Patrimonio Nacional ha reabierto los Museos de Pintura y Arquitectura del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
Escapada de otoño a El Escorial entre Tiziano, bolardos, cocido y bosques rojizos
Los museos de Pintura y Arquitectura del Monasterio reabren tras una década de cierre, justo cuando el paisaje alcanza uno de sus momentos más espectaculares del año para visitar el Real Sitio
Después de una década cerrados, los Museos de Pintura y Arquitectura del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial acaban de reabrir sus puertas. No es precisamente un destino al que le falten razones para volver, o ir por primera vez, pero este otoño suma una bastante poderosa. El nuevo Museo de Pintura reúne alrededor de un centenar de obras de Tiziano, Tintoretto, Veronés, Van der Weyden, Ribera, Luca Giordano o Coxcie, con 21 piezas que por primera vez pasan a formar parte de la exposición permanente. Hasta el 31 de diciembre, además, la visita a los dos museos es gratuita.
El nuevo Museo de Pintura reúne obras de Tiziano, Tintoretto, Veronés, Ribera y Luca Giordano, entre otros
El Museo de Arquitectura tampoco es nuevo, aunque pueda parecerlo después de diez años desaparecido de la visita. Fue concebido en los años 60 por los arquitectos Javier Feduchi y Jesús Bosch y ahora regresa completamente renovado a la Planta de las Bóvedas. El Escorial es uno de esos edificios sobre los que se ha especulado durante siglos, desde su planta y su orientación hasta la elección del lugar, la supuesta forma de parrilla en homenaje a San Lorenzo o la famosa Silla de Felipe II desde la que, según la tradición, el rey contemplaba las obras. El museo permite entender algo mucho más concreto, cómo se proyectó y cómo fue posible construir semejante mole de granito en el siglo XVI.
Otoño lleno de color
La reapertura llega además en uno de los mejores momentos del año para visitar San Lorenzo
La reapertura llega además en uno de los mejores momentos del año para verlo. Los japoneses tienen incluso una palabra para esa costumbre de salir en otoño en busca de los árboles que han cambiado de color. Momijigari significa aproximadamente «cazar las hojas rojas». Salvando las distancias con Kioto, San Lorenzo permite practicar durante unas semanas una versión bastante convincente. Los robles melojos y los fresnos empiezan a pasar del verde al amarillo y al pardo, los arces y los castaños introducen cobres y tonos rojizos, mientras pinos, cedros, pinsapos, encinas y enebros conservan el verde. Al fondo sigue la masa más oscura de Abantos. Durante estas primeras semanas de otoño, amarillos, cobres y rojizos añaden color a un conjunto tan pétreo y mineral que, entre fachadas, muros, escalinatas, pavimentos y bolardos, parece hecho casi exclusivamente del granito de la sierra de Guadarrama.
Señorío y buen vivir
Entrada al restaurante Charolés de San Lorenzo de El Escorial
Pero El Escorial no se agota en el Monasterio ni en sus nuevos museos. San Lorenzo conserva todavía algo de ese aire de lugar asociado al señorío y al buen vivir, con algunos establecimientos que parecen haberse mantenido discretamente al margen de modas y tendencias. Uno de ellos es Charolés, uno de los grandes clásicos de la sierra madrileña desde hace décadas. Su cocina cambia con el mercado y la temporada, pero hay un plato que apenas necesita presentación entre los habituales. Su cocido, servido los lunes, miércoles y viernes, sigue siendo la especialidad más conocida de la casa.
Cocido del restaurante Charolés
Su vecino el Cafetín Croché pertenece a esa misma geografía sentimental. Sus lámparas de tela, carteles, fotografías, radios y objetos antiguos crean un interior que hoy sería difícil diseñar sin que pareciera impostado. Allí todavía se puede jugar a las cartas y los viernes continúa una tradición de magia que comenzó con el recientemente desaparecido Juan Tamariz el mismo día de la inauguración del local, en 1981.
El Cafetín Croché, un clásico de San Lorenzo
También merece la pena subir hacia Abantos y parar en La Horizontal, otro clásico de San Lorenzo, especialmente cuando el bosque empieza a cambiar de color. Y en el centro sigue el Hotel Florida, frente al Monasterio, con ese aire ligeramente detenido en el tiempo y una cafetería donde el chocolate con churros y los picatostes todavía encajan mucho mejor que cualquier versión modernizada del ‘brunch’.
Cafetería del Hotel Florida en la calle Floridablanca
Lo que sigue sorprendiendo es que San Lorenzo no haya conseguido un hotel verdaderamente a la altura del destino. El Victoria Palace ocupa un edificio histórico y resuelve el alojamiento, sin más, pero cuesta entender que un lugar con semejante patrimonio, paisaje y proximidad a Madrid no disponga de un pequeño hotel boutique capaz de convertirse por sí mismo en una razón para quedarse a dormir.
Estuvo cerca de tener algo bastante más ambicioso. En 1996 Patrimonio Nacional estudió la transformación de la Segunda Casa de Oficios en un Parador de unas cincuenta habitaciones, pero, por razones varias, se desestimó. Treinta años después, cuando conventos, palacios y edificios históricos de media Europa se han convertido en hoteles capaces de reforzar el atractivo de sus destinos, cuesta no verlo como una oportunidad perdida.