Pingüinos papúa en un iceberg de la Península AntárticaGetty Images

El 'último baile' de la Antártida: viaje al continente blanco cuando todos se van

Los meses de febrero y marzo marcan el final del verano austral y es el mejor momento para avistar ballenas y adentrarse en uno de los territorios más indómitos del planeta

Hubo un tiempo en que la Antártida no era un destino, sino un desafío a la supervivencia. Hoy, bajo el rigor de protocolos modernos, el continente blanco sigue exigiendo respeto, especialmente cuando el verano austral encara su ocaso. Aunque noviembre, diciembre y enero son tradicionalmente los meses más populares para viajar a la Antártida, febrero y marzo también presentan ventajas claras para los viajeros.

En febrero y marzo hay un mayor avistamiento de ballenas, menos personas y, en muchos casos, mejores precios

Si en diciembre la Antártida es un lienzo blanco e inmaculado, en febrero el paisaje revela su verdadera estructura ósea. La retirada del hielo marino a su mínima extensión anual no es solo un dato estadístico, es una ventaja operativa: permite a los buques de casco reforzado maniobrar donde meses antes era imposible.

Territorio de leyendas

Crucero en la AntártidaGetty Images/iStockphoto

Es ahora cuando se lanza el ataque al Círculo Polar Antártico. Cruzar el paralelo 66º Sur sigue siendo un hito reservado para pocos. Al sur de esa línea imaginaria, la atmósfera cambia; los icebergs tabulares, monolitos de hielo de kilómetros de extensión, se yerguen como fortificaciones naturales. Es el territorio donde se forjaron las leyendas de Shackleton, Cook, Bellingshausen y Wilkes, y donde el viajero de hoy siente, más que en ningún otro lugar, la sensación de estar en un territorio indómito.

Hora de navegar y explorar

Viajeros en zodiac frente a una colonia de pingüinos papúa sobre un icebergGetty Images/Andrew Peacock

La temporada turística en la Antártida se concentra entre noviembre y marzo, cuando el retroceso parcial del hielo marino permite la navegación y las expediciones. Noviembre marca el inicio de la temporada, con paisajes intactos y grandes formaciones de hielo; diciembre y enero corresponden al pico del verano, con más horas de luz y una intensa actividad de pingüinos, y febrero y marzo destacan por un mayor avistamiento de ballenas, menos personas y, en muchos casos, mejores precios.

Azul y blanco, los colores del verano austral en la AntártidaGetty Images/Erich Schultz

Desde Antarctica Cruises, expertos en la logística de este desierto helado, señalan que la temporada más inteligente para viajar al continente blanco depende en gran medida de los intereses personales de los viajeros. En febrero sigue habiendo condiciones meteorológicas favorables y marca el inicio de una disminución gradual del número de visitantes tras la temporada alta de diciembre y enero. Aunque las horas de luz comienzan a reducirse, las temperaturas siguen siendo relativamente suaves para los estándares polares. En la Base Esperanza, por ejemplo, febrero registra una temperatura media mensual de 0,7 °C y máximas diarias cercanas a los 3,7 °C.

Iceberg erosionado en la bahía Antártica de WilheminaGetty Images/Ray Hems

En marzo, la duración de las horas de luz disminuye más rápidamente (hasta 15 minutos por día a medida que avanza el mes) y las temperaturas comienzan a descender a medida que se aproxima el invierno austral. La temperatura media en la Base Esperanza ronda los -2,3 °C. Al mismo tiempo, el hielo marino alcanza su mínima extensión anual, lo que facilita la navegación hacia latitudes más al sur y ofrece paisajes especialmente fotogénicos, con icebergs adornados por la luz del final del verano.

Menos tráfico y mejores precios

Solitario pingüino barbijo mirando al marGetty Images/Bruce Wilson

El final del verano austral presenta asimismo vías marítimas menos transitadas, una sensación de mayor aislamiento y una experiencia más íntima del entorno antártico. Además, marzo suele ser uno de los meses más económicos para viajar a la Antártida.

Para los viajeros interesados en el avistamiento de ballenas, la fotografía y las expediciones a un precio más accesible, el final del verano austral es un momento especialmente atractivo

«Aunque los primeros meses del verano austral en la Antártida concentran una mayor afluencia turística, gracias a las largas horas de sol de medianoche y a la posibilidad de observación de polluelos de pingüino, para los viajeros interesados en el avistamiento de ballenas, fotografía y expediciones prémium a un precio más accesible, el final del verano austral, durante febrero y marzo, es un momento especialmente atractivo», dice Jeremy Clubb, fundador y director de Antarctica Cruises.

Avistamiento de cetáceos

Ballena Minke en aguas de la AntártidaGetty Images

Aunque hacia el final de la temporada disminuye ligeramente la presencia de algunas aves marinas, febrero y marzo coinciden con el pico de avistamiento de ballenas en la Antártida. Durante estos meses, especies como las ballenas jorobadas, las ballenas de aleta, las Minke y hasta las azules se concentran en la región para alimentarse del krill antártico antes de iniciar su migración hacia las aguas más cálidas del norte para reproducirse.

Después de meses alimentándose, las ballenas tienen una mayor actividad en la superficie: saltan, golpean el agua con las aletas y sacuden la cola

Después de meses alimentándose, sus niveles de energía les animan a tener una mayor actividad en la superficie: saltan, golpean el agua con las aletas y sacuden la cola. Además, se vuelven más sociables y curiosas con las embarcaciones tipo zodiac, lo que da la oportunidad a los fotógrafos de captar instantáneas espectaculares y tener increíbles encuentros cara a cara.

Dos orcas oteando posibles presas en el hieloGetty Images/Vladimir Seliverstov

A medida que avanza el verano y hay menos hielo marino en el que las focas pueden esconderse, también se puede ver a las orcas practicando el wave-washing, una sofisticada técnica de caza en grupo en la que crean una ola sincronizada para arrastrar a las focas fuera del témpano de hielo.

Cruzar el Círculo Polar Antártico

Paisaje de la Antártida, el continente blancoGetty Images/iStockphoto

Para el viajero que busca la esencia de la exploración, en este último baile de la temporada se puede disfrutar de una Antártida con menos tráfico, más silenciosa y, sobre todo, más auténtica. Y aunque las rutas clásicas alrededor de la península Antártica y las islas Shetland del Sur siguen siendo las más demandadas, lo que resulta especialmente atractivo al final del verano austral son los itinerarios de los barcos que cruzan el Círculo Polar Antártico.

En esta época, el hielo marino alcanza su mínima extensión, lo que incrementa las posibilidades de que los buques reforzados para navegar entre hielos puedan avanzar más al sur y cruzar este umbral legendario que muy pocos han logrado traspasar, convirtiendo a quienes lo consiguen en miembros de un grupo exclusivo que ha llegado a uno de los lugares más remotos del planeta.

Navegación entre icebergs y montañas heladas, una experiencia inolvidableGetty Images

«Al cruzar el Círculo Polar, el paisaje cambia; accedes a un mundo de vastos icebergs rectangulares que evoca la Antártida de las clásicas películas de exploración, siguiendo los pasos de personajes tan legendarios como Cook, Bellinghausen y Wilkes. Aquí se pueden avistar especies huidizas, que prefieren latitudes más altas y cubiertas de hielo, como los pingüinos de Adelia y las focas cangrejeras y de Ross. Como son muy pocos los barcos que llegan tan al sur, la fauna se muestra aún más curiosa con los visitantes humanos y aumentan las posibilidades de tener encuentros únicos en la vida», concluye Jeremy Clubb.