Melilla es la segunda ciudad de España con mayor patrimonio modernista
De Melilla a Ferrol, los destinos menos conocidos de la España Modernista
Más allá de Barcelona hay una España modernista que alberga edificios sorprendentes y monumentales de un magnífico Art Nouveau que lleva la firma de grandes nombres de la arquitectura nacional
Según el directorio de la Ruta Europea del Modernismo, fundada en Barcelona en 2000, España es el país con más localidades representadas: 39, frente a las seis de Italia, el segundo país. El Art Nouveau surgió en Europa a finales del siglo XIX y encontró en el modernismo catalán de Gaudí y sus contemporáneos una de sus expresiones más originales
Fachadas ondulantes, motivos vegetales, hierro forjado y fantasiosas decoraciones transformaron ciudades a las que posteriormente llegaría el Art Déco, con sus formas geométricas y su estética inspirada en la modernidad industrial.
Este movimiento se extendió por numerosos rincones de nuestra geografía gracias a la prosperidad industrial, minera y comercial
Aunque Barcelona y otras ciudades catalanas como Reus, Terrassa o Canet de Mar concentran el protagonismo, el movimiento se extendió por numerosos rincones de nuestra geografía gracias a la prosperidad industrial, minera y comercial. De Melilla a Ferrol, pasando por Cartagena, Teruel o Zamora, descubrimos una España modernista menos conocida.
Melilla, un museo modernista al aire libre
Edifico Reconquista e iglesia del Sagrado Corazón en Melilla
Al otro lado del Mediterráneo, Melilla guarda uno de los conjuntos modernistas y art déco más importantes de España, con más de 700 edificios catalogados. Buena parte de su personalidad arquitectónica se debe a Enrique Nieto, colaborador de Gaudí. Buscaba plasmar su propia personalidad e independencia creativa y llegó a Melilla en 1909 para convertir las nuevas fachadas de la burguesía en auténticas joyas ornamentales. Es la segunda ciudad modernista y art déco de España después de Barcelona. La Casa Melul, La Reconquista, la Cámara de Comercio y el antiguo edificio de El Telegrama del Rif son algunos de sus mejores ejemplos. Nieto también diseñó la sinagoga Or Zaruah y la Mezquita Central, ambas de inspiración historicista, que reflejan la diversidad cultural de Melilla.
Cartagena y La Unión, el lujo nacido de las minas
Edificio del Gran Hotel de Cartagena
La fiebre minera de finales del siglo XIX transformó Cartagena. Los empresarios exhibieron su fortuna en palacetes y edificios comerciales que hoy conforman un destacado conjunto modernista en el Mediterráneo. Víctor Beltrí fue su gran protagonista, con obras como el Gran Hotel, la Casa Cervantes o el Palacio Aguirre, cuya torre está rematada por una cúpula decorada con abejas, símbolo de la laboriosidad.
Antiguo Mercado Público de La Unión (Murcia)
A pocos kilómetros, La Unión vivió un auge semejante. Su antiguo Mercado Público, construido en hierro y cristal y vinculado al Festival del Cante de las Minas, y la Casa del Piñón testimonian aquella prosperidad.
Alcoy y Novelda, la fantasía de la burguesía alicantina
Casa del Pavo en Alcoy (Alicante)
El auge textil impulsó el modernismo en Alcoy, con arquitectos como Vicente Pascual y Timoteo Briet. La Casa del Pavo, construida entre 1908 y 1909, debe su nombre a los pavos reales de hierro que adornaban sus puertas. En su diseño también participó Fernando Cabrera Cantó, que instaló su estudio en la parte posterior del edificio, hoy accesible mediante visitas guiadas. El Círculo Industrial, con interiores de extraordinaria riqueza decorativa, revela la influencia del Art Nouveau francés y la Secesión vienesa.
Santuario de Santa María Magdalena en Novelda (Alicante)
Muy diferente es la historia de Novelda, donde los beneficios del comercio del azafrán y la explotación del mármol financiaron algunas construcciones sorprendentes. La Casa-Museo Modernista conserva buena parte de sus interiores originales, con una espectacular escalera de mármol blanco. A este patrimonio se acaba de incorporar el Museo del Modernismo, en el recuperado palacete Gómez-Tortosa. Mientras, el Santuario de Santa María Magdalena, levantado sobre una colina, destaca por su inconfundible silueta fantástica. Inspirado en el modernismo catalán, fue construido entre 1918 y 1946 con ladrillos rojizos, azulejos policromados y piedras del río Vinalopó. Su planta evoca un vaso de ungüentos, símbolo asociado a la santa. Permanece cerrado al público por obras de restauración.
Teruel, modernismo a la sombra del mudéjar
Casa del Torico en Teruel
Famosa por sus torres mudéjares, Teruel esconde un segundo patrimonio arquitectónico mucho menos conocido. A comienzos del siglo XX, el arquitecto Pablo Monguió transformó numerosas fachadas del casco histórico con una estética de líneas ondulantes y motivos vegetales.
La plaza del Torico constituye el mejor punto de partida. Allí, la Casa del Torico y La Madrileña muestran la sorprendente convivencia de estilos y épocas. La cercana Casa Ferrán, con sus miradores y balcones de hierro, completa un recorrido en el que también sobresale el trabajo artesanal del herrero Matías Abad, responsable de convertir las rejas y barandillas en verdaderas esculturas.
Astorga, Zamora y Palencia, las sorpresas de Castilla
Modernismo en Zamora
Pocos visitantes llegan a Zamora, capital del románico, pensando en el modernismo. Sin embargo, entre sus iglesias románicas aparecen construcciones como la Casa Macho, la Casa Matilla o la Casa Gato. El arquitecto Francisco Ferriol, establecido en la ciudad en 1907, introdujo fachadas decoradas con flores, remates ondulantes y elegantes trabajos de hierro, coincidiendo con la prosperidad de la industria harinera.
Colegio de Villandrando en Palencia
También Palencia vivió su propia renovación arquitectónica. La calle Mayor concentra buena parte de este legado, protagonizado por Jerónimo Arroyo. Su obra más emblemática es el Colegio Villandrando, donde los ventanales de inspiración gótica y un delicado friso cerámico, obra de Daniel Zuloaga, demuestran hasta qué punto el modernismo podía reinventar los estilos históricos.
Palacio Episcopal de Astorga
En Astorga, un incendio ocurrido en 1886 propició la construcción de uno de los edificios más sorprendentes de la ciudad. El obispo Joan Baptista Grau encargó a su paisano y amigo Gaudí el nuevo Palacio Episcopal, un edificio de aspecto medieval que parece sacado de un cuento de hadas. Su construcción no estuvo exenta de polémica: tras la muerte del obispo en 1893, los desacuerdos con la Junta Diocesana llevaron a Gaudí a abandonar el proyecto. Hoy, junto a la catedral, constituye una de las estampas más singulares de la ciudad.
Ferrol y Comillas, el modernismo del norte
Casa Romero en Ferrol, obra de Rodolfo Ucha Piñeiro
En el barrio de la Magdalena, nacido de la planificación militar del siglo XVIII, Ferrol encontró una particular manera de interpretar las nuevas corrientes artísticas europeas. El responsable fue Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal desde 1908, que adaptó las formas del Art Nouveau a las tradicionales galerías acristaladas gallegas.
Sus construcciones combinan grandes miradores, ventanas circulares, hierro ornamental y fachadas de sinuosas formas. Las casas Pereira, la Casa Romero y la Casa Munduate forman parte de un recorrido que muestra cómo la arquitectura modernista supo dialogar con las necesidades climáticas y la tradición constructiva local.
El Capricho de Gaudí en Comillas (Cantabria)
Comillas se convirtió en uno de los primeros escenarios de experimentación modernista gracias a la fortuna de Antonio López, primer marqués de Comillas, y a sus contactos con destacados arquitectos catalanes. Allí se levanta El Capricho de Gaudí, una fantasiosa residencia decorada con girasoles de cerámica que esconde una curiosidad: sus ventanas incorporaban mecanismos capaces de producir sonidos musicales, un guiño a la afición de su propietario por la música. El Palacio de Sobrellano y el Seminario Pontificio completan este sorprendente conjunto arquitectónico.
Palma y Sóller, el modernismo mediterráneo
Casa Casasayas y Pensión Menorquina en Palma (Mallorca)
En Mallorca, el modernismo adquirió una expresión propia, impulsada por una burguesía deseosa de incorporar las nuevas tendencias europeas. Palma conserva edificios tan representativos como el Gran Hotel, obra de Lluís Domènech i Montaner, inaugurado en 1903 y convertido hoy en CaixaForum Palma. La Casa Casasayas y la antigua Pensión Menorquina ofrecen otra curiosidad: son dos edificios prácticamente gemelos, levantados frente a frente y separados por una calle estrecha, cuyas fachadas onduladas parecen reflejarse en un espejo. Fueron promovidos por Josep Casasayas, propietario de una conocida pastelería palmesana.
Centro de Sóller con la iglesia de Sant Bartomeu (Mallorca)
Pero es en Sóller donde el movimiento encuentra uno de sus escenarios más evocadores. Rodeada de montañas y naranjales, la localidad prosperó gracias al comercio de cítricos con Francia, país al que emigraron numerosos sollerics que regresaron enriquecidos y trajeron consigo nuevas influencias arquitectónicas. La fachada de la iglesia de Sant Bartomeu y el Banco de Sóller, ambos vinculados al arquitecto Joan Rubió i Bellver, junto a numerosas residencias particulares, transformaron su fisonomía. Llegar en el histórico tren que une Palma con Sóller, inaugurado en 1912, añade todavía más encanto a esta escapada arquitectónica.