Irene de Grecia en 2024.GTRES

Los once signos del alzheimer, la enfermedad que padecía Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía

Este jueves ha muerto la Princesa Irene de Grecia a los 83 años. La hermana pequeña de la Reina Doña Sofía sufría Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se habría agravado con una disfagia, que implica dificultades para manejar líquidos, alimentos o incluso saliva.

Especialista del Centro de Referencia Estatal de Atención de Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias (CREA) explican que el Alzheimer no solo afecta la memoria y las habilidades cognitivas, sino que también puede impactar, a medida que la enfermedad avanza, otras funciones vitales, como la capacidad para realizar el proceso de deglución adecuadamente y provocar que los alimentos o líquidos ingresen en el tracto respiratorio en lugar del esófago, causando complicaciones respiratorias graves, como neumonía por aspiración.

Qué pasa tras el diagnóstico

Tradicionalmente, los científicos han sugerido que el daño causado por el Alzheimer ocurre en varias etapas caracterizadas por niveles crecientes de muerte celular, inflamación y acumulación de proteínas en forma de placas y ovillos. Una investigación reciente sugiere que la enfermedad cambia el cerebro en dos «fases», y que muchos de los cambios tradicionalmente estudiados ocurren rápidamente durante la segunda fase, que coincide con la aparición de problemas de memoria y otros síntomas.

Una primera fase, la temprana, ocurre de manera lenta, gradual y silenciosa, antes de que las personas experimenten problemas de memoria y daña solo unos pocos tipos de células vulnerables. Los cambios en esta primera fase incluyen la acumulación lenta de placas, la activación del sistema inmunológico del cerebro, el daño al aislamiento celular que ayuda a las neuronas a enviar señales y la muerte de células llamadas neuronas inhibidoras de la somatostatina (SST).

La segunda fase, la tardía, causa un daño que es más destructivo y coincide con la aparición de los síntomas y la rápida acumulación de placas, ovillos y otras características del Alzheimer.

Once síntomas

Matthew Cohen, profesor asociado de ciencias y trastornos de la comunicación en la Universidad de Delaware y director asociado del Centro de Investigación del Envejecimiento Cognitivo de Delaware, explica la diferencia entre los errores normales del cerebro, sobre todo a medida que envejece y lo que sí puede ser un problema de salud?

Pérdida de memoria cotidiana: Se presentan dificultades reiteradas en las funciones de pensamiento o recuerdo, como repetir preguntas frecuentemente o requerir cada vez más apoyo externo —ya sea de objetos o personas— para poder rememorar hechos o detalles.

Dificultades con las finanzas personales: Surgen complicaciones para gestionar el dinero y los asuntos económicos habituales, como realizar pagos, controlar gastos o evitar engaños. Un ejemplo claro es la entrega de sumas elevadas a desconocidos que comercian por teléfono.

Desorientación en entornos familiares: Actividades comunes dentro del entorno doméstico, como conducir hacia destinos habituales o rememorar las normas de juegos conocidos, comienzan a resultar problemáticas.

Confusión sobre fechas y compromisos: La persona pierde la referencia temporal o espacial, olvidando con facilidad fechas importantes, citas o incluso el lugar en el que se encuentra.

Alteraciones en la percepción visual: Pueden aparecer distorsiones en la manera de interpretar lo que se ve. Esto incluye problemas para entender imágenes, evaluar distancias o percibir correctamente la ubicación de los objetos, lo cual afecta especialmente a tareas como la conducción.

Trastornos en el lenguaje oral o escrito: Se experimentan nuevos inconvenientes para expresarse verbalmente o por escrito. Aunque es común buscar palabras ocasionalmente, en estos casos las dificultades son comparativamente más severas que en personas de edad similar y afectan significativamente la capacidad de mantener o seguir una conversación.

Pérdida frecuente de objetos personales: Extraviar objetos se convierte en algo habitual, y también se ve afectada la capacidad para recordar dónde fueron colocados. Cuando además se acusa a otras personas de haber robado lo perdido, podría ser señal de un problema de salud subyacente.

Toma de decisiones inusuales o erróneas: Comienzan a producirse elecciones inapropiadas, ilógicas o incoherentes con el carácter habitual de la persona.

Descuido del aseo y la imagen personal: Se detecta una disminución en la atención al cuidado físico: ducharse, vestirse adecuadamente o arreglarse dejan de ser una prioridad.

Aislamiento progresivo del entorno social: La persona deja de asistir al trabajo, evita compromisos sociales o renuncia a actividades que antes le resultaban placenteras. En estos contextos, puede mostrarse irritable o incómoda, incluso en presencia de familiares o amigos.

Cambios notables en el estado de ánimo y la forma de ser: Se produce una transformación en la actitud y el comportamiento. Es frecuente que la persona se vuelva más suspicaz, deprimida, temerosa o ansiosa. También puede dejar de empatizar con los demás o actuar de manera inapropiada en público, emitiendo comentarios fuera de lugar o sin conciencia del entorno.