Elefante cerca de los kayaks en el safari fluvial por el río Zambeze
Aventura extrema en el Zambeze, el río de África que forjó la leyenda de Livingstone y las cataratas Victoria
Elefantes, grandes cocodrilos y los imprevisibles hipopótamos acompañan y 'amenazan' la expedición de este safari fluvial de tres días y tres noches por uno de los ríos más legendarios de África
Con casi 2.600 kilómetros de longitud y atravesando seis países, el río Zambeze es uno de los grandes ríos de África y una auténtica columna vertebral humana, económica y paisajística. Su importancia va mucho más allá de su imagen icónica asociada a las cataratas Victoria. Viajamos hasta el Lower Zambezi National Park para recorrer durante tres días esta arteria fluvial en su marcha hacia el Índico mozambiqueño.
Este itinerario ya lo emprendió en el siglo XIX David Livingstone, tras llegar en 1855 a las cataratas conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya, «el humo que truena»
Un itinerario que ya emprendió en el siglo XIX David Livingstone, tras llegar en 1855 a las cataratas conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya, «el humo que truena», y rebautizarlas en honor a la reina Victoria. Durante más de una década, Livingstone recorrió el río por tramos, lo remontó parcialmente y lo descendió en varias ocasiones, combinando navegación y marchas terrestres.
Experiencia épica
Familia de hipopótamos del Zambeze
La ruta de este viaje es solo una pequeña parte de aquella aventura épica con la que Livingstone intentó convertir su curso en una vía de acceso al interior africano para el comercio y la acción misionera. Entre 1851 y 1864 lo cartografió para Europa y defendió su potencial como corredor fluvial estable, un proyecto que terminó fracasando ante la realidad del río: rápidos, gargantas, cataratas, fuertes variaciones de caudal y una geografía difícilmente domesticable. El Zambeze, tanto entonces como ahora, sigue marcando el ritmo a su antojo.
Elefantes en la orilla durante su baño de barro protector
Ese proceso quedó reflejado en su libro Missionary Travels and Researches in South Africa, donde documentó desde su encuentro con las cataratas Victoria hasta sus relaciones con las poblaciones locales y la descripción del entorno. El impacto de ese relato contribuyó a despertar el interés económico y político británico por la región, que décadas más tarde se materializó con la llegada del megalómano empresario Cecil Rhodes y la expansión de la British South Africa Company, dando inicio al proceso colonial que culminaría con la creación de la Rodesia del Norte. En 1964 fue uno de los primeros países africanos en obtener su independencia de forma pacífica y del río que nos ocupa sacaron el nombre del nuevo país: Zambia.
Buscar los límites
El safari en kayak es una aventura inolvidable
En este viaje no se busca evocar a Livingstone, sino adaptarse y, con paciencia y aguante, descubrir un territorio cargado de memoria, pero también de obstáculos, porque es el río quien decide los límites.
El Breezes River Lodge es uno de los embarcaderos desde donde salir en expedición río arriba. Se trata de un sencillo pero muy acogedor y agradable hotel, con opción a acampada y una siempre de agradecer piscina. La logística de Ankawa Safari implica dormir en acampada y zarpar muy temprano, ya que el sol y el calor se van intensificando a medida que avanza el día.
Canoas entre cocodrilos
Acampada en las orillas del río
En kayaks de dos en dos, con un guía de avanzadilla que va indicando la ruta a seguir y otro cerrando la comitiva, comienza el safari fluvial. El Zambeze es un río estacional y en permanente cambio. Sube o baja según las lluvias, que inundan más o menos las riberas, y sus sedimentos se mueven, por lo que aparecen o desaparecen las islas de arena, modificando también sus canales y generando un auténtico mosaico de ecosistemas superpuestos.
Hay que estar muy pendiente de los guías que van liderando las canoas entre cocodrilos, con un promedio de uno cada 20 metros
Avanzando río arriba se va articulando un paisaje de canales, playas fluviales, bosques de ribera y horizontes montañosos que no dejan indiferente al remero. Sin embargo, el peligro es constante. El viento en contra, fuerte y muy caliente, resulta agotador; las olas complican cada maniobra, hay que esquivar los troncos que flotan a su libre albedrío y, con todo, hay que estar muy pendiente de los guías que van liderando las canoas entre cocodrilos, con un promedio de uno cada 20 metros, y los siempre violentos e imprevisibles hipopótamos.
África profunda
Ave solitaria en la ribera del Zambeze
A lo largo de las riberas, tanto en el lado de Zambia como en el de Zimbabue, y a pesar de estar fuera de las rutas convencionales, se ven interesantes resorts y lodges, aislados del mundo, pero rodeados del África más profunda y sin grandes núcleos urbanos. De ahí que la diversidad de flora y fauna sea inagotable.
La noche se cierra cuando cantan las ranas para dar entrada al cielo estrellado, mientras las historias se amontonan alrededor de una hoguera
Es en alguna de estas islas del archipiélago efímero y en permanente movimiento que ofrece el cauce donde la aventura descansa, ya sea para reponer fuerzas o para hacer la acampada nocturna. El sol se despide entre un paisaje dispar: juncos, arena blanca y, tras el agua ya calma, el bosque tropical. La noche se cierra cuando cantan las ranas para dar entrada al cielo estrellado, mientras las historias se amontonan alrededor de una hoguera. El bramido de los hipopótamos será la orquesta que suene en bucle hasta el amanecer, cuando la avifauna despierta para suavizar el ambiente.
Un baño arriesgado
Atardecer en una de las playas del Zambeze
Bañarse en el Zambeze es arriesgado, pero el calor, a veces insoportable, y la ausencia de agua fría para beber son motivación suficiente para aceptar el reto. Con precaución extrema, la aventura continúa a remojo, sentada en la orilla. Al otro lado del río, los elefantes hacen lo propio, refrescando su rugosa piel, ajenos a los millones de sanguijuelas en busca de huésped.
Bañarse en el Zambeze es arriesgado, pero el calor, a veces insoportable, y la ausencia de agua fría para beber son motivación suficiente para aceptar el reto
Tres días más remontando el Zambeze se hacen cortos a pesar de las duras condiciones de la estación seca. Sin embargo, es la mejor época para navegar viendo elefantes, antílopes de agua, búfalos o facocheros que se acercan a las orillas para beber. Tres días remando al ritmo del oleaje, con una banda sonora compuesta por chicharras, aves y el golpe de los remos al chocar contra el agua. Los bramidos del hipo rompen de vez en cuando la armonía de la navegación, que solo se detiene cuando aparece el cocodrilo tomando el sol en alguna playa o se aproxima una manada de elefantes. Los bosques de mopane, las acacias e higueras de ribera también ocultan leones, leopardos y más de 400 especies de aves. La mínima presencia humana hace que el Lower Zambezi conserve una naturaleza intacta.
Tres días extremos en todos los sentidos, incluso por la paz más íntima. Uno de los últimos grandes refugios fluviales del continente y de los más ricos del África austral.