder ampliar el edificio. Después Alfonso X 'El Sabio' patrocina la construcción de un convento más suntuoso, que con el tiempo llegaría a tener grandes claustros, una capilla mudéjar y una destacada sillería para el coro. Su cercanía al antiguo alcázar hizo que en los siglos XV y XVI recibiera importantes donaciones y acumulara numerosas obras de arte, pues las hermanas se ganaron el afecto de la corte.
Además, al convento ingresaron algunas monjas que provenían del entorno cortesano, o incluso de origen real. Es el caso de Doña Constanza de Castilla, la nieta de Pedro I de Castilla, «El Cruel». Este rey estuvo en una continua guerra civil con su medio hermano, Enrique de Trastámara, luchando por el trono castellano. Cuando finalmente fue vencido, no pudo recibir una sepultura digna. Es por ello que años después, cuando los ánimos estaban más calmados, Doña Constanza mandó traer sus restos a su convento y ordenó erigir una escultura funeraria en su honor.
Estatua de Pedro I en el Museo Arqueológico Nacional
La propia Doña Constanza fue un personaje muy interesante, pues es una de las pocas mujeres escritoras de la Edad Media en Castilla. Se declara autora de seis libros de teología y oración dedicados a toda la comunidad dominica. Su propio sepulcro y la escultura de Pedro I son dos grandes obras representativas de la escultura gótica del siglo XV, que, por suerte, conservamos en el Museo Arqueológico Nacional.
Su demolición en 1869
Pero la desgracia llega en 1869: el convento es demolido por razones tanto urbanísticas como económicas. En un contexto cada vez más anticlerical, marcado por las desamortizaciones eclesiásticas, el convento de Santo Domingo estaba en el ojo público. Ya desde 1840, los medios llamaban la atención negativamente sobre el convento: «El solar inmenso de Santo Domingo está convertido en un lastro, afeando aquella importante parte de la población, y es urgente que se venda» (Eco del Comercio, 1841).
Y es que aunque bello por dentro, por fuera, los madrileños solo veían una desagradable tapia escondiendo un inaccesible solar en pleno centro de Madrid.
El gobierno, además, necesitaba dinero y la demolición le reportó grandes beneficios, pues el solar se dividió en parcelas y se subastó para hacer viviendas. La Academia de Nobles Artes de San Fernando protestó contra la acción, pero lo único que se consiguió fue que una comisión del Museo Arqueológico incautara antes los objetos más valiosos.
Es por ello que hoy en día podemos visitar en el mismo los sepulcros de Pedro I y Doña Constanza. Se construyó un nuevo convento para las hermanas dominicas en la Calle Claudio Coello, mucho más reducido y modesto, donde se trasladó la famosa pila bautismal. En 2024 este convento cerró por falta de vocaciones y la pila se trasladó a Nuestra Señora de Atocha.
Sepulcro de Doña Constanza en el Museo Arqueológico Nacional
La pérdida patrimonial fue enorme, como nos muestran los grabados y fotografías que conservamos del convento. Pero conocer esta pérdida no debe llevarnos al desánimo, sino a la acción.
Los crímenes contra el patrimonio histórico no son algo del pasado. Siempre tendemos a pensar que esas barbaridades solo se cometían antes, cuando había desconocimiento y falta de cultura. Y esa ignorancia sigue presente en muchos casos; pero además, estos crímenes no siempre se cometen por desconocimiento. Los motivos económicos e ideológicos nublan la racionalidad y llevan al hombre a cometer barbaridades.