Aspecto general de un mitin de la época.Rafael Castillejos.

Crónicas Castizas

Las termópilas estuvieron en el túnel de Políticas

Un día entró alguien que tiró unos panfletos que cogimos y leímos ansiosos, entonces eso era ilegal y su contenido más. La poesía escasa y la rebelión generosa del texto me atrajeron, eran ingredientes de mi adolescencia, de la de cualquiera entonces

Tenía 14 años y estudiaba en el instituto Cervantes donde decían que estudió Forges y enseñó Machado, el mayor de los hermanos, ese que se casó con una niña de 15 años, lo aclaro por esos adanistas que se han enterado de lo de Lorca antes de ayer. El instituto había sido de forma previa escuela de Veterinaria y en lugar de escaleras había rampas. El caso es que un día entró alguien, un extremeño, supe luego que era de Castañar de Ibor donde nos instruirían tiempo después, que tiró unos panfletos que cogimos y leímos ansiosos, entonces eso era ilegal y su contenido más.

La poesía escasa y la rebelión generosa del texto me atrajeron, eran ingredientes de mi adolescencia, de la de cualquiera entonces. Como el panfleto era clandestino no tenía dirección alguna de referencia y atraído por su contenido no encontré otra forma de ampliar ese contacto con sus autores que perseguir a quien lo había tirado en la puerta del instituto. Le cogí en una esquina de la calle Embajadores, había tomado actitud pugilística pues su perseguidor, yo, a sus ojos, era un melenudo con pinta de rojo. Aclaradas mis intenciones, me citó para el sábado por la mañana en la salida del metro de Quevedo.

Allí me esperaban dos tipos grandes de tamaño, así me pareció, que tendrían cinco años más que yo. Como supe luego uno de ellos era Paco Canadá, el único jefe de Milicias de FE auténtica, el otro Camilo. Al ver mi aspecto melenudo y mis ropajes ambos coincidieron en que yo era un troskista y con el mote de «trosko» fui conocido durante mi etapa política. Me llevaron a un local de la calle Bravo Murillo donde un individuo alto y espigado con hechuras de tabla, nos entrevistó, iba con mi amigo, Manuel Ignacio Gramage de Carcagente, y me ofreció el mando de su organización, FENS, en el instituto Cervantes. De lo que deduje que no había nadie más allí pero me equivoqué, lo había pero tendía a la invisibilidad.

Nos enseñaron a picar panfletos en clichés de cera para imprimirlos luego con una vietnamita primero y una multicopista Gestetner después, controlando el flujo de tinta para luego tirarlos a la salida de los cines de la Gran Vía, metiendo los dedos entre ellos para evitar que no se abriesen y cayeran como un mazo al suelo o sobre alguien. Los teníamos que lanzar al aire cerca de un peatón para que al caer abriéndose no se notara, al menos los policías, entonces grises, que habíamos sido nosotros los arrojadores de panfletos.

Ya formados en esas ideas del hágaselo usted mismo, tan extendidas en los grupos pequeños, clandestinos y sin ingresos, nos llevaron a los estudiantes de Enseñanza Media a tirar panfletos a la Universidad y comenzamos por la Facultad de Políticas y Sociología separada, o unida, por un túnel con Filosofía B de la Complutense. En Políticas reinaba entonces un grupo llamado Coz que dejaba como nurses derechistas a los del PCE. La Facultad estaba cuajada de carteles de grupos terroristas de izquierda como GRAPO, FRAP y de ETA. Subimos a toda velocidad, por supervivencia, las largas escaleras que identifican ese centro cuando reconocieron nuestra propaganda y qué éramos pocos y menores, perseguidos por una horda rabiosa y violenta hasta que logramos salir, mientras nos adelantaba una jabalina arrojada contra nosotros que se clavó en la pared de ladrillo, y penetramos en el túnel en franca desbandada, mientras Camilo y Canadá, cerraban el paso protegiendo nuestra retirada de la masa inicua maligna que nos lanzaba de todo, jabalinas incluidas que ya me contarán ustedes qué hacían en esa Facultad con venablos de hierro y para qué los querían.

Camilo y Canadá lograron detener a las atroces bestias repartiendo golpes que disiparon su convencimiento de creerse impunes, y asegurándose de que no invadían el túnel, soportando ambos un brutal castigo de los odiadores de lo ajeno que se evidenció posteriormente en cardenales, brechas y cortes para acabar meando sangre, todo provocado por los hostiles fanáticos de la siniestra, enemigos autoritarios de la libertad de los diferentes a la par que enmascaran su natural represivo y cruel.Y esas fueron nuestras Termópilas de juventud. Y Paco y Camilo nuestros espartanos.