Una pareja disfruta de una cerveza checa junto al río Moldava en PragaJakub Caha

De la cerveza a las vistas desde el castillo de Praga, cómo disfrutar de Chequia con los cinco sentidos

Se dice que cuando se viaja únicamente con la mirada se pierde la posibilidad de vivir una experiencia completa. Este viaje por Chequia propone una vivencia que incluye también los sabores, los aromas, el tacto y, por supuesto, el oído

Los jardines y parques deslumbran haciendo gala de sus diseños florales, los riachuelos vuelven a correr y las ciudades se desperezan con la tibieza de un sol todavía huidizo. Así es la primavera en Chequia, una estación que se alarga hasta bien entrado el verano, unos meses en los que todo parece transcurrir a cámara lenta y que permiten centrarnos, más que nunca, en lo percibido por nuestros sentidos. Los auténticos viajeros hoy día no se conforman únicamente con admirar paisajes en la distancia, también desean participar en escenas cotidianas y vivir cada momento de una forma más completa. Esta invitación a recorrer el territorio checo con los cinco sentidos es, especialmente, para ellos.

La historia también se toca

El romántico Palacio de Lednicevisitczechia.com

Con más de 200 castillos y palacios abiertos al público, Chequia propone formar parte de la historia a través del tacto. Este sentido, a veces un poco relegado, nos dice mucho de los lugares que visitamos: la frialdad del mármol en un gran salón de baile habla de exclusividad, el terciopelo y la seda de los tapizados susurran elegancia y las formas angulosas de un bureau de madera hablan de la destreza de los ebanistas que compartían su arte de corte en corte.

Escalera del palacio LedniceJiri Vanicek

Algunos de los palacios donde este sentido cobra una especial importancia son el Castillo y Palacio de Český Krumlov, cuyos frescos en la fachada anticipan el lujo de sus interiores; el romántico Palacio de Lednice con su invernadero de hierro; el Palacio de Kynžvart, con su biblioteca de volúmenes encuadernados en cuero; los salones en tonos pastel del Palacio de Manětín; y la fantasía arquitectónica del Castillo de Žleby. Todos ellos invitan a afinar los sentidos y a detenerse en los detalles: un picaporte de bronce, la aspereza de la piedra o el pasamanos de mármol de una escalera imperial son matices que ninguna fotografía puede transmitir. Los espacios se tornan también sensoriales en los depósitos de agua subterráneos de Brno, una maravilla arquitectónica (poco conocida) donde no solo se siente frío, sino que el sonido reverbera creando una atmósfera inmersiva.

Castillo de Žlebyvisitczechia.com

El sentido del tacto tiene una curiosa conexión con Chequia, ya que fue el científico Jan Evangelista Purkyně quien, en el siglo XIX, demostró que las huellas dactilares son únicas en cada persona, un descubrimiento que transformó la criminología y la ciencia forense.

Postales desde las ciudades checas

Vista de PragaMichal Vrba

Cuando recorremos Chequia, la retina se llena de amaneceres y de ocasos, de arquitectura, de panorámicas desde mil torres, de verdes en degradé. De todos los sentidos, la vista es quizá el más voraz al viajar. Siempre quiere más.

En las ciudades checas, cada rincón parece concebido para detenerse a contemplar. Praga seduce desde el primer momento con el omnipresente Castillo y el Puente de Carlos, escenarios perfectos para despedir el día y grabar en la retina esos últimos minutos dorados.

Osario de la iglesia de Santiago en BrnoGabzdyl

Más al oeste, Pilsen invita a deambular por su pintoresca Plaza de la República, donde la arquitectura nos envuelve con elegancia. En České Budějovice, las miradas convergen en la imponente Plaza de Přemysl Otakar II, una de las más grandes de Europa Central. Brno ofrece contrastes entre dos de sus hitos: la Villa Tugendhat, una obra maestra del funcionalismo, y la perturbadora composición del Osario de la iglesia de Santiago. Por su parte, Olomouc seduce con calma mientras nos lleva por sus fuentes barrocas, su columna de la Trinidad (Patrimonio de la Humanidad) y sus plazas mayores.

Una curiosidad sobre el sentido de la vista es que el químico checo Otto Wichterle diseñó el primer prototipo de lentes de contacto en 1957 y, en apenas cuatro años, logró que se fabricaran en serie, liberando a millones de viajeros de las incómodas gafas.

Aromas que siempre se recordarán

Galleta de jengibre en PardubiceLukas Zeman

Los neurocientíficos aseguran que el olfato es el sentido que conecta de forma más directa con la memoria. Quizás por ello, un aroma puede devolvernos a un destino concreto con una nitidez que desafía al paso del tiempo. Eso ocurre en determinados rincones de Chequia donde los aromas son tan característicos que resulta imposible disociarlos de ellos.

El aroma de la miel y especias como el jengibre marca el territorio en Pardubice. Esta especia dulce y ligeramente picante es el alma de la repostería elaborada en la ciudad desde hace siglos. Pasear envueltos en esta fragancia que sale de los obradores fija el recuerdo para siempre.

Menos dulces y más herbáceas son las notas distintivas de Žatec, la ciudad bohemia donde se cultiva el mejor lúpulo checo. De hecho, su Paisaje del Lúpulo fue reconocido por la Unesco en 2023. Esta planta, que es uno de los ingredientes más nobles de la cerveza, impregna los campos y las antiguas casas de secado en época de cosecha. No es un olor neutro ni discreto, sino ligeramente amargo y terroso, que no se olvida.

Viñedos en Moravia del SurJan Kasl

Más reconocible es el perfume de los campos de lavanda de Olomouc y de Moravia del Sur, que recuerda a la infancia y a las sábanas limpias recién puestas. Esta fragancia floral siempre se asocia con momentos de calma y también con esta región. Y no podemos olvidar la naturaleza, ese gran perfumista que sin esfuerzo inunda el Parque Nacional de Šumava del aroma fresco y resinoso de los bosques de coníferas, y renueva los sentidos con el olor mineral del agua que cae sobre las rocas en las cascadas del Parque Nacional de Krkonoše.

Del salado al dulce, sabores inesperados

Postre de lavandaStatky Kostelec

Descubrir la gastronomía checa es una de las motivaciones más claras a la hora de viajar al país, ya que los sabores son imposibles de reproducir en una fotografía. El punto de partida para los amantes del dulce es el chocolate que, aunque no tiene tanta fama como el suizo o el belga, goza de gran tradición. Antes de la Segunda Guerra Mundial, este chocolate ya gozaba de prestigio internacional, y ahora ese legado está siendo recuperado en ciudades como Litomyšl o Brno, cuyo chocolate suele ocupar las primeras posiciones en el International Chocolate Awards. En la edición de 2025, Prague Chocolate Steiner & Kovarik obtuvo medalla de oro en una singular mezcla de chocolate blanco con espárragos (sí, has leído bien).

Ciudad de LitomyšlJaroslav Horák

Tampoco pueden faltar los koláče, unos bollos pequeños y redondos de masa tierna rellenos de requesón, amapola o ciruela que llevan siglos endulzando celebraciones familiares, y los frgály moravos, bizcochos planos cubiertos de frutas, requesón y semillas de amapola.

Pero Chequia no es solo un país para golosos; los amantes de los sabores intensos también encontrarán en la despensa nacional tesoros como los quesitos de Olomouc y la cerveza, que conquista con su espuma densa y un amargor equilibrado. Pilsen es su capital espiritual, cuna del estilo Pilsner que conquistó el mundo. Aquellos que prefieran el vino encontrarán en Moravia del Sur viñedos que invitan a visitar sus bodegas y a participar en sus festivales.

Respecto a los sabores también tenemos una curiosidad, y es que el azúcar en terrones nació en 1841 en Dačice, un modesto pueblo del sur de Bohemia donde sus vecinos decidieron cortar los grandes bloques en pequeñas porciones para facilitar el traslado a casa.

De la música clásica a los festivales

Festival Colours of OstravaZDENKO HANOUT

Cerrar los ojos, afinar el oído, pulsar el play y dejarse llevar por una melodía es una forma sencilla de trasladarse desde el sillón a otro lugar del planeta, pero siempre será mejor disfrutar de la experiencia en un teatro o compartiendo la energía del momento en un festival.

En un país con tanta tradición musical como Chequia, cada viajero puede elegir su propia banda sonora. El punto de partida podría ser Bedřich Smetana, cuyo ciclo de seis poemas sinfónicos Mi patria es un retrato sonoro de Bohemia, un viaje por sus ríos, sus bosques y sus leyendas. Escuchar su música desde la imponente sala Dvořák del Rudolfinum, uno de los templos de la música en Praga, es algo inolvidable. Pero la tradición clásica checa no se agota en Smetana. Antonín Dvořák, cuyo nombre lleva precisamente esa sala, es otro de sus maestros: su Sinfonía del Nuevo Mundo ya forma parte del repertorio sinfónico universal.

Y aquellos que prefieren subir el volumen y bailar al aire libre, en Chequia les esperan festivales de todos los géneros, como el Festival Metronome de Praga (del 19 al 21 de junio), el Bohemia Jazz Fest en distintas ciudades, Rock for People en Hradec Králové o los famosos Colours of Ostrava y Beats for Love en la capital de Moravia-Silesia.

Como curiosidad sonora, los bosques checos también están llenos de sonidos reconocibles, desde el canto de los faisanes (que algunos estudios asocian con efectos positivos para la salud mental) hasta el rumor constante de los ríos y los bosques.