Bonita imagen de Sestri Levante, destino del tren regional que parte de Génova
Viaje en tren por los pueblos de colores y los acantilados de la Riviera italiana
Entre Génova y Cinque Terre, el tren regional descubre una costa de pueblos, villas y pequeñas estaciones donde todavía sobrevive una Italia auténtica, llena de encanto y menos turística
Para quien no conozca Liguria, su costa podría recordar por momentos a una Costa Brava todavía más comprimida entre la montaña y el mar. Apenas queda espacio para las carreteras, las vías del tren y los pueblos que trepan por las laderas, con sus fachadas pintadas en amarillos, rosas, ocres y verdes. No abundan los grandes arenales. Hay pequeñas playas de grava, plataformas sobre las rocas, puertos diminutos y paseos marítimos desde los que el Mediterráneo parece ocuparlo todo.
Quizá lo más atractivo de este viaje por la Liguria no sea el paisaje, que también, sino la vida que todavía lo acompaña
Pero quizá lo más atractivo no sea el paisaje, que también, sino la vida que todavía lo acompaña. En una Italia donde algunos de sus lugares más famosos parecen haber cedido buena parte de su espacio cotidiano al turismo, en esta franja de Liguria todavía conviven vecinos, estudiantes, pequeños comercios, familias que bajan con un balón a la playa y viajeros de paso. Camogli, Santa Margherita o Rapallo reciben numerosos visitantes, pero el visitante, a diferencia de destinos como Florencia o Venecia, todavía no lo ocupa todo.
Junto al Mediterráneo
Vagón pintado del tren regional de la Liguria
Y quizá la mejor manera de comprobarlo sea subir a uno de los trenes regionales que recorren la Riviera de Levante. No son trenes turísticos ni tienen vagones panorámicos. Son los que utilizan a diario quienes viven en estas localidades para ir a trabajar, estudiar, hacer compras o entrar en Génova. En ellos viajan adolescentes, jubilados, familias cargadas con bolsas de playa y algún turista que mira por la ventanilla.
Esta ruta se realiza en los trenes que utilizan a diario quienes viven en estas localidades para ir a trabajar, estudiar, hacer compras o entrar en Génova
La vía entra y sale constantemente de túneles y el Mediterráneo aparece a intervalos, casi siempre de forma repentina, entre una playa de piedras, un pequeño puerto o una hilera de casas de colores. El tren va cosiendo una costa abrupta cuyos trayectos son especialmente agradables en primavera y al comienzo del otoño. En septiembre el mar conserva todavía buena parte del calor del verano, las temperaturas ya no son tan altas y ha disminuido la presión de agosto.
Génova y Nervi
Pueblo de Nervi visto desde la Passeggiata Anita Garibaldi
El recorrido puede comenzar en Génova, una ciudad que merece por sí sola un par de días y que permite después iniciar el viaje hacia Levante sin necesidad de coche. La primera parada interesante es Nervi. Aunque administrativamente pertenece a Génova, conserva el aire de una pequeña localidad marítima y queda lo bastante alejada del centro como para escapar de la intensidad de una gran ciudad portuaria. Durante mucho tiempo fue lugar de descanso y residencia de familias genovesas acomodadas, atraídas por su clima, sus jardines y sus villas junto al mar.
La costa de Nervi es especialmente rocosa y se descubre especialmente bien desde la Passeggiata Anita Garibaldi
La costa de Nervi es especialmente rocosa y se descubre especialmente bien desde la Passeggiata Anita Garibaldi, un agradable paseo junto al mar que recuerda por momentos a los caminos de ronda de la Costa Brava. Durante cerca de dos kilómetros bordea las rocas entre el pequeño puerto, las antiguas villas y los parques de Nervi, con esa imagen tan característica de Liguria, donde la montaña cae casi directamente sobre el Mediterráneo.
Hotel Capitolo Riviera
Frente a la estación, en una de esas elegantes avenidas flanqueadas por villas, se encuentra Capitolo Riviera, un pequeño hotel contemporáneo rodeado de vegetación que puede servir como base para el recorrido. Tiene solo 37 habitaciones, restaurante, piscina y una zona de bienestar con sauna y baño turco, además de una ventaja bastante práctica: basta cruzar la calle para tomar el tren hacia Génova o continuar por la Riviera de Levante.
Camogli y Santa Marguerita
Camogli, en la Riviera de Levante
La siguiente gran parada es Camogli, uno de esos pueblos que parecen levantarse directamente desde la playa. Sus casas altas y estrechas, pintadas en tonos intensos, forman un frente urbano frente al mar y recuerdan el pasado marinero de la localidad. Después aparece Santa Margherita Ligure, más elegante y burguesa, con villas, jardines, hoteles históricos y un paseo marítimo que permite acercarse a Portofino sin necesidad de instalarse en su pequeño y disputado puerto. Desde aquí se puede abandonar por unas horas el ferrocarril y continuar en barco o autobús hasta la famosa Piazzetta de Portofino, aunque el verdadero hilo de este viaje está precisamente en los pueblos unidos por el tren.
La elegante Santa Margherita Ligure
Santa Margherita conserva además la memoria de los grandes veraneos de la Riviera. El Grand Hotel Miramare, con su fachada blanca, sus jardines frente al mar y la playa al otro lado del paseo, sigue siendo una de sus grandes damas. Evoca aquellos hoteles en los que las familias no llegaban para pasar una noche y marcharse, sino para instalarse durante semanas.
Grand Hotel Miramare
Rapallo y Sestri Levante
Apenas unos minutos después el tren llega a Rapallo. Más grande, más urbana y menos perfecta que Santa Margherita, muestra otra cara de la Riviera, con su largo paseo de palmeras, un pequeño castillo junto al agua y una vida cotidiana que continúa más allá de los meses de verano. Fue también uno de los grandes lugares de vacaciones de extranjeros e italianos y mantiene esa curiosa mezcla de estación balnearia y ciudad vivida. Si se hace aquí noche, el Grand Hotel Bristol conserva, con más de 120 años de historia, algo de aquel sabor de la hotelería italiana clásica.
Castillo junto al agua en Rapallo
El viaje puede continuar hacia Chiavari y Sestri Levante, cuya Baia del Silenzio forma una de las imágenes más hermosas de la costa. Pero tampoco es necesario acumular paradas. Parte del atractivo consiste precisamente en hacer lo contrario, es decir, escoger uno o dos lugares como base, caminar junto al mar y tomar el tren solamente cuando apetezca descubrir la siguiente estación.
Sestri Levante y su bahía del Silencio
Seguir hasta la Toscana
Sestri Levante puede marcar el final natural de esta primera parte del viaje. A partir de ahí, el tren continúa hacia Levanto y entra en Cinque Terre, el tramo más célebre, fotografiado y concurrido de la costa ligur. Allí funciona además el 5 Terre Express, pensado para facilitar los desplazamientos entre sus cinco pueblos y La Spezia. Es una opción muy práctica, aunque ya con un carácter bastante más turístico que los regionales que atraviesan Camogli, Santa Margherita o Rapallo. Esta ruta recorre deliberadamente la Liguria anterior a Cinque Terre, donde el tren todavía forma parte de la vida cotidiana y no solo del viaje del turista.
Mapa del recorrido en tren por la Riviera de Italia
Quien disponga de algunos días más puede continuar por La Spezia y adentrarse después en Toscana hasta Pisa. El recorrido permite así plantear un viaje lineal, entrando en avión por Génova y saliendo por Pisa, sin necesidad de regresar sobre los propios pasos. Durante septiembre y octubre, Volotea mantiene vuelos directos entre Madrid y Génova, y también existen conexiones desde Barcelona, mientras que Pisa cuenta con enlaces directos con varias ciudades españolas durante todo el año. Una combinación que permite plantear, a comienzos del otoño, una ruta menos trillada por una Italia quizá menos conocida que Roma, Florencia o Venecia, pero todavía llena de encanto, de vida propia y de esa autenticidad que en algunos de sus destinos más famosos resulta cada vez más difícil encontrar.