Fuerte de Bahla, uno de los más antiguos y grandes de Omán.
Omán, el destino de Oriente Medio que ha conquistado al Consejo Mundial de Viajes y Turismo
El organismo internacional ha señalado a este país como el destino turístico con un crecimiento más rápido en Oriente Medio
A caballo entre el desierto y el mar, el córner de la Península Arábiga alberga un hospitalario país que ofrece una combinación sorprendente de paisajes naturales, fortalezas centenarias y turismo de aventura Porque mientras los focos turísticos se centran en el brillo de Dubái o el aperturismo de Arabia Saudí, en la costa oriental de la Península Arábiga hay un destino que avanza en silencio, como una joya por descubrir.
Omán ofrece un viaje a lo más esencial de Oriente Medio, alejado de los megaproyectos y los rascacielos imposibles
Con uno de los entornos más diversos de esta zona, y con numerosas atracciones turísticas tanto para los más activos como para los que desean calma y bienestar, Omán ofrece un viaje a lo más esencial de Oriente Medio, alejado de los megaproyectos y los rascacielos imposibles. El viajero encontrará aquí paisajes desérticos de belleza casi bíblica, oasis de aguas color turquesa escondidos entre montañas, pueblos donde la vida aún transcurre al ritmo del incienso y fortalezas que narran siglos de historia. Todo, además, con la ventaja de ser uno de los países más seguros y acogedores del mundo árabe.
La capital
Gran Mezquita del Sultán Qabus, icono de Mascate, la capital de Omán.
La capital de Omán, Mascate, ya da pistas de lo que está por venir. Moderna, pero serena, combina la arquitectura tradicional con avenidas limpias, mercados auténticos y una impresionante cornisa marítima. La Gran Mezquita del Sultán Qabus es el gran icono arquitectónico del país: su alfombra tejida a mano y su lámpara de cristal de Swarovski impresionan tanto como la sensación de espiritualidad tranquila que se respira en su interior, al que hay que acceder con vestimenta respetuosa. También en la capital, el zoco de Mutrah, con su mezcla de perfumes, especias y artesanía, es visita imprescindible para tomar contacto con el alma omaní.
Los cañones
Cráter natural Bimmah Sinkhole.
Pero en Omán el verdadero viaje empieza cuando se deja atrás la ciudad y se adentra uno en el corazón del país. Porque Omán es naturaleza en estado puro. Los wadis (cañones con ríos y pozas cristalinas) son uno de sus grandes tesoros. El Wadi Shab, al que se llega tras una caminata entre palmerales y gargantas, permite nadar en aguas esmeralda hasta una cueva oculta tras una grieta en la roca. Aquí está el Bimmah Sinkhole, un cráter natural lleno de agua habilitado con escaleras para darse un buen baño refrescante. El Wadi Bani Khalid, por su parte, es un remanso más accesible, ideal para pasar el día entre piscinas naturales y palmeras.
El desierto
Alojamientos en el desierto de Wahiba Sands.
Y luego está el desierto. El de Wahiba Sands, con sus dunas anaranjadas que se extienden hasta donde alcanza la vista, es uno de los más fotogénicos del mundo. Dormir en un campamento beduino bajo un cielo estrellado, compartir un café omaní con cardamomo junto al fuego y contemplar el amanecer desde lo alto de una duna es una experiencia que marca. A diferencia de otros desiertos más turísticos, aquí la soledad es real, y el silencio, profundo.
Las fortalezas
Fortaleza de Nizwa.
Omán también es tierra de fortalezas. La de Nizwa, con su enorme torre circular, es una de las más imponentes y mejor conservadas del país. Su zoco tradicional sigue siendo uno de los más auténticos del mundo árabe, donde se venden desde dagas curvas (khanjars) hasta dátiles de decenas de variedades. No muy lejos, el fuerte de Bahla, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, parece sacado de un cuento de Las mil y una noches. Rodeado por una muralla de 12 kilómetros y con numerosas torres y puertas, es uno de los fuertes más antiguos del país, con partes que datan de la época preislámica.
El fuerte de Bahla, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, parece sacado de un cuento de «Las mil y una noches»
Wadi Ghul, el Gran Cañón de Omán y de Arabia..
En las montañas de Al Hajar, al norte, el paisaje cambia. El macizo de Jebel Akhdar, conocido como la Montaña Verde, sorprende con terrazas de cultivo, pueblos de adobe colgados en riscos y un microclima que permite ver rosales, granados y melocotoneros en flor. Desde allí, las vistas del Wadi Ghul, conocido como El Gran Cañón de Omán o El Gran Cañón de Arabia, con unos mil metros de profundidad (uno de los cañones más profundos del mundo), son de las que cortan la respiración. Un fantástico lugar para senderismo, con rutas como la Balcony Walk, la fotografía y el turismo de altura (literal y figurado).
Y las tortugas
Una enorme tortuga verde regresa al océano tras desovar en Ras Al Jinz.
Otro lugar especial de Omán es la Reserva Natural de Ras Al Jinz, uno de los sitios de anidación más importantes del mundo para las tortugas verdes marinas. Se encuentra en la costa oriental del país y lo mejor es que los visitantes pueden observar, acompañados de guías al amanecer o al anochecer, el desove de las tortugas y el nacimiento de las crías. Sin duda, una experiencia para recordar.
En la reserva de Ras Al Jinz los visitantes pueden observar, acompañados de guías al amanecer o al anochecer, el desove de las tortugas y el nacimiento de las crías
Y finalmente, pero no menos importante, una de las mayores sorpresas para el viajero en este rincón de Oriente Medio es la hospitalidad omaní. A diferencia de otros destinos donde el turismo ha erosionado la espontaneidad local, aquí la amabilidad es genuina. Es habitual ser invitado a un té o a un plato de arroz con cordero sin esperar nada a cambio. Además, Omán se distingue por ser un país profundamente islámico pero tolerante, limpio y ordenado, donde el visitante se siente respetado y bien recibido.