El mecanismo de ingeniería que ha consolidado el túnel de la Línea 7B de Metro
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El mecanismo de ingeniería que ha consolidado el túnel de la Línea 7B: «Se han usado 3 piscinas olímpicas de hormigón»
La dirección de Infraestructuras de la Comunidad de Madrid ha trabajado durante tres años en los 5,7 kilómetros de trazado del suburbano
La Línea 7B de Metro de Madrid ya tiene fecha para su reapertura tras años cerrada por filtraciones de agua en el túnel e irregularidades en el terreno. A finales de noviembre los vecinos de San Fernando de Henares volverán a utilizar el suburbano. Desde el 2022, se han realizado varias intervenciones en el terreno con la inyección de más de 10.000 toneladas de mortero para reparar la infraestructura, lo que equivale a tres piscinas olímpicas.
El problema se remonta a 2007, cuando comenzaron a detectarse irregularidades en la superficie de San Fernando de Henares debido a las condiciones geológicas del terreno: suelos disolubles y dos acuíferos que favorecen la creación de cavidades subterráneas.
Una combinación que convirtió en inestable la infraestructura inaugurada apenas unos años antes y que obligó a desalojar viviendas y a suspender el servicio de Metro de Madrid en varias ocasiones.
«Desde el primer día entendimos la gravedad de la situación y por eso nos marcamos como prioridad dar una solución definitiva, no un parche. Hoy podemos decir que Metro volverá a funcionar con todas las garantías», asegura Miguel Núñez, director general de Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.
El corazón de la obra ha estado en el subsuelo. Los 5,7 kilómetros del túnel fueron fragmentados en unidades más pequeñas, conocidas como «cajones» de tres anillos. Cada cajón fue analizado y tratado de forma independiente para controlar su comportamiento y detectar posibles focos de inestabilidad.
Inyecciones en el túnel de la Línea 7B de Metro
En total, se revisaron 3.716 anillos. En cada grupo de tres se practicaron siete perforaciones que sirvieron para inyectar mortero y hormigón. El volumen de material utilizado da idea de la magnitud del esfuerzo: más de 1.600 inyecciones y alrededor de 10.000 toneladas de mezcla, lo que equivale a tres piscinas olímpicas.
«Era imprescindible tratar el túnel anillo a anillo. De ese modo hemos podido reforzar toda la infraestructura de manera integral y no solo en los puntos más dañados», explica Núñez.
Los 5,7 kilómetros del túnel fueron fragmentados en unidades más pequeñas
Estas inyecciones tenían tres objetivos: consolidar la capa intermedia del túnel, impermeabilizar los puntos de filtración y aumentar la capacidad portante del terreno.
Uno de los elementos más vigilados fueron los arcos del túnel, piezas clave en la estabilidad de la infraestructura. Estos fueron reforzados con recrecidos de hormigón armado, instalación de anclajes y sellado de juntas. Además, se aplicaron tratamientos impermeabilizantes para crear un «doble escudo» frente al agua y frente a posibles movimientos del subsuelo.
Trabajos de auscultación del terreno de la Línea 7B de Metro
El pozo, la zona más crítica
El punto más delicado de toda la operación fue el pozo de San Fernando, donde se detectaron mayores hundimientos y filtraciones. Allí, además de las inyecciones e impermeabilización, se renovó la plataforma de vía, se reforzó el terreno con técnicas de drenaje y se implementó un control intensivo de los movimientos del subsuelo.
«Era el cuello de botella de toda la operación. Resolver ese punto ha sido clave para poder garantizar la reapertura de la línea», reconoce el director general.
El punto más delicado de toda la operación fue el pozo de San Fernando
Todas las intervenciones están acompañadas de un sistema de monitorización continua, que mide desplazamientos y presiones milimétricas en los anillos del túnel. Este seguimiento comenzó en septiembre de 2022 y se prolongará hasta que los informes técnicos certifiquen la ausencia de riesgos.
Los ingenieros definen la actuación como una obra de «segunda generación» debido a que no se trataba ya de reparar daños puntuales, sino de rediseñar la relación del túnel con su entorno geológico. En otras palabras, administrar todo el volumen del túnel y no solo los puntos más dañados.
Consolidación del terreno de la Línea 7B
Inversión de 120 millones
El presupuesto inicial de la operación rondaba los 78 millones, pero se ha elevado a más de 120 millones. La desviación se debe al incremento de indemnizaciones patrimoniales y a la necesidad de introducir proyectos adicionales de seguridad y seguimiento técnico.
De esa cantidad, más de 14 millones se destinaron específicamente a trabajos de consolidación del terreno, con 1.634 perforaciones documentadas, mientras que el resto se ha repartido entre indemnizaciones, obras de superficie y actuaciones en infraestructuras públicas.
«Ha sido una inversión muy elevada, pero necesaria. Estamos hablando de la seguridad de miles de usuarios y de la tranquilidad de cientos de familias», enfatiza el director general.