El exclusivo Palazzo Fiuggi a vista de dron.
El rincón secreto de Italia cuyas aguas ‘milagrosas’ curaron a Miguel Ángel y ahora atrae a ‘celebrities’
A una hora de Roma, la histórica villa termal del Lacio vuelve a estar de moda entre las élites y se cuela en el Olimpo del turismo de salud y longevidad
Pocos pueblos en el mundo, tal vez solo uno, pueden poner en un mismo párrafo los nombres de Bonifacio VIII, Miguel Ángel, Pablo Picasso, Guillermo Marconi, Jeff Bezos y Oprah Winfrey. En Fiuggi los une un hilo líquido y transparente, el agua. Esta localidad rural del Lacio, a algo más de una hora de Roma, en las colinas de los Apeninos, entre bosques y manantiales, tuvo durante mucho tiempo otro nombre, Anticoli di Campagna, y también dos caras muy claras que a día de hoy conserva: un casco viejo en lo alto y una zona termal más baja que creció alrededor de parques, paseos y fuentes.
Pocos pueblos en el mundo pueden poner en un mismo párrafo los nombres de Miguel Ángel, Pablo Picasso, Guillermo Marconi, Jeff Bezos y Oprah Winfrey
Su fama comenzó con Bonifacio VIII, natural de esta región que durante siglos perteneció a los Estados Vaticanos. El Papa contribuyó a fijar en la Edad Media el prestigio de unas aguas con propiedades medicinales, especialmente diuréticas, que, según la tradición, ya se conocían desde el Imperio Romano. Con el tiempo, esa relación con Roma se volvió literal. Hay miles de registros pontificios de pagos y envíos de agua a la capital y al Vaticano.
«Las piedras que no podía amar»
Fuente del Agua de la Vida en el Palacio Fiuggi.
No es solo que los Papas fueran a Fiuggi. A veces, Fiuggi iba al Vaticano, en botellas. Mucho después, por consejo papal, Miguel Ángel probó el líquido elemento para disolver sus cálculos renales y le permitió seguir trabajando cuando ya era arquitecto jefe de la Basílica de San Pedro. Aquejado de fuertes dolores que las aguas sanaron, se dice que el autor de la Capilla Sixtina bromeaba con la idea de que eran «las únicas piedras que no podía amar».
Por consejo papal, Miguel Ángel probó el líquido elemento para disolver sus cálculos renales y poder seguir trabajando
La gran fuente de Fiuggi lleva el nombre de Bonifacio VIII, el Papa al que tanto debe la localidad y el mismo pontífice que instauró el primer Jubileo, el de 1300, y con él atrajo a tantos peregrinos a Roma. Fiuggi, a su manera, también ha tenido su particular peregrinaje de salud, con altibajos, épocas de esplendor y épocas de sombra, en gran parte centrado solo en el turismo local. Y ahora parece volver a una nueva edad de oro, impulsada por la vuelta a la vida de su gran dama hotelera, el antiguo Grand Hotel Palazzo della Fonte, hoy Palazzo Fiuggi, que ha devuelto al pueblo su antiguo pulso cosmopolita y lo ha colocado de nuevo en el mapa de las élites internacionales que viajan no solo por placer, sino por salud, método y longevidad.
Descanso y vida social
Piscina del Palazzo Fiuggi
El origen del hotel se remonta a principios del siglo XX, cuando Europa convirtió el termalismo en un mundo social, con códigos, glamour y largas estancias de temporada. Fue concretamente en 1913 cuando se levantó este gran palazzo como un hotel de estilo art nouveau pensado para ser dirección elegante de temporada. En 1914 llegó la familia real italiana y el hotel quedó colocado en esa Italia que mezclaba descanso, protocolo y vida social. Vittorio Emanuele III firmó allí un acto ligado a la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial.
En 1936 el hotel instaló una piscina exterior pionera en Italia y de las primeras de Europa. Picasso y Marconi se bañaron en ella
En los años 30 llegó su gran momento. En 1936 se instaló una piscina exterior pionera en Italia y de las primeras de Europa por tamaño que hoy sigue luciendo espléndida junto a esos árboles centenarios, incluidas algunas secuoyas, que dan tanto carácter y prestancia al jardín. Esa piscina forma parte del mito y de la memoria del lugar. Picasso y Marconi se bañaron en ella.
Millones para una nueva vida
Fachada y jardines del hotel
Después llegó la decadencia, como ha pasado en otros casos. Cambios de época, pérdida de centralidad del termalismo clásico, desgaste, caída de brillo y de poder de atracción de los happy few. El edificio atravesó etapas irregulares y un largo paréntesis que terminó en su cierre, hasta que recientemente encontró una nueva vida respaldado por una cuantiosa inyección de millones, nueva propiedad, nuevo nombre, reforma y cambio de concepto como lo que hoy se conoce medi-spa de lujo.
Zona de bienestar
La clave es esta. Se conserva el vínculo con las aguas sanadoras y el aspecto palaciego y, por dentro, aparece una capa contemporánea. Palazzo Fiuggi ha renacido como uno de esos retiros médicos wellness de vanguardia que hoy marcan tendencia en el turismo de lujo. La tradición termal sigue presente en piscinas y circuitos de hidroterapia, pero ahora se combina con medicina preventiva, tecnología y programas enfocados a la longevidad.
Hospitalidad y alimentación
Cascada exterior con aguas puras
Uno de sus sellos es el Movement Lab, un laboratorio donde se analiza el movimiento y se diseñan rutinas personalizadas. Ese enfoque le ha permitido entrar en una liga muy concreta y exclusiva, la de los lugares donde se mezclan medicina, hospitalidad de alto nivel y una alimentación cuidada al milímetro, en el ecosistema en el que están nombres como Chenot, La Prairie o Buchinger, que precisamente viven picos de ocupación en enero, cuando tantos clientes quieren dejar atrás los excesos de las fiestas y encaran sus propósitos de Año Nuevo.
Gastronomía Michelin
Plato de salmón de Heinz Beck, chef con tres estrellas Michelin
La gastronomía es otro de sus grandes atractivos y tiene un nombre. Han contado con un peso pesado, Heinz Beck, tres estrellas Michelin en La Pergola de Roma. Pero el afamado chef no se limita a prestar su nombre. Supervisa menús, trabaja con el equipo médico y es frecuente verlo en sala, en un comedor old school, con un punto decadente pero elegante, de esos que llenan la escena sin necesidad de levantar la voz. Y ahí aparece la mezcla curiosa. Manteles de hilo, cubertería de plata, platos que podrían estar en elBulli, pero con otra capa, la de una alta cocina que, además de placer y técnica, está pensada para sentar bien, cuidar el cuerpo y, sí, también la microbiota y hasta los telómeros.
Efecto internacional
Royal Suite del Palazzo Fiuggi
La parte «celebrity» ha ayudado, claro. La recomendación pública de Oprah Winfrey selló reputación y amplificó el efecto internacional. La célebre comunicadora, tras pasar allí unos días con unas amigas, compartió en Facebook una foto suya con un grupo de amigas bebiendo el agua de Fiuggi en las instalaciones del hotel y ese mismo día, según fuentes cercanas al establecimiento, de tan solo un centenar de habitaciones y suites, se recibieron 500 peticiones de reservas desde Estados Unidos.
El mismo día que Oprah Winfrey compartió una foto bebiendo agua de Fiuggi se recibieron 500 peticiones de reserva desde Estados Unidos
Más recientemente, aunque no han trascendido nombres, se sabe que algunos de los invitados a la boda de Jeff Bezos el pasado verano en Venecia aprovecharon su presencia en Italia para acercarse a Fiuggi. Lo hicieron en helicópteros y aviones privados. Nada que ver con la forma en la que llegaron allí los Papas medievales o Miguel Ángel. El agua sigue siendo la misma.