Pedro, sacristán de Nuestra Señora del Buen Suceso durante 43 años

Pedro, sacristán de Nuestra Señora del Buen Suceso durante 43 añosArchidiócesis de Madrid

Pedro, sacristán de Nuestra Señora del Buen Suceso, se jubila después de 43 años: «Este es mi sitio»

Tras estar desde 1982 en una de las parroquias más vivas de la capital, Pedro afirma que «una parroquia es una vida, no es un trabajo»

Hace una semana se jubilaba Pedro, el sacristán de la parroquia Nuestra Señora del Buen Suceso de Madrid, tras 43 años de dedicación. «Una parroquia es una vida, no es un trabajo», aseguró a Archimadrid. Esta frase de Pedro define muy bien lo que significaba ser sacristán para él. Estaba siempre disponible las 24 horas «con mucho cariño» y realizaba labores de todo tipo, desde mantenimiento y preparación de las misas, hasta ser maestro de ceremonias y ocuparse de «que el sacerdote salga al altar dignamente».

«Este es mi sitio». Así lo resumía Pedro el pasado miércoles de Ceniza. Comenzó en el año 1982 y, según cuenta la Archidiócesis de Madrid, por aquel entonces hacían 300 bodas al año. «Los sábados de septiembre, entre dos y tres. Aquí se casaba gente ilustre, porque como esto es del Real Patronato (hoy en día Patrimonio Nacional)… Y poníamos una alfombra roja hasta la calle que pesaba un quintal», decía Pedro. Esta cifra destaca todavía más si tenemos en cuenta que el año pasado no llegaron a 8 casamientos.

La imagen de la parroquia y la vida de Pedro, un sacristán de los de antes

Data el año 1611, cuando la primera iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso se edificó como capilla del Hospital de Corte. «Sus cimientos se ven ahora desde la tienda de Apple», explica Pedro. Estuvieron allí hasta 1854, momento en el que se trasladaron a su emplazamiento actual. Por su parte, la imagen de la Virgen (por la que lleva el nombre esta parroquia), fue encontrada en 1606 por unos frailes camino de Roma. Fue un «buen suceso», y de ahí su nombre. La original está en la sacristía la que preside la iglesia es una copia.

Pedro, quien conoce el templo como la ‘palma de su mano’, es un sacristán de los de antes, de los que vivían en las parroquias. Un tío suyo, sacerdote en San Antonio de la Florida y al que enviaron de coadjutor al Buen Suceso cuando se inauguró el nuevo templo, fue quien trajo a Pedro a Madrid desde Setiles, Guadalajara. Pedro destaca que el Buen Suceso siempre ha sido una parroquia acogedora, de jóvenes y de barrio. «Vas por la calle y la gente te saluda. El alcalde actual venía mucho».

Las jornadas para Pedro empezaban a las 8:30 horas, hasta las 14:00, y después de 18:00 a 22:00. Solo libraba los martes, «que están dedicados a mi mujer». «Gracias a Dios me casé con una persona que supo entender mi trabajo». Pedro fue dos años después a Galicia a conocer a su familia y se casaron, «aquí, en el Buen Suceso; fue la boda del siglo, con casi 20 curas», ríe. «Mi gallega», dice Pedro cariñosamente y reconociendo haber tenido suerte con Lola.

El 9 de enero le hicieron una fiesta de despedida en el Buen Suceso. No se lo esperaba. Y como «me jubilo, pero no estoy muerto», sigue en el grupo de Liturgia. «Contad conmigo —les dijo—, que lo bonito es pertenecer siempre a la Iglesia».

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