Alfonso XIII

Alfonso XIII en Burgos para contemplar el eclipse

Reabre el castillo en el que Alfonso XIII contempló el gran eclipse de 1905

La fortaleza burgalesa que sirvió de observatorio a la Familia Real en 1905 acaba de reabrir tras tres años de obras, a las puertas de un nuevo eclipse total

A estas alturas parece difícil encontrar en España una conversación, un artículo o un destino turístico que no haya hablado ya del eclipse del 12 de agosto. Hoteles completos, pueblos convertidos en observatorios y viajeros extranjeros buscando todavía cómo llegar a tiempo a la franja de totalidad. La sensación de que estamos llevando el acontecimiento al extremo tiene, sin embargo, un precedente curioso. En el verano de 1905 ocurrió algo bastante parecido. Entonces tampoco faltó expectación. Distintas localidades compitieron por convertirse en el mejor lugar desde el que contemplar el fenómeno y Burgos acabó ganando aquella particular carrera, entre otras razones porque consiguió que Alfonso XIII y la Familia Real se desplazaran hasta la ciudad. El eclipse del 30 de agosto lo justificaba. España era uno de los mejores lugares del mundo para observarlo y la totalidad alcanzó los tres minutos y 45 segundos. Burgos quedaba magníficamente situada dentro de la franja y gozaba de cierto nivel de transporte e infraestructuras del que carecían otros lugares próximos que también resultaban especialmente idóneos para la observación.

Durante unos días, la ciudad castellana se volvió inesperadamente cosmopolita. Llegaron expediciones científicas de Francia, Reino Unido, Italia, Suiza, Portugal, Países Bajos, Rusia, Hungría, México y Estados Unidos. Se instalaron campamentos con telescopios, cámaras y espectrógrafos y astrónomos y curiosos compartieron una ciudad que había entendido muy bien que aquello podía ser bastante más que un acontecimiento científico. Hubo cinco días de festejos, corridas de toros, concursos, proyecciones de cinematógrafo y otros actos. Se editó incluso una pequeña guía para los visitantes y un manual para los burgaleses de cómo tratar a los extranjeros. Mucho antes de que se hablara de astroturismo y de cazadores de eclipses, Burgos supo aprovechar el tirón del fenómeno para darse a conocer.

Castillo de Burgos

Castillo de Burgos

Quizá la imagen más insólita de aquellos días fue la de tres globos aerostáticos elevándose para observar el fenómeno desde el aire. Se llamaban Júpiter, Urano y Marte y habían llegado desde el Parque de Aerostación de Guadalajara. En el Marte viajaba Emilio Herrera, futuro pionero de la aeronáutica y la astronáutica españolas, que dejó dibujos de la sombra avanzando bajo sus pies. Ciento veintiún años después, la observación volverá a trasladarse al aire, si bien de una manera acorde con los tiempos. Iberia ha preparado para este 12 de agosto un vuelo especial que seguirá el eclipse desde más de 10.000 metros de altura.

La presencia de Alfonso XIII terminó de convertir el eclipse en un acontecimiento social de primera magnitud. El monarca tenía 19 años. Durante aquellos días, el Palacio Provincial se convirtió prácticamente en un Palacio Real provisional y la Familia Real participó en visitas y recepciones por la ciudad. Hace unos meses, Burgos ha recreado teatralmente algunos de aquellos episodios, incluida la llegada de la Familia Real, las recepciones a las comisiones científicas y el ambiente de la ciudad de 1905. En Lerma, el actual Parador acogió además una cena de gala ambientada en la época.

Castillo de Burgos

Castillo de Burgos

El día del eclipse, Alfonso XIII y su familia contemplaron el fenómeno desde el Cerro del Castillo. La escena quedó recogida por el pintor burgalés Marceliano Santa María en una aguada realizada en 1905 y publicada pocos días después en La Ilustración Española y Americana. La obra, conservada hoy en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, muestra al joven monarca y a la Familia Real observando el eclipse desde aquel campamento burgalés.

Precisamente el Castillo de Burgos acaba de volver a abrir al público. Lo hizo el pasado 1 de agosto, después de más de tres años cerrado por obras y apenas once días antes del nuevo eclipse. La reapertura, todavía parcial, ha suscitado reacciones desiguales entre los primeros visitantes, algunos de los cuales esperaban una transformación más llamativa. Queda pendiente la musealización del recinto y la intervención completa no estará terminada hasta una fase posterior, según han anunciado las autoridades.

Alfonso XIII

Alfonso XIII en Burgos

Del viejo castillo queda mucho menos de lo que podría imaginarse desde abajo, en cualquier caso. La fortaleza, vinculada a los propios orígenes medievales de Burgos, sufrió numerosas destrucciones y quedó gravemente dañada tras la retirada de las tropas napoleónicas en 1813. La reciente intervención, bautizada como Castillos en el aire, ha optado por no reconstruir artificialmente lo desaparecido. Una estructura metálica evoca el volumen del antiguo palacio de Alfonso X y se han creado nuevos recorridos y pabellones que, más adelante, albergarán contenidos museísticos.

Sea como sea, la coincidencia resulta curiosa. Aunque Burgos ha recuperado ampliamente la memoria de aquel eclipse y cuenta con numerosas actividades programadas, hay quienes echan en falta un papel más activo del castillo recién reabierto en la celebración de este año. En todo caso, el Cerro del Castillo sí figura entre los puntos recomendados por la Junta de Castilla y León para observar el fenómeno, aunque el recinto de la fortaleza permanecerá cerrado a esa hora. El lugar reúne además buenas condiciones de visibilidad y permite contemplar la ciudad y las torres de la Catedral, presentes también en la iconografía de aquel eclipse de 1905. La prensa local ha llegado incluso a fantasear con la posibilidad de que Felipe VI hubiera aprovechado la ocasión para emular a su bisabuelo en el mismo escenario.

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