La pequeña Habana de Sol
¿De dónde surge la legitimidad de este grupo que ocupa espacios públicos, impone su ley y se erige incluso en legislador?
Imagen de la acampada en la Puerta del Sol
La acampada de Sol recrea un sistema comunista en miniatura, con todos sus componentes habituales. Analicemos lo que ocurre en este campamento y con sus acampados. Lo primero que debemos advertir es que anida allí una profunda intolerancia, un sentido muy totalitario de la realidad. Y hay violencia, aquello no es un paraíso. O sí: un paraíso comunista.
¿De dónde surge la legitimidad de este grupo que ocupa espacios públicos, impone su ley y se erige incluso en legislador? Su legitimidad y la fuerza de su intolerancia y su violencia nacen de la tribu, del colectivo, de la disolución grupal de la responsabilidad individual en el cobarde anonimato del grupo y en una marcada impunidad. ¿Se atrevería uno de esos sujetos que patearon a un policía a hacerlo él solo? No, necesitan la fuerza intimidatoria del grupo. ¿Alguien se imagina que un solo señor se dirigiera a un ciudadano a decirle que no puede pasar por una plaza? No, ¿verdad? Porque necesita la compañía intimidatoria del grupo. Con su servicio de orden incluido.
Cuando los acampados en Sol se vayan de allí, cada uno a su chalet, piso o centro okupado, nada quedará de esta acampada. Y lo que hoy les da fuerza, que es el grupo, se esfumará porque cada uno individualmente ni podrá impedir a los ciudadanos caminar por su ciudad ni podrá acosar a los que no piensan como ellos ni apalear a un policía o ultrajar a una periodista. Se habrá acabado la fiesta del adueñarse de los espacios y los derechos de todos.
Por tanto, lo que aquí se ha montado es un pequeño régimen comunista, una pequeña Habana, un microsistema totalitario que refleja muy bien lo que siempre ha hecho el comunismo, con sus normas, sus estructuras, sus castas, sus liturgias, sus monsergas, sus símbolos... Unas veces a lo grande, como la URSS, otras en pequeño, como Cuba. Y luego está esta acampada que contiene todos los elementos de un sistema comunista en miniatura:
- La suspensión de la libertad: unos señores deciden que los demás no pueden pasar por una plaza pública, porque les da la gana. Restringen la libertad de movimiento de la gente.
- El desprecio al individuo: aquí lo que impera es el grupo, el colectivo, y ninguno de los presentes se atrevería a hacer solo lo que se permite en grupo. Y todos deben someterse al dictado de los gerifaltes de turno.
- La vivienda como excusa. La planificación y construcción de la tensión colectiva coincide en este caso con una base muy real de malestar social, a causa de la carestía de la vivienda. Da igual que el comunismo lleve 8 años en el gobierno sin hacer nada por solucionar el problema. La verdad aquí es irrelevante, lo que interesa es la espoleta que permita detonar la revuelta. La vivienda y el caso de Mari Carmen.
- La primacía de la propaganda y la manipulación sobre la verdad: la colección de consignas, lemas, cánticos, pancartas, relatos… es una colección de mentiras. Todos los mensajes son rebatibles racionalmente con datos, pero ¿cómo hacerlo entre gritos? ¿Cómo debatir sobre una consigna cerrada y convertida en imperativo categórico?
- La imposición de la narrativa irracional sobre el razonamiento ordenado. Aquí mandan las pasiones sobre los argumentos. Y dentro de esas pasiones las habrá buenas, pero también hay mucho odio. «Madrid será la tumba del rentismo». Demonizar a una familia española que después de toda una vida de trabajo tiene una segunda vivienda que pone en alquiler es injusto, pero el objetivo es inculcar el odio de clase. «Menos rentistas y más inquilinas». Dividir y enfrentar a la sociedad, una vieja dialéctica comunista.
- La simbología juega un papel muy importante en estos sistemas, y aquí no falta. Iconos, signos, cantautores, rituales… la liturgia colectivista en su máximo esplendor. Una fantasía marxista en miniatura con apropiación del espacio público incluida.
- La prevalencia de la fuerza para mantener el sistema. Si uno trata de pasar por la plaza, se lo impedirán por la fuerza. Si alguien hace una pancarta que no coincida con los dictados del politburó, será retirada a la fuerza. Si hay algo que gusta a los comunistas es prohibir cosas. Por eso, si tú vas por allí, te prohibirán pasar. Si eres un periodista que no les gusta, te impedirán emitir.
- El nacimiento de una casta dominante que se erige en gran timonel de todos los presentes. Las luchas de poder, tan propias de los comunistas, conllevan disputas por el mando y las purgas de los desafectos.
- Y finalmente, la incoherencia e hipocresía habitual de la extrema izquierda. Están en contra de la privatización de lo público, pero ellos se han privatizado una plaza pública. Hablan de democracia, pero a ellos nadie les ha elegido y desprecian a representantes políticos que sí han sido votados por el pueblo. Y hablan en nombre de ese pueblo, que en modo alguno les ha autorizado a hacerlo. Se dicen antifascistas, pero sus comportamientos se parecen mucho a los del fascismo, hablan de paz, pero legitiman la violencia. Todos y cada uno de los acampados rechazan la herencia, pero si heredaran alguna, por supuesto, se la quedarían. Por no hablar de quienes tanto criticaron a los ricos y ahora viven en mansiones.
En definitiva, detrás de esta acampada hay demasiados intereses ideológicos, políticos, globales. Algún día servirá para que algunos escriban un libro, otros se construyan un liderazgo de algún partido comunista remasterizado, y otros se compren una mansión y le cuenten a sus nietos lo revolucionarios que fueron aquellos días al calor de la chimenea.
- David Pérez es concejal de Ayuntamiento de Madrid