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Imagen de las Antiguas Caballerizas Reales que el rey Carlos III encargó al arquitecto Francesco Sabatini

Madrid

Las joyas arquitectónicas desaparecidas, de gran valor cultural e histórico, que albergaba Madrid

La historia de la villa también se cuenta a través de sus edificios derruidos dejando un legado visible solo en archivos fotográficos que preservan la memoria visual y documentan el pasado

El patrimonio arquitectónico de Madrid ha sufrido graves pérdidas a lo largo de los siglos debido a incendios, planes urbanísticos, falta de protección legal preventiva y especulación. La modernización urbana que prioriza nuevas infraestructuras comerciales u hoteleras también ha motivado que la que capital haya tenido que prescindir de estas edificaciones. Considerados verdaderos hitos monumentales, estas joyas emblemáticas desaparecidas hablan también de la historia de la capital y de cómo se fue transformando su fisionomía.

Santa María de la Almudena (XI-1868)

El siglo XIX fue el más desastroso para las antiguas iglesias de Madrid. La presencia de las tropas francesas y la desamortización causaron graves pérdidas en conventos y parroquias y más tarde, con la Revolución Gloriosa de 1868, otros tantos templos fueron derribados bajo el pretexto de una modernización que imponía la ordenación de calles y la creación de espacios más abiertos y plazas. De esta manera, el escritor y periodista español Mesonero Romanos (1803-1882), mencionó la posibilidad de «sacrificar» la parroquia de Santa María que, "aunque pequeña y de ningún valor es la más antigua de Madrid”.

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Fachada sur de la iglesia en 1869 durante los trabajos de demolición

El 25 de octubre de 1868 se celebró la última Misa y dos días después comenzaron las demoliciones que se prolongaron hasta el 4 de mayo del año siguiente. Esta demolición fue, sin duda, la más dolorosa de todas por ser la iglesia matriz de la villa dada su estrecha vinculación con la monarquía y la enorme trascendencia que había tenido con procesiones religiosas. El vecino convento del Santísimo Sacramento fue el encargado de albergar la imagen bonita de la Patrona y permaneció allí hasta el 30 de mayo de 1911, día que fue trasladada en solemne procesión a la cripta de la futura Catedral de Madrid y nueva sede de la parroquia de Santa María.

Las caballerizas reales del Palacio de Oriente (1789-1932)

Situadas en la parte norte del Palacio Real de Madrid y sobre un terreno de 27.000 m2 donde hoy se encuentran los Jardines de Sabatini - considerados como el oasis neoclásico y simétrico con sus setos perfectamente poblados y un gran estanque central - se encontraban las Caballerizas Reales. Este vasto edificio fue encargado por el rey Carlos III, el monarca ilustrado más destacado de España, al arquitecto Francesco Sabatini (1722-1797) sobre un terreno singular con enormes desniveles. Ambos transformaron Madrid en una capital europea moderna embelleciendo considerablemente a la capital siendo Sabatini el responsable directo de obras claves que hoy definen el paisaje de la villa (véase la Puerta de Alcalá en 1778).

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Las Caballerizas Reales a principios del siglo XX desde Plaza de EspañaMemoria de Madrid

Con dos puerta de acceso al exterior, una en la calle Bailén y otra en la cuesta de San Vicente, en el año 1847 estas caballerizas contaban con una población de 486 personas (153 jornaleros y 136 empleados que vivían con sus familias) y daba cobijo a 500 cabezas de ganado gracias a la dotación de estas caballerizas con todo lo necesario para el cuidado y mantenimiento de los animales (picaderos, fraguas, herraderos, baños para animales) así como una extensa nave con armarios en los que se ordenaban las sillas de montar, la ropa de los cocheros y lacayos, todo ello adornado con bonitos objetos antiguos de utillaje expuestos y ya en desuso. Además de las viviendas para los trabajadores había escuela para niños y una capilla dedicada a San Antonio.

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Los Jardines de Sabatini terminaron de construirse tras la Guerra Civil

El Gobierno de la II República cedió al Ayuntamiento esta inmensa construcción y en 1932 comenzaron los trabajos de demolición de este complejo edificio siendo elegido Fernando García-Mercadal (1896-1985) como arquitecto municipal para construir «un gran jardín abierto a toda la población». En recuerdo al ingeniero militar que proyectó las Caballerizas Reales, el recinto se conoce hasta hoy con el nombre de los Jardines de Sabatini.

La Plaza de Toros de Goya (1874-1934)

Este coso taurino es parte de la historia oculta de Madrid. Ubicado en el barrio de Goya, en el distrito de Salamanca, este ruedo se convirtió para la tauromaquia madrileña en bisagra pues relevó a la plaza de toros de la Puerta de Alcalá (1749-1874) y precedió a la Monumental de las Ventas (1931). Con la puesta en marcha del Ensanche de Madrid, un plan para el reordenamiento de la capital, se llevó a cabo la demolición de la plaza de toros de la Puerta de Alcalá con espacio para 12.000 espectadores, tras 125 años y más de 2.500 festejos taurinos en su recorrido de más de un siglo.

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Fachada principal de la Plaza de Toros de Goya de claro estilo neomudéjar

Los arquitectos Emilio Rodríguez y Lorenzo Álvarez firmaron el nuevo espacio taurino con un claro estilo neomudéjar. El ruedo superaba en comodidad y amplitud (13.120 localidades) al anterior. Su nombre, plaza de Toros de Goya o de la carretera de Aragón, lo recibió por el sitio en que se encontraba. Este coso de la calle Goya pese a las exitosas tardes que acogió, albergó una época trágica para el toreo con el triste desenlace del adiós a varias figuras de diestros que pasarían a la historia. La inauguración de la nueva Plaza de Toros de las Ventas, el 21 de octubre de 1934 con Belmonte, Lalanda y Cagancho, propició la demolición intencionada en 1935 de la plaza de toros de Goya, quedando obsoleta a priori convirtiéndose luego en terreno para la expansión urbanística

La Casa de la Moneda de Colón (1861-1970)

La Real Casa de la Moneda, hoy Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, experimentó su mayor industrialización bajo el reinado (1833-1868) de Isabel II, a la que Pérez Galdós denominó «la de los tristes destinos». Un reinado que ocupa uno de los períodos más complejos y convulsos del siglo XIX, caracterizado por los profundos procesos de cambio político que trajo consigo la Revolución Liberal. Sobre los actuales Jardines del Descubrimiento de la plaza de Colón se erigió este edificio levantado con ladrillo y piedra y dividido en dos pabellones gemelos, uno en cada extremo de la plaza.

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El arquitecto Francisco Jareño y Alarcón (1818-1892) es el artífice de la Antigua Casa de la Moneda

Este solar elegido para acuñar la peseta (en sustitución del escudo) se conocía con el nombre de la «Huerta de Veterinaria», ubicado junto a la entonces Puerta de Recoletos demolida en 1859 debido a su mal estado de conservación. El 13 de febrero de 1861 la reina Isabel II inauguraba esta nueva sede que dejó de funcionar al resultar insuficiente para las necesidades de producción del Estado.

El antiguo mercado de la Cebada (1875-1956)

Este mercado forma parte del conjunto de «arquitecturas perdidas» de la capital, en su época significó un punto de encuentro, un espacio de sociabilización y un centro de distribución de bienes y de rentas donde el capital se daba cita y pasaba de mano en mano. El año pasado Madrid celebró su 150º aniversario, emblema del comercio tradicional, que desde su apertura en 1875 ha sido testigo del crecimiento de la ciudad y del pulso diario de comerciantes y vecinos. «Desde mediados del siglo XIX se fueron abriendo paso las ideas higienistas y funcionalistas de urbanistas, médicos y científicos que denunciaban la insalubridad y la suciedad de los mercados al aire libre».

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El Mercado de los Monteses es una reconstrucción racionalista construido en 1875

Alfonso XII el 11 de junio de 1875 inauguró oficialmente los dos mercados de La Cebada y de los Monteses (hoy mezcla formidable de culturas y alimentos) , diseñados ambos edificios por el arquitecto municipal Mariano Calvo Pereira que simbolizaban la modernización de Madrid. El Ayuntamiento encargó una construcción de estilo «arquitectura de hierro» inspirado en el mercado Les Halles de París y así nació el centro de abastos de la Cebada, ubicado en pleno corazón del barrio de la Latina, que contaba con dos pisos conformando este gran espacio de planta irregular. Durante siglos la Plaza de la Cebada había sido más que un mercado, era el único escaparate donde mejor podía entenderse cómo vivía realmente la villa. En 1956 el antiguo edificio fue demolido y sustituido por el mercado que conocemos hoy, siendo hasta la fecha un referente para el comercio tradicional de alimentos de la capital.

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El mercado de la Cebada se convertía en el lugar de encuentro para miles de madrileños

Estos edificios nos hablan de los acontecimientos y procesos del pasado humano que dejaron una enorme huella en el urbanismo madrileño y nos recuerdan la importancia de proteger el patrimonio cultural como herencia histórica transmitida a generaciones futuras siendo vital para mantener la identidad y diversidad de los pueblos.

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