Placa en recuerdo a Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República española

Placa en recuerdo a Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República españolaEl Debate

Niceto Alcalá-Zamora

Madrid homenajea con una placa al primer presidente de la II República: católico, liberal y último bastión contra la Guerra Civil

Desde este martes, en la fachada del edificio que ocupa el número 32 del Paseo del General Martínez Campos de Madrid luce una placa que recuerda a Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la II República española.

Con este reconocimiento, que ha corrido a cargo del Ayuntamiento de Madrid, se completa el trío de placas que recuerdan al político en los tres lugares que fueron clave en su vida: su pueblo natal, Priego de Córdoba; la ciudad de Buenos Aires, a donde se exilió tras el estallido de la Guerra Civil y donde murió en 1949 y, ahora, Madrid, desde donde se encargó de la jefatura del Estado de 1931 a 1936.

Placa en recuerdo a Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República española, en el Paseo del General Martínez Campos de Madrid

Placa en recuerdo a Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República española, en el Paseo del General Martínez Campos de MadridEl Debate

Una amplia comitiva de prieguenses, encabezados por Juan Ramón Valdivia, alcalde de la localidad cordobesa que vio nacer a Alcalá-Zamora, allá por 1877, se trasladaron ayer a la capital para asistir, junto a familiares del expresidente y representantes del Consistorio madrileño, al acto de presentación de la placa que, por puro azar, resultó celebrarse el día del 95 º aniversario de la proclamación de la II República.

La colocación de esta placa se enmarca dentro del Plan Memoria, una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid que comenzó a principios de los noventa para recordar a personajes ilustres que han habitado en la ciudad a lo largo de su historia. Pero, para que este homenaje a Alcalá-Zamora se hiciera realidad hizo falta un encuentro fortuito con el alcalde, José Luis Martínez-Almeida.

Asistentes al acto de inauguración de la placa en homenaje a Niceto Alcalá-Zamora

Asistentes al acto de inauguración de la placa en homenaje a Niceto Alcalá-ZamoraEl Debate

Ocurrió en enero de 2024, cuando Paulino Baena, natural de Priego de Córdoba, pero afincado en Madrid desde hace décadas, se topo con el primer edil en unos grandes almacenes y le hizo notar que el más ilustre de sus paisanos no contaba con una placa de recuerdo en Madrid. Almeida recogió el guante y comenzaron las gestiones que culminaron ayer.

Tal y como recordó el gran impulsor de este reconocimiento, Alcalá-Zamora fue, en los convulsos años treinta del siglo pasado, el «máximo exponente de la llamada 'Tercera España': una vía moderada, católica y liberal que creía en la convivencia frente a la violencia».

«De profundas convicciones religiosas, Alcalá-Zamora representaba a una derecha republicana y burguesa. Su objetivo al asumir la presidencia, en 1931, era ambicioso: consolidar un régimen democrático que no fuera rehén de los extremismos. Para él, la República debía ser una casa común, un espacio de orden y ley donde cupieran tanto el sentimiento católico como el progreso social», apuntó Baena.

Sin embargo, su búsqueda de la paz civil fue malinterpretada por unos y otros: «Para la izquierda radical, su moderación era un obstáculo para la revolución. Para la derecha tradicionalista, su lealtad a la República era una traición a los valores de la vieja España».

«La tragedia de Alcalá-Zamora fue la de quien intenta separar a dos púgiles en medio de un combate. En abril de 1936, apenas unos meses antes del estallido de la Guerra Civil, el Frente Popular forzó su destitución. Con su salida, se perdía uno de los últimos diques de contención contra el conflicto armado», agregó.

Tras la guerra, recordó, «el castigo a su postura equidistante fue total». «El régimen franquista, lejos de ver en él a un aliado conservador, le retiró la nacionalidad e incautó sus bienes, acusándolo de haber permitido el avance del 'peligro rojo'», evocó.

Así, Alcalá-Zamora terminaría muriendo en el exilio en la ciudad de Buenos Aires en 1949, compartiendo destino con tantos intelectuales que se negaron a elegir un bando en la locura fratricida.

Con esta placa, Madrid «rescata a un símbolo de la España que pudo haber sido: una nación de consenso, tolerante y democrática, silenciada por el estruendo de las armas». Y es que, según el historiador Javier Arjona García-Borreguero, experto en la figura del político y abogado, todos sus coetáneos coinciden en que fue un hombre «de conducta honrada e impecable, un católico sincero y comprometido que, a pesar de cometer errores, siempre actuó desde la certeza de estar haciendo lo mejor para el bien de España».

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