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13 de junio de 2024

Niceto Alcalá-Zamora en 1931

Niceto Alcalá-Zamora en 1931

Entrevista al historiador Javier Arjona García-Borreguero

Javier Arjona: «Alcalá-Zamora siempre actuó desde la certeza de estar haciendo lo mejor para España»

«La 'leyenda negra' sobre Niceto Alcalá-Zamora se ocupó de criticar su labor al frente de la Presidencia de la República», afirma el autor a El Debate

«La memoria parece grande por lo que muestra en recuerdos; lo es mucho más por lo que ciertamente esconde». Esta frase de Niceto Alcalá-Zamora, abogado y presidente de la Segunda República española describe con bastante acierto lo que sucedió con su vida política, pero sobre todo personal, de la que poco se ha divulgado. El ingeniero y doctor en Humanidades (Historia) Javier Arjona García-Borreguero dedicó su tesis al pensamiento político del político cordobés y acaba de publicar una biografía extensa y detallada de Niceto Alcalá-Zamora, el hombre que soñó con la república (Editorial Almuzara). Conversamos con Javier Arjona sobre ese sueño y varios aspectos éticos, morales e históricos de Alcalá-Zamora.

Javier Arjona García-Borreguero

Javier Arjona García-Borreguero

–No es algo a lo que se presente atención en muchos libros de historia, pero ¿Cómo fue la infancia de Niceto? ¿Cómo era su familia?

–Alcalá-Zamora nació en Priego de Córdoba, un precioso pueblo de la sierra subbética donde su familia, perteneciente a una modesta clase media provinciana, tenía algunas propiedades. De raíces liberales progresistas, y al mismo tiempo de tradición conservadora y católica, pronto se quedó huérfano de madre y vivió aquellos primeros años bajo la influencia de su padre y al cuidado de sus tías, su prima y su hermana. Tuvo una infancia relativamente feliz, con ciertas estrecheces económicas, muy volcada en la lectura y los estudios.

–¿Cómo entró en política?

–Cuando llegó a Madrid en el año 1897 para cursar estudios de doctorado en Derecho, tuvo la ocasión de conocer a Segismundo Moret, una de las primeras espadas del Partido Liberal y buen amigo de su padre. Tras sacar la oposición al Cuerpo de Oficiales Letrados del Consejo de Estado conoció al que sería su padrino y mentor, el conde de Romanones, quien estando al frente de la cartera de gobernación le dio el impulso definitivo al primer plano de la política nacional facilitándole su primer escaño como diputado en 1906.

Alcalá-Zamora transitó hacia el republicanismo como única solución viable para el retorno a la senda constitucional

–Usted aporta una mirada personal, además de política, de Alcalá-Zamora ¿Qué destacaría de su personalidad, de sus valores y su ética?

–Probablemente es uno de los aspectos menos conocidos del personaje, ya que la 'leyenda negra' que se construyó sobre don Niceto tras la caída de la Segunda República se ocupó exclusivamente de criticar su labor al frente de la Presidencia de la República. Todos sus coetáneos coinciden en reconocer que fue un hombre de conducta honrada e impecable, un católico sincero y comprometido que, a pesar de cometer errores, siempre actuó desde la certeza de estar haciendo lo mejor para el bien de España.

–Alcalá Zamora vivió el reinado de Alfonso XII, la dictadura de Primo de Rivera y fue protagonista indiscutible de la Segunda República española ¿Cómo fue su evolución política en esos años de cambios?

–Niceto era un hombre de ideas liberales que tenía clara la necesidad de progreso para una España entonces anclada en el modelo caduco de la Restauración. Al mismo tiempo era conservador de tradición y de raíces católicas, y un monárquico que llegó a ser dos veces ministro en los gobiernos de Manuel García Prieto en 1917 y 1922. Alcalá-Zamora transitó hacia el republicanismo como única solución viable para el retorno a la senda constitucional tras la institucionalización de una Dictadura que contaba con la bendición del Alfonso XIII.

Portada del libro

Portada del libro

–Alcalá-Zamora era republicano y católico ¿cómo vivió el radicalismo anticlerical?

–Probablemente el radicalismo anticlerical fue la cuestión más dolorosa en la vida política del personaje. Como católico militante, hombre de misa diaria y ferviente defensor de la Iglesia, sufrió en tres momentos especialmente críticos: la quema de conventos de mayo de 1931, que le hicieron ver la fragilidad de aquella República, la aprobación de los artículos 26 y 27, que le llevaron a dimitir como presidente del Gobierno Provisional, y la aprobación de la Ley de Congregaciones Religiosas, que supuso su ruptura definitiva con Azaña.

Encarnaba de alguna forma esa Tercera España, equidistante entre izquierdas y derechas

–Consiguió la enemistad de republicanos y monárquicos y usted lo define como un político de centro ¿Qué actitudes y medidas marcaron su centralismo político?

–Al encabezar un movimiento revolucionario que devolviera a España a la senda constitucional, propugnaba la puesta en marcha de una república burguesa, centrada y «de orden», construida con el aporte de todas las fuerzas políticas. El modelo no funcionó al escorarse hacia la izquierda, y la Segunda República quedó abocada al fracaso. Encarnaba de alguna forma esa Tercera España, equidistante entre izquierdas y derechas, que se pone de manifiesto entre otros momentos en enero de 1936 cuando pide a Portela crear el Partido de Centro Democrático.

–¿Cómo fue la relación entre Alcalá-Zamora y Azaña?

–Áspera e incómoda, que se remonta al momento en que se conocieron como pasantes en el despacho de abogados de Luis Díaz Cobeña. No volvieron a tener relación hasta que Maura y Alcalá-Zamora impulsaron en el verano de 1930 el Pacto de San Sebastián que daría paso a la formación del Comité Revolucionario. Azaña mantuvo al margen de las decisiones del Gobierno a Alcalá-Zamora en el primer bienio y fue quien pudo en marcha la estrategia para su destitución en abril de 1936.

–¿Cómo fue la «moción de censura» contra el presidente de la República?

–Tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, Manuel Azaña vio la oportunidad para cumplir con su anhelo de ocupar la Presidencia de la República. La estrategia orquestada por Indalecio Prieto consistió en la utilización tendenciosa del artículo 81 de la Constitución, haciendo que un Parlamento bien aleccionado votase que la última disolución de las Cortes, la que precisamente dio lugar a la victoria del Frente Popular, había sido injustificada. Esta circunstancia permitía iniciar el proceso de destitución de Alcalá-Zamora como Jefe del Estado.

Tuvo grandes aciertos y también cometió importantes errores, pero desde un amor inquebrantable por España

–Durante la Guerra Civil se exilió en Alemania, Francia y otros países, pero ¿Fue realmente un exilio voluntario?

–La familia Alcalá-Zamora estaba realizando un viaje por el norte de Europa cuando estalló la Guerra Civil. Dadas las circunstancias ya no pudieron regresar a España, y vivieron en un exilio forzoso primero en Francia y más tarde en Argentina. Don Niceto no quiso aceptar la ayuda económica ofrecida por organizaciones republicanas a los exiliados, y en España todo su patrimonio acabó expropiado. Malviviendo gracias a colaboraciones en revistas y periódicos, Niceto Alcalá-Zamora fallecería en Buenos Aires el 18 de febrero de 1949.

–La vida del hombre que soñó con la política es muy extensa ¿Con que idea debería quedarse alguien que desconociera por completo su figura?

–Lo cierto es que su figura es en general bastante desconocida, ya que lo poco que se estudia de Alcalá-Zamora se circunscribe a su etapa como presidente de la República y suele estar tamizada por un sesgo ideológico a mi juicio injusto. Niceto Alcalá-Zamora fue un hombre honesto e incorruptible de profundos valores democráticos, con una extraordinaria preparación y una enorme experiencia política forjada en los treinta años que preceden a la llegada de la República. Tuvo grandes aciertos y también cometió importantes errores, pero desde un amor inquebrantable por España, aquel hombre de provincias forjado a sí mismo siempre buscó lo mejor para su país.

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