Lola Sánchez con su marido, Pablo, y cinco de sus seis hijos

Lola Sánchez con su marido, Pablo, y cinco de sus seis hijosRedes sociales

Entrevista

Lola, madre de 6 hijos, 3 adoptados con discapacidad: «Dios me llamó a ser la madre de los niños que nadie quería»

Lola Sánchez ha recibido esta semana el premio de Atención Temprana Infantil en la categoría de Implicación Familiar que entrega el Gobierno de la Comunidad de Madrid

Lola Sánchez se considera una madre normal, no se siente especial. Pero, desde luego, hay pocas como ella. A sus 42 años, lleva dos décadas con su marido Pablo y juntos tienen seis hijos, tres biológicos y tres adoptados, dos con síndrome de down y una con parálisis cerebral. Lola cuenta por teléfono su historia a El Debate, después de haber recibido esta semana el premio de Atención Temprana Infantil del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso en la categoría de Implicación Familiar.

Lola empieza la entrevista con una advertencia: «No puedo a sacar a Dios de esta ecuación». Y es que, como resume muy bien su popular cuenta de Instagram -en la que suma más de 108.000 seguidores-, ella abraza el «plan B» que el Señor puso en su camino.

Lola nunca había soñado otra cosa que ser madre de una gran familia numerosa. Cuando conoció a Pablo, se casaron y nació su hija Teresa, parecía que sus sueños iban haciéndose realidad. Sin embargo, tres años después de nacer Teresa, que hoy tiene 19 años, no llegaban más hijos. Fueron al médico y recibieron un diagnóstico de esterilidad que convertía a su primogénita prácticamente en un milagro.

Ellos nunca se habían planteado la adopción, pero un buen día una persona se cruzó en el camino de Lola y le dijo una frase que iba a marcar el resto de su vida: «A ti lo que te pasa es que quieres ser la madre de hijos perfectos y a lo mejor Dios te llama a ser la madre de los niños que nadie quiere».

Esas palabras fueron una semilla en el corazón de Lola que, poco a poco, fue germinando hasta que vio claro que quería adoptar a un niño con necesidades especiales. Al poco tiempo ese deseo también brotó en el corazón de su marido y se pusieron manos a la obra.

En este punto, Lola explica a este periódico que aunque los procesos de adopción siempre son complejos, en niños con discapacidad los tiempos se acortan mucho más porque son niños que nacen poco porque los abortan o muy poca gente quiere ocuparse de ellos.

Así fue como llegó Pepe, con síndrome de down, cuando apenas contaba 4 meses de vida. «Entregamos una carta en blanco y nos entregaron a una joya. Dios nos lo regaló», cuenta con emoción al recordar el momento en el que recibieron a su segundo hijo, que ahora tiene 14 años y sabe ir solo al supermercado.

Pero Dios aún tenía más sorpresas para esta familia. Al mes y medio de llegar Pepe a sus vidas, Lola se quedó embarazada de su tercer hijo, el segundo biológico, Juan. «Juan y Pepe eran como mellizos, se llevan solo 13 meses, les llevaba en carro gemelar y estaba tan contenta», evoca.

La consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Ana Dávila, y Lola Sánchez, premiada en la primera edición de los galardones de Atención Temprana Infantil

La consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Ana Dávila, y Lola Sánchez, premiada en la primera edición de los galardones de Atención Temprana InfantilComunidad de Madrid

Pasaron un par de años sin que Lola volviera a quedarse embarazada y decidieron volver a adoptar sin saber que, una vez más, sus planes iniciales se iban a ir al traste. Y es que Lola volvió a quedarse embarazada del tercero y último de sus hijos biológicos, Roque, que tiene ahora nueve años. A los poquitos meses de nacer, volvió a quedarse embarazada de un bebé que finalmente perdió, algo que, cree, también estaba trazado en el plan de Dios.

«Yo había tenido a mis tres hijos biológicos por cesárea y otra operación tan seguida de la última hubiera sido muy peligrosa. Dios me cuidó ahí también», explica. Al tiempo, alrededor del año 2020, a Pablo volvió a picarle el gusanillo de la adopción, pero Lola, a sus 37 años, ya se veía mayor.

Dio igual, porque como ha quedado claro a lo largo de toda su historia, no era Lola la que diseñaba sus planes de vida, sino la mano de Dios, que quiso que Bubi, otra niña con síndrome de down, llegara a sus vidas. Hoy tiene cuatro años y ya es hermana mayor de Maryfri, con parálisis cerebral.

Lola revela que esta última adopción, hace apenas un año, ha sido la que más le ha costado porque su hija llegó a casa con casi tres años, ya educada por otra familia de acogida como hija única. Pero, tras un complejo periodo de adaptación, Lola, que se define como una persona muy autoexigente, ha conseguido darse una tregua y empezar a disfrutar de su última hija.

Una vida heroica de entrega a los demás a la que Lola resta importancia y asegura que lo más gratificante de tener hijos con necesidades especiales es que «ellos no tienen límites para el amor, ellos te quieren y te quieren, yo todavía no me he encontrado en el mundo con un amor así».

Interrogada sobre qué le diría a una madre que decide abortar a su hijo por venir con alguna discapacidad aclara que ella no juzga a nadie, pero revela que no entiende por qué no se les da la oportunidad de vivir. «Entiendo que tu no quieras, o no te de la gana, o te veas incapaz, pero va a haber familias que quieran ser su familia y cuidarle». Como la suya.

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