Vista panorámica de Zamora desde el merendero de Los Pelambres
Zamora
Secretos y leyendas de la ciudad medieval de España con la mayor concentración de arte románico de Europa
Un rey asesinado a los pies de sus murallas, una infanta que se negó a entregar la ciudad, una bandera vinculada a Viriato, un escudo con el puente de Mérida y la mayor concentración de románico entre las capitales europeas convierten a Zamora en una de las ciudades medievales más singulares de España
En el techo del antiguo salón de sesiones de la Diputación de Zamora Ramón Padró pintó en 1882 tres grandes composiciones sobre la historia de Zamora, hechas de victorias, memoria y leyenda. Allí aparece Viriato frente a los derrotados romanos alzando su pica con las ocho tiras de la Seña Bermeja, una por cada victoria; otra escena representa la conquista de Mérida y en la tercera Fernando el Católico incorpora la franja verde a la enseña tras la batalla de Toro. Las paredes recuerdan a la infanta Urraca firme durante el cerco de Zamora. Escenas distintas y una misma idea: Zamora ha construido buena parte de su identidad mirando hacia un pasado heroico. Y su bandera, la famosa y singular Seña Bermeja, resume mejor que ningún otro símbolo esa mezcla de historia y tradición.
Zamora ha construido buena parte de su identidad mirando hacia un pasado heroico. Y su bandera, la singular Seña Bermeja, resume esa mezcla de historia y tradición
Viriato fue, figuradamente, el primer hijo adoptivo de Zamora. Su lugar exacto de nacimiento se desconoce, pero la ciudad lo convirtió en uno de sus grandes símbolos: el «terror de los romanos» por sus victorias en las guerras lusitanas del siglo II a. C. La enseña zamorana está documentada desde el siglo XIII, aunque la asociación de sus ocho jirones con las victorias de Viriato es posterior. La leyenda arraigó hasta incorporarlo también al escudo de la ciudad. Junto a la Diputación y en la plaza que lleva su nombre, una estatua le recuerda.
Estatua de Viriato, símbolo de Zamora y «terror de los romanos»
El cerco de 1072
Buena parte de la Zamora que hoy se recorre comenzó a tomar su forma en la Edad Media, cuando tuvo lugar otro episodio fundamental, evocado también por Padró: el cerco de 1072. Fernando I había repartido sus dominios entre sus cinco hijos, siendo Urraca y su hermana Elvira las elegidas para heredar por mitades el infantazgo monacal del reino de León.
Castillo de Zamora
Sancho II de Castilla asedió la ciudad para tomarla, pero su hermana Urraca se negó a rendirse. Inteligente, prudente y hábil, fue consejera de Alfonso VI, capaz de enfrentarse a Sancho y, según la tradición, madrina de armas del mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. El asedio terminó meses después, cuando Sancho fue asesinado junto a las puertas de Zamora. Las crónicas medievales atribuyeron su muerte a Bellido Dolfos, que habría fingido huir de la ciudad para atacarle por sorpresa.
El castillo de planta romboidal situado en el primer recinto amurallado tuvo su mayor esplendor en la Edad Media y domina el Campo de la Verdad
El castillo de planta romboidal situado en el primer recinto amurallado tuvo su mayor esplendor en la Edad Media y domina el Campo de la Verdad, donde el romancero sitúa los duelos entre caballeros zamoranos y nobles de Castilla tras la muerte de Sancho II. Desde sus almenas se obtiene una buena vista de la catedral.
Iglesias singulares
Iglesia de San Cipriano
De aquella Zamora sobreviven tramos de muralla, el ábside de Santa María la Nueva, San Cipriano y Santiago de los Caballeros, donde se sitúa tradicionalmente la investidura del Cid Campeador. San Cipriano, una de las iglesias más antiguas, conserva una curiosa cabecera triple y recta y, en su muro sur, relieves muy curiosos como una sirena, el herrero Bermudo, Daniel entre los leones, San Pedro con sus llaves o la bestia de siete cabezas del Apocalipsis. Su magnífica acústica la convierte en escenario de los conciertos del Pórtico de Zamora.
Iglesia románica de Santa María la Nueva
Santa María la Nueva fue escenario del Motín de la Trucha, uno de los grandes conflictos sociales del medievo zamorano. A mediados del siglo XII la tensión entre nobleza y pueblo estalló cuando el despensero de un noble quiso arrebatarle a un joven una trucha comprada en el mercado, haciendo valer los privilegios de su señor. La revuelta terminó con los nobles dentro de la iglesia y el templo incendiado por el pueblo. Conserva una pila bautismal del siglo XII, pinturas murales góticas y un Jesús Yacente del siglo XVII. En su muro norte, una hendidura recuerda el relato de las Sagradas Formas que escaparon milagrosamente del incendio.
La catedral
Catedral de Zamora
Es precisamente el románico lo que convierte a Zamora en su capital. Llegó a tener hasta 70 iglesias de este estilo en un espacio urbano apenas mayor que el que ocupa hoy el Vaticano. De aquellas, quedan 23, con una gran protagonista, la catedral de San Salvador, la más antigua de Castilla y León. Su extraordinario cimborrio de influencia bizantina, cubierto de escamas de piedra, es una de las construcciones más originales del románico europeo. La torre, poderosa con sus 45 metros de rotundidad, completa la silueta más reconocible de la ciudad.
Cimborrio de la catedral de Zamora
Aunque merece un reportaje completo, podemos destacar también su Puerta del Obispo, la magnífica sillería del coro en madera de nogal, el Cristo de las Injurias y el Museo Catedralicio, que conserva una excepcional colección de tapices flamencos.
Templos imprescindibles
Iglesia de San Juan Bautista
Entre las iglesias imprescindibles, figuran la elegante Santa María Magdalena, con el misterioso sepulcro de una dama desconocida; Santiago del Burgo, durante siglos dependiente del arzobispado de Compostela; San Claudio de Olivares, por su interesante decoración escultórica, o, en plena Plaza Mayor, la iglesia de San Juan Bautista, con su famoso rosetón, otro símbolo del románico zamorano.
San Pedro y San Ildefonso
Para cerrar el resumen de templos, y ya inmersos en el siglo XIII, pocas instituciones sintetizan mejor la continuidad entre historia, religión y tradición que la Real, Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros y Damas Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano, Cuerpo de la Nobleza de Zamora. Vinculada a San Pedro y San Ildefonso, nació para custodiar las reliquias de ambos santos y evitar que los restos de San Ildefonso fueran trasladados a Toledo. Sus miembros siguen conservando las llaves que permiten acceder a los sepulcros, manteniendo viva una de las instituciones históricas más singulares de la ciudad.
Patrimonio modernista
Cuesta de Balborraz
Zamora guarda otra sorpresa arquitectónica. Entre finales del XIX y comienzos del XX vivió una segunda etapa de esplendor que dejó un notable patrimonio modernista. El arquitecto catalán Francesc Ferriol, discípulo de Domènech i Montaner, dejó un legado de fachadas curvas, decoración vegetal y elegantes miradores, un conjunto que fue incorporado a la Ruta Europea del Modernismo. La cuesta de Balborraz es una de las calles más singulares. Fue arteria comercial hasta el río y sus fachadas de colores, edificios modernistas, balcones y miradores la han convertido en la más fotogénica de la ciudad. El Portal Oficial de Turismo de España la incluye entre las doce calles más bonitas del país.
Esa voluntad de utilizar las fachadas como lienzo continúa hoy con Zamora Variopinta, una ruta de arte urbano que supera ya las ochenta intervenciones y convierte medianeras y rincones de la ciudad en una gran pinacoteca al aire libre.
El Duero y la Semana Santa
Puente de Piedra sobre el río Duero
Hay un momento en que todo este escenario adquiere una dimensión diferente: la Semana Santa. Diecisiete cofradías, silencio, capas pardas, más de cuarenta pasos y el Miserere del Cristo Yacente convierten durante unos días las calles medievales en un auténtico teatro de la Pasión.
Y el río Duero es tan de Zamora como el románico o la Semana Santa. A sus orillas sobreviven las aceñas, que durante siglos aprovecharon la corriente para moler cereal. El Puente de Piedra dibuja en el agua sus arcos apuntados y es otra de las bellas estampas que regala Zamora. Desde la otra orilla, junto al merendero de Los Pelambres, se obtiene una de las mejores panorámicas de las murallas, la catedral y el casco histórico, también reflejados sobre el espejo del Duero.