Parador de Santillana Altamira, en Santillana del Mar (Cantabria)Paradores

Cantabria recupera el Parador que llevaba cinco años cerrado

El Parador de Santillana Altamira reabre tras un largo lustro de cierre, sube a categoría de cuatro estrellas y busca el vínculo con las célebres cuevas cántabras

En el verano de 1926, hace justo ahora un siglo, comenzaron en la sierra de Gredos las obras del primer Parador. La inauguración oficial llegaría dos años después, en 1928, con Alfonso XIII, y quizá por eso la gran celebración de la red se reserva para dentro de dos años. Pero el arranque material de aquella historia fue entonces, en aquel paisaje abulense donde el impulso del rey y la visión turística de Benigno de la Vega-Inclán empezaron a dar forma a una idea tan singular como eficaz: una red hotelera pública, propiedad del Estado, pensada para llevar alojamiento, caminos, empleo y actividad económica a lugares donde la iniciativa privada difícilmente habría llegado.

Paradores espera llegar a su centenario oficial con la cifra redonda de 100 establecimientos operativos. Vizcaya será la única provincia española sin Parador

Un siglo después de aquellas primeras obras, y con la mirada puesta ya en 2028, Paradores espera llegar a su centenario oficial con una cifra redonda: 100 establecimientos operativos, incluidas las nuevas aperturas previstas y la recuperación de aquellos edificios que han permanecido cerrados por reformas. En ese marco se sitúa la reciente reapertura del Parador de Santillana Altamira, que recibe ya sus primeros huéspedes tras un largo lustro de cierre, aunque la obra propiamente dicha se haya concentrado en los últimos 18 meses.

Nuevo nombre y una estrella más

Renovado interior del Parador de Santillana AltamiraParadores

El paréntesis ha sido llamativo. El edificio llevaba cerrado desde mayo de 2021, aunque la reforma integral no comenzó hasta octubre de 2024. Es decir, no han sido cinco años de obras, sino cinco años de ausencia hotelera en pleno corazón de Santillana. Construido en 1987, en lo que entonces quedaba a las afueras del casco urbano, el establecimiento cambia ahora de nombre, pasa de tres a cuatro estrellas y gana sobre todo en confort: aire acondicionado, nuevas instalaciones, mayor comodidad, tres habitaciones más y una imagen interior algo más actual.

Santillana del Mar alberga dos Paradores de TurismoParadores

El vínculo con Altamira, que ahora aparece en el nombre oficial del Parador, se traslada también al interior con algunos guiños a las cuevas, al paisaje y a los oficios tradicionales de la zona. Hay obras contemporáneas, piezas textiles y referencias a las formas geológicas y a la memoria artesanal del territorio, pero sin convertir el hotel en un decorado rupestre. La idea parece más bien la de darle un hilo propio, ligado a Cantabria, a un edificio que hasta ahora vivía demasiado a la sombra del Gil Blas.

El Parador rinde homenaje a las famosas cuevas de AltamiraParadores/Jakub Korczyk

Una villa cada vez más visitada

Esa sombra tiene explicación. Santillana del Mar alberga dos Paradores, una singularidad que nace de la propia demanda del destino. El Santillana Altamira se levantó en los años 80 para ampliar la capacidad del Parador histórico, que se había quedado pequeño para una villa cada vez más visitada. Hoy son dos establecimientos separados, aunque muy próximos, y funcionan de manera complementaria en muchos aspectos. El Altamira tendrá desayunos propios cuando termine de ajustarse la operativa, pero las comidas y las cenas seguirán sirviéndose en el Gil Blas, a pocos pasos.

Patio iluminado del Parador de Santillana AltamiraParadores

El Gil Blas es el Parador histórico, y no solo por la casona palaciega cántabra del siglo XVII que ocupa junto a la Torre del Merino. A finales de los años 20, Juan Antonio Güell y López, III marqués de Comillas y II conde de Güell, ilustre enamorado de Santillana, impulsó allí la Hostería Gil Blas, un proyecto hotelero privado de corte histórico instalado en la casa Barreda-Bracho. Según escribió Víctor de la Serna en un libro encargado por Paradores en 1986, Güell no se limitó a restaurar el palacio y acondicionarlo como hotel: quiso también devolver actividad a la villa y organizó temporadas de teatro, de las que aún subsisten como reliquias en el Parador restos de decorado de la compañía de Fernando Díaz de Mendoza, marido de María Guerrero.

Elegir entre dos Paradores

imagen interior más actual del ParadorParadores

La inestabilidad política y la Guerra Civil interrumpieron aquella etapa. En 1944, el Estado adquirió el inmueble para incorporarlo a la red de Paradores y el Gil Blas abrió oficialmente como Parador en junio de 1946. También ha sido remodelado recientemente, aunque con una intervención más ligera que la del Santillana Altamira y centrado principalmente en unos aspectos decorativos que le han quitado años. Las habitaciones han ganado luz, la terraza se ha convertido en uno de sus rincones más agradables y la pequeña suite con terraza propia conserva otro apunte histórico: allí se alojó en su día Charles de Gaulle.

El Parador Gil Blas tiene más historia y más carácter de casa noble, mientras el Santillana Altamira puede funcionar mejor para familias

La elección entre los dos depende del viaje. El Gil Blas tiene más historia, más carácter de casa noble y más vida acumulada entre sus muros. El Santillana Altamira, algo menos expuesto al tránsito del centro, resulta más tranquilo y puede funcionar mejor para familias o para quienes busquen habitaciones más actuales sin renunciar a moverse a pie por la villa. Entre uno y otro apenas hay unos pasos, en cualquier caso.

Vizcaya, sin Parador

Habitación del Parador de Santillana AltamiraParadores

En el balance de aquella historia que arrancó en Gredos y de la que ahora se cumple un siglo desde el comienzo de las obras, Paradores se prepara para alcanzar los 100 establecimientos operativos en 2028, con aperturas previstas como Ibiza o Veruela y con la recuperación de inmuebles cerrados por reformas. Vizcaya será la única provincia española que no cuente con un establecimiento de la red.