Cada primer y segundo sábado de julio desde hace 27 años, el pueblo se llena de luces en su mítica Noche de las Velas, una cita que no se pierden sus habitantes, pero que, además, se ha convertido en un reclamo turístico. Balcones, ventanas, calles... Cualquier lugar es bueno para prender una vela y que un sobrecogedora atmósfera inunde cada rincón del pueblo.