Plaza de Madrigal de las Altas Torres
Madrigal de las Altas Torres y Arévalo
Los dos pueblos de Castilla que marcaron la infancia y juventud de Isabel la Católica
Ambos municipios constituyen dos de los conjuntos históricos más importantes de la arquitectura militar y religiosa de la Edad Media en Castilla y León y en ellos se siente la huella de la mujer que cambió la Historia para siempre
Si hay una mujer que cambió el curso de la Historia universal, esa es la reina Isabel I de Castilla, la Católica. Pero mucho antes, cuando aquella niña ni siquiera imaginaba que su historia sería escrita, aprendió a ser reina en dos localidades de Castilla situadas al norte de la provincia de Ávila, Madrigal de las Altas Torres y Arévalo. Estos son los escenarios que marcaron la infancia y juventud de Isabel antes de convertirse en una de las mujeres más poderosas de su tiempo.
Estos son los escenarios que marcaron la infancia y juventud de Isabel antes de convertirse en una de las mujeres más poderosas de su tiempo
A mediados del siglo XV era Madrigal una localidad próspera y relevante de la Corona de Castilla, rodeada por las fértiles tierras cerealistas de la comarca de La Moraña y protegida por una gran muralla de más de dos kilómetros, que encerraba una superficie incluso mayor que la protegida por las célebres murallas de Ávila. Jalonada por cien torres (de las que se mantienen veintidós) que acabarían, siglos después, dando a la villa su evocador apellido.
Rico patrimonio histórico-artístico
Pila bautismal de Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres
Era un lugar muy apreciado por el rey Juan II y, por tanto, por la corte y la nobleza. El monarca disponía de un palacio que utilizaba con asiduidad. La presencia real atrajo a una población diversa de cristianos, judíos y mudéjares. El cereal, la ganadería, la artesanía y el comercio impulsaban la actividad económica de Madrigal. Esta prosperidad favoreció la construcción de iglesias, conventos y casonas que aún hoy día se mantienen en pie, dotando al pueblo de un rico patrimonio histórico-artístico.
Iglesia de San Nicolás de Bari en Madrigal de las Altas Torres
Tras la muerte de su primera esposa, fue Madrigal el lugar escogido por el rey para celebrar su matrimonio con Isabel de Portugal en 1447 y allí nacería el primer hijo del matrimonio, una niña. Juan II ya tenía como heredero a Enrique, así que la recién nacida, a quien llamaron Isabel, no nació con el peso de una corona. El palacio real de Juan II se transformaría en el actual Real Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, aún habitado por una comunidad de monjas agustinas, aunque parte de su interior histórico puede visitarse. Entre sus gruesos y fríos muros se conservan la escalera regia y la Sala de Cortes, donde el rey convocó a sus nobles en 1438, ambas decoradas con artesonados mudéjares. También se preservan la Capilla Real, el salón de embajadores y la alcoba donde nació Isabel.
El palacio de Juan II se transformó en el Real Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, habitado por monjas agustinas; una parte de su interior histórico puede visitarse
En la iglesia de San Nicolás de Bari contrajeron matrimonio los padres de Isabel y en su pila bautismal fue bautizada la futura reina. Es un templo románico-mudéjar del siglo XIII. Su esbelta torre destaca en el perfil de Madrigal; con 70 metros, es la más alta de Ávila. En su interior custodia otra joya del mismo estilo, un magnífico artesonado de madera de nogal.
Cristo de las Injurias, patrón de Madrigal
Otro recuerdo de la estrecha relación de Madrigal con los Trastámara es el Real Hospital de la Purísima Concepción, fundado en 1443 por María de Aragón, primera esposa de Juan II y madre del rey Enrique IV. Sustituyó al hospital anterior, el primero de caridad en la localidad. El edificio actual es fruto de ampliaciones posteriores y en él destacan su escalera de piedra y el señorial doble pórtico de granito decorado con escudos reales de Castilla y Aragón del siglo XVI. Su pequeña capilla custodia el Santísimo Cristo de las Injurias, patrón de la villa, un Cristo gótico de madera policromada que contrasta con el exuberante retablo churrigueresco. El hospital se mantuvo activo hasta el siglo XX y actualmente es Oficina de Turismo y Museo Vasco de Quiroga, nacido en Madrigal y primer obispo de Michoacán.
La sorpresa tras el retablo
Iglesia de Santa María del Castillo en Madrigal, ejemplo de románico-mudéjar
El románico-mudéjar de Madrigal tiene su gran ejemplo en la iglesia de Santa María del Castillo. Su origen se remonta al siglo XI, cuando se desarrolla el primer núcleo medieval sobre los restos de un antiguo castillo, que daría nombre a la iglesia. Hoy queda en la zona más elevada del pueblo. Del templo se conservan sus ábsides y la torre del campanario. Esta fue reformada en el siglo XVI, y rematada en época neoclásica con un chapitel.
Frescos medievales en Santa María del Castillo
La gran sorpresa nos espera en el interior. En 1967, el arqueólogo Emilio Rodríguez Almeida descubrió que el imponente retablo barroco del altar mayor tapaba los frescos medievales del ábside. Sobresale el Pantocrátor acompañado por el Tetramorfos. La Junta de Castilla y León los restauró y adelantó el retablo barroco para poder disfrutar de las dos obras.
Convento de los Agustinos a las afueras de Madrigal
Extramuros sorprenden las ruinas del convento agustino, cuya grandiosidad y arquitectura vinculada al estilo herreriano le valieron el nombre de «el Escorial de Castilla». Llegó a ocupar 50.000 metros cuadrados y fue un importante centro cultural y religioso, con cátedras de Teología y Filosofía. Lejos del mundanal ruido, en una celda del convento Fray Luis de León encontró, en 1591, el descanso definitivo.
Traslado a Arévalo
Pueblo medieval de Arévalo, en Ávila (Castilla y León)
Isabel apenas tuvo tiempo de conocer el Madrigal que la había visto nacer. Cuando tenía tres años murió Juan II y su infancia cambió por completo. Su madre, Isabel de Portugal, se retiró con sus hijos, Isabel y Alfonso, a la cercana villa de Arévalo. A treinta kilómetros de Madrigal comenzaba una nueva etapa que marcaría profundamente a la futura reina.
Torres «gemelas» de Arévalo del templo de San Martín
Lejos de la corte de su hermanastro Enrique IV pasó aquí buena parte de su infancia, en un ambiente mucho más austero que el que cabría imaginar para una infanta de Castilla. La familia se instaló en el desaparecido palacio real, situado en el entorno de la actual plaza del Real. Fueron años decisivos para su formación, marcados también por el progresivo deterioro de la salud de su madre. El palacio fue además escenario de uno de los episodios más singulares de su juventud. En 1467, durante las celebraciones por el decimocuarto cumpleaños de su hermano Alfonso, se organizó una fiesta literaria en la que la joven Isabel participó junto a otras damas recitando composiciones escritas para la ocasión por Gómez Manrique. Arévalo fue el verdadero escenario de la infancia de la futura reina.
Influencia de la Virgen
Virgen de las Angustias, en Arévalo
La plaza del Arrabal, centro comercial de la villa desde la Edad Media, está presidida por la iglesia de Santo Domingo de Silos. El templo conserva una cabecera mudéjar del siglo XII y en su interior se venera a la Virgen de las Angustias, patrona de Arévalo, una devoción que la tradición isabelina relaciona con la futura reina y que reaparecerá años después en Granada.
Arco del Alcocer y estatua de Isabel la Católica en Arévalo
Desde allí, el Arco del Alcocer, del siglo XI y única puerta conservada de la antigua muralla, permite penetrar simbólicamente en la ciudad medieval que conoció Isabel. El camino conduce hasta la plaza de la Villa, corazón del Arévalo histórico y uno de los conjuntos de arquitectura popular castellana con mayor personalidad de la localidad, rodeado de soportales y edificios de ladrillo.
Plaza de la villa e iglesia de Santa María la Mayor en Arévalo (Ávila)
En uno de sus extremos se levanta Santa María la Mayor, otro magnífico ejemplo mudéjar. Su interior conserva pinturas murales medievales con un Pantocrátor acompañado por el Tetramorfos y un artesonado mudéjar en el coro bajo. Muy cerca, San Martín resulta inseparable de la historia de Isabel. Sus dos grandes torres, conocidas como las «torres gemelas» aunque diferentes entre sí, dominan este espacio medieval. Aquí tuvo lugar además una ceremonia que la niña Isabel pudo vivir con apenas tres años. El 28 de julio de 1454, tras la muerte de su padre Juan II, Arévalo celebró los llamados Llantos y Alegrías: primero se escenificó públicamente el duelo por el monarca fallecido, quebrando sus escudos entre grandes muestras de dolor; después, cristianos, judíos y musulmanes participaron en la celebración por la proclamación de su sucesor, Enrique IV. La ceremonia culminó en la iglesia de San Martín. Era la representación pública de que un rey había muerto y otro comenzaba a reinar.
Castillo, prisión y silo
Castillo de Arévalo
El castillo de Arévalo fue construido en el siglo XV y posteriormente remodelado por Fernando el Católico, que lo adaptó al uso de la artillería. De planta pentagonal y dominado por una poderosa Torre del Homenaje, acabaría sirviendo también como prisión y en el siglo XX se reutilizó como silo de cereal. Actualmente acoge la exposición permanente Castillo y silo. Un lugar único en el mundo.
Isabel permaneció vinculada a Arévalo durante los años fundamentales de su formación hasta que las circunstancias políticas la llevaron a la corte de Enrique IV
Isabel permaneció vinculada a Arévalo durante los años fundamentales de su formación hasta que las circunstancias políticas la llevaron a la corte de Enrique IV. Terminaba entonces la infancia de aquella niña que había llegado desde Madrigal sin el peso de una corona y comenzaba el complicado camino que acabaría llevándola al trono de Castilla.