Terminal 4 del aeropuerto de BarajasEstudio Lamela

La T-4 de Barajas cumple 20 años: el proyecto faraónico de Aznar que la izquierda criticó y el tiempo le dio la razón

Fue fruto de la alianza de los estudios de arquitectura de Antonio Lamela y Richard Rogers, que comenzó con una aparentemente llamada de teléfono

La Terminal 4 del aeropuerto de Barajas cumple 20 años desde su inauguración. Su construcción se remonta a 1999, cuando el expresidente del Gobierno, José María Aznar, asumió que el aeródromo madrileño estaba saturado y necesitaba una ampliación. Aquello constituyó una gran operación de Estado, que acabaría costando 6.500 millones. La izquierda lo criticó con dureza debido al elevado coste y toda la movilización que conllevó.

Y al igual que le ocurrió al exalcalde Alberto Ruiz Gallardón con el soterramiento de la M-30, el tiempo le ha dado la razón a Aznar porque es la puerta de entrada y salida de millones de viajeros a nuestro país, y es un éxito.

La T-4 fue fruto de la alianza de los estudios de arquitectura de Antonio Lamela y Richard Rogers, que comenzó con una aparentemente simple llamada de teléfono. Este enclave dotó a una España optimista y deseosa de estar en la vanguardia del mundo de una infraestructura aeroportuaria homologada con otros grandes aeropuertos, como el de Fráncfort (Alemania) o el de Ámsterdam-Schiphol (Países Bajos).

Además, es un icono arquitectónico, con una estructura diáfana de hormigón armado cubierta por un techo ondulado de doble curvatura de bambú, que recuerda a las olas o a las alas de un ave en pleno vuelo. Los años han pasado y su imagen vanguardista continúa.

La T-4 de Barajas tiene una superficie de 470.261 metros cuadrados distribuidos en seis niveles. Tiene tres edificios principales: el edificio procesador ('check-in'), el dique de embarque y el Edificio Satélite (T4S), situado a dos kilómetros y conectado por un túnel de servicios y un tren automatizado, que permite transportar hasta 13.000 pasajeros por hora.

Terminal 4 del aeropuerto de BarajasEstudio Lamela

Su sistema de tratamiento de equipajes es uno de los más avanzados del mundo y puede procesar 16.500 maletas por hora.

El diseño giró en torno a tres principios: integración del paisaje, luz natural, claridad espacial y flexibilidad. En definitiva, que el viajero comprenda el espacio y no se desoriente.

Se adaptó al entorno y a su topografía, integrando todos los elementos secundarios, como fue el caso del aparcamiento, y permitiendo que el paisaje entrara en el edificio, priorizando la luz natural a través de lucernarios.

El flujo de pasajeros, ya sea de salida o de entrada, transcurre de forma diferenciada, y el bambú del revestimiento y los colores, del amarillo al azul, además de dar calidez, permiten identificar las zonas de la terminal.

Terminal 4 del aeropuerto de BarajasEstudio Lamela

Una alianza arquitectónica

El consorcio formado por Estudio Lamela y Richard Rogers Partnership (actual RSHP), junto con las ingenierías Initec y TPS, ganó el concurso internacional convocado por AENA en 1997.

Richard Rogers y Antonio Lamela no se conocían, pero el estudio español sabía que necesitaba aliarse con alguien importante. «Llamamos a Rogers y nos contestó uno de los directores, que vino a Madrid. Fue una alianza de palabra», explica Carlos Lamela, hijo del prestigioso arquitecto.

En este sentido, subraya que «ninguno de los dos hubiera podido hacerlo solo. Fue una simbiosis extraordinaria de diez años de trabajo».

Terminal 4 del aeropuerto de BarajasEstudio Lamela

Por su parte, el presidente del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), Sigfrido Herráiz, confiesa que «Rogers aportó la magnitud y el músculo que faltaba a los estudios españoles. La sensibilidad y el acercamiento al lugar fueron de Antonio Lamela, un hombre del Renacimiento por su conocimiento del mundo y de los conceptos y problemas medioambientales de los que hablamos hoy».

Uno de los detalles más significativos de la T-4 es la cubierta ondulada y su estética colorida. Esta obra de la ingeniería civil ha recibido importantes galardones internacionales, entre ellos el Premio Stirling 2006 y el European Award que concede el prestigioso Royal Institute of British Architects (RIBA), al que perteneció Rogers, Premio Pritzker en 2007 y que había concebido con otro maestro, Renzo Piano, el Centro Pompidou.