Una de las aves utilizadas para ahuyentar las palomas en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá
Madrid
Dos águilas y un halcón protegerán la Puerta de Alcalá de las palomas que deterioran el monumento
La acumulación de excrementos de paloma, plumas, nidos y deyecciones por toda la superficie de la Puerta de Alcalá fue uno de los principales motivos de deterioro de este histórico monumento que llevó a su restauración completa en 2023.
En diciembre de ese año, una vez terminaron los trabajos -que se alargaron durante casi un año- el Ayuntamiento puso en marcha un nuevo sistema de conservación con ayuda de un halcón y dos águilas para ahuyentar a las palomas. Durante seis meses, estas aves realizaron vuelos a diferentes horas y, a partir del 1 de mayo, tras el éxito de la medida, el Ayuntamiento va a volver a hacer volar a estas aves rapaces.
«Desde ese inicio se estuvo probando cómo funcionaba la presencia de esos halcones y en estos momentos estamos en una nueva fase, en una fase de estabilización, que está funcionando muy bien», señaló ayer la vicealcaldesa y delegada de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, Inma Sanz.
Según han confirmado fuentes del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deportes a Europa Press, se trata, concretamente, de un águila de Harris (Parabuteo unicinctus), un águila de cola roja (Buteo jamaicensis) y un halcón híbrido -un cruce genético entre dos especies distintas de halcones-, que iniciarán sus patrullas con tres vuelos por semana.
El deterioro del monumento
Todos los restos que dejan las palomas en la Puerta de Alcalá generan alteraciones estéticas y daños químicos como la formación de fosfatos, acidificación y corrosión del soporte pétreo, ya que las deyecciones contienen amoniaco, ácido úrico, fosfórico, oxálico y sales, elementos muy agresivos con la piedra.
Los excrementos se convierten también en sustrato y fuente de nutrientes para otros organismos como bacterias y hongos, lugar de crecimiento de líquenes y musgos, así como insectos y microorganismos o incluso el crecimiento de raíces de plantas superiores, provocando humedad que facilita otras reacciones químicas, a las que se suma los daños físicos o mecánicos de estas raíces o del picoteo y la actividad del ave en el monumento.