Encierro de San Fermín en Pamplona
Pamplona sigue corriendo tras las huellas de Hemingway cien años después de «Fiesta»
El centenario de la novela que puso los Sanfermines en el imaginario anglosajón reaviva el mito viajero del escritor, entre cafés históricos, hoteles de lujo y leyendas que no siempre coinciden con la realidad
El centenario de The Sun Also Rises, la novela que Ernest Hemingway publicó en 1926 y que en España conocemos como Fiesta, ha dado este año un protagonismo añadido a la Pamplona de San Fermín en las secciones de Viajes de la prensa anglosajona. Aunque cada julio los medios internacionales vuelven de algún modo sobre la ruta del escritor, la efeméride ha reavivado la pregunta por la vigencia de un mito que puso los Sanfermines en el imaginario internacional y convirtió la ciudad navarra en destino literario, turístico y taurino para varias generaciones de lectores y viajeros.
El centenario de la novela 'Fiesta' ha dado este año un protagonismo añadido a la Pamplona de San Fermín en las secciones de Viajes de la prensa anglosajona
Estos Sanfermines tienen, por tanto, una lectura añadida. No solo arranca de nuevo la fiesta, sino que aniversario tan redondo reactiva la pregunta de siempre: cuánto queda de la Pamplona que fascinó a aquel joven periodista norteamericano y cuánto hay hoy de legado real, memoria turística y leyenda cuidadosamente administrada. También hasta qué punto Hemingway, convertido durante décadas en el gran embajador involuntario de San Fermín, sigue teniendo capacidad de atraer a nuevas generaciones que se mueven más en el territorio de las redes sociales que en el de la literatura del siglo XX.
Más estadounidenses
Estatua de Ernest Hemingway en Pamplona con el pañuelo rojo de San Fermín
La prueba más evidente de esa vigencia está en los propios datos. Según señala el Ayuntamiento de Pamplona, los estadounidenses siguen siendo el grupo extranjero más numeroso entre los corredores del encierro, por delante de los franceses, lo que confirma hasta qué punto la huella de Hemingway continúa viva al otro lado del Atlántico. El dato encuentra además reflejo en uno de los grandes escenarios hoteleros de esa memoria.
Vista del hotel La Perla desde el quiosco de la Plaza del Castillo
Fuentes del Gran Hotel La Perla, el único cinco estrellas de la ciudad y uno de los establecimientos más asociados a la historia pamplonesa del escritor, confirman a El Debate que los estadounidenses siguen siendo estos días la primera nacionalidad extranjera alojada en el hotel. La vieja fascinación norteamericana por San Fermín, alimentada durante décadas por la literatura, el cine, la prensa y la propia leyenda hemingwayana, continúa así teniendo una traducción muy concreta en las calles, en los balcones y en las habitaciones donde cada julio se sigue buscando una parte de aquel mito.
Una experiencia diferente
La histórica Plaza del Castillo en Pamplona
Esa fascinación tiene también su reverso. Las autoridades y las embajadas recuerdan cada año a los visitantes extranjeros que el encierro no debe confundirse con una experiencia romántica ni con una postal de aventura sin consecuencias. Correr delante de los toros exige preparación, prudencia y conciencia del riesgo.
Las autoridades y las embajadas recuerdan cada año a los visitantes extranjeros que el encierro no debe confundirse con una experiencia romántica
Pero esas advertencias conviven estos días con testimonios que siguen alimentando la épica hemingwayana de San Fermín. Associated Press recoge esta semana el caso de Bill Hillmann, un corredor de Chicago de 44 años que ha sido corneado tres veces y que, aun así, no piensa faltar este año a su cita con Pamplona. Según su propio testimonio, todo empezó a los 19 años, precisamente a raíz de la lectura de Fiesta. Leyó la novela de un tirón y al terminar ya sabía que quería ser escritor y correr delante de los toros. Hemingway no inventó la fiesta, pero sin duda transmitió al mundo su pasión ella, y, por lo que se ve, inculcó en algunos su pasión por vivirla.
Los lugares de Hemingway
Café Iruña en Pamplona
Para seguir los pasos del Nobel no hace falta correr el encierro ni alojarse en la suite más codiciada de la ciudad. Basta empezar en la Plaza del Castillo, gran escenario de esa geografía hemingwayana. Allí está el Café Iruña, abierto desde 1888, con sus lámparas, sus espejos y su rincón dedicado al escritor, donde una estatua de tamaño natural convierte a Hemingway en compañero fijo de fotos de turistas, lectores y curiosos. Cerca, el Bar Txoko conserva también su nombre en la memoria pamplonesa. Y, sobre todo, el Gran Hotel La Perla, el establecimiento que mejor ha sabido convertir esa herencia en una experiencia con muchos menos riesgos que correr delante de un toro.
La Perla exhibe con orgullo la actual suite 201, antigua 217, con vistas hacia el recorrido del encierro y una abundante colección de ediciones de ‘Fiesta'
La Perla exhibe con orgullo una de las habitaciones más codiciadas del mito, la actual suite 201, antigua 217, con vistas hacia el recorrido del encierro y una abundante colección de ediciones de ‘Fiesta’. El relato es irresistible: dormir donde durmió Hemingway, asomarse al balcón, mirar hacia la calle Estafeta y sentir que la literatura entra por la ventana. Pero la leyenda, como casi todas las buenas leyendas hoteleras, tiene una fisura que rara vez se cuenta en el folleto.
El Hotel Quintana y una pensión
Calle Hemingway en Pamplona
El periodista Iván Giménez, en su libro El Corralito Foral, sostiene que el hotel realmente central en los primeros viajes de Hemingway a Pamplona fue el desaparecido Hotel Quintana, el mismo que él rebautizó en la novela como Hotel Montoya, y que La Perla pertenece más bien a una fase muy posterior de su relación con la ciudad. La propia web oficial de turismo pamplonés lo admite entre líneas: pese a estar «popularmente vinculado a Hemingway», el escritor solo habría pasado allí una noche. En su primerísima visita, en 1923, ni siquiera pudo permitírsela y la dueña del hotel tuvo que buscarle a él y a su esposa Hadley una pensión más barata en la calle Eslava.
Pese a estar «popularmente vinculado a Hemingway», el escritor solo habría pasado una noche en el Gran Hotel La Perla
El hecho de que la anécdota tenga algunas grietas no ha frenado la ruta ni ciertas controversias. Hay quien mira con recelo la conversión de Hemingway en producto, reducido a estatua, habitación, menú, receta o reclamo para turistas que quizá no han leído una sola página de ‘Fiesta’. Pero al mismo tiempo resulta evidente que Pamplona ha incorporado esa huella a su propio relato viajero.
Esquina de la calle de La Estafeta con aviso del Encierro
El Ayuntamiento dedica en su web turística una sección específica a Ernest Hemingway y la ciudad, donde recuerda algunas de las frases con las que el escritor expresó su fascinación por ella. En 1924 la describió como una ciudad elegante, situada en una meseta entre las montañas de Navarra, con el paisaje más hermoso que había visto jamás. Casi tres décadas después, en 1953, dejó una frase que resume mejor que cualquier campaña esa deuda sentimental: «Jamás podría hacer tanto por Pamplona como ella hizo por mí».
El Ayuntamiento dedica en su web turística una sección específica a Ernest Hemingway y la ciudad, donde recuerda algunas de las frases con las que el escritor expresó su fascinación por ella
Quien no duerma en La Perla puede seguir igualmente el rastro del escritor sin salirse del casco histórico. El recorrido pasa por la Plaza del Castillo, el Café Iruña, el Bar Txoko, la calle Estafeta y la plaza de toros, donde también se recuerda su vínculo con San Fermín. A partir de ahí, cada viajero puede decidir cuánto quiere creer de una leyenda que no deja de dar sorpresas y réditos. El propio Ayuntamiento llega incluso a recomendar una hamburguesa inspirada en una receta atribuida a Hemingway, hallada entre los papeles de su casa de La Habana. Naturalmente, habrá quien prefiera rematar la ruta con una tortilla de patata, un pincho de chistorra o algo bastante más navarro en una tierra de tan buen comer antes que emular los gustos gastronómicos del célebre escritor.