Factores genéticos, la alimentación o las enfermedades cambian el olor corporalGetty/ JOSEP SURIA

Por qué hay personas que huelen mejor que otras

Factores genéticos, pero también la alimentación o las enfermedades, cambian el olor corporal

El olor corporal es único para cada persona y depende de factores biológicos, ambientales o de salud. Los expertos explican que no es el sudor en sí lo que genera mal olor, sino la interacción de las glándulas sudoríparas con las bacterias de la piel.

Muchos factores influyen en la intensidad y el tipo de olor, desde la microbiota cutánea, la genética, el estado hormonal, la alimentación, el consumo de alcohol o medicamentos, y la higiene personal. Además, ciertas enfermedades pueden alterar el aroma corporal, reflejando desequilibrios internos. En conjunto, estos factores crean una «firma olfativa» propia de cada individuo.

Según explica en una entrevista publicada en Infosalus la doctora en Biología y una de las principales expertas y referentes en la investigación del olfato en España, Laura López Mascaraque, constantemente desprendemos una corriente de moléculas invisibles a través de la piel, del sudor, o del aliento, o incluso a través de nuestras lágrimas: «Todas esas partículas minúsculas que se mezclan con el aire y dejan un rastro químico, muchas veces imperceptible, pero que constituyen una forma de comunicación. Es lo que se conoce como 'volatiloma humano'», precisa.

Este volatiloma humano se adhiere a nuestra ropa, impregna los espacios que habitamos y acompaña a nuestra presencia como una firma aromática que otros pueden reconocer, e incluso rechazar o recordar. «Y aunque intentemos neutralizarlo con duchas, jabones, perfumes y desodorantes, siempre queda un resto, un fondo que ninguna fragancia consigue borrar», asevera esta experta y profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) y presidenta de Red Olfativa Española.

De qué depende el olor

Cada persona tiene un «microcosmos aromático» único, resultado de la combinación de factores biológicos –como genética, glándulas sudoríparas, microbiota y dieta– y factores culturales y emocionales que matizan el olor. La alimentación influye notablemente: ajo, cebolla o especias como el curry impregnan el sudor y el aliento, mientras que frutas y verduras generan aromas más frescos. Las emociones también modifican el olor: la ansiedad lo vuelve más ácido, el miedo lo intensifica y la tranquilidad lo suaviza. Hormonas, medicamentos y ciertas enfermedades afectan la composición del sudor, sebo y aliento.

Cada ser humano porta una firma aromática que cambia con la edad, el clima, la dieta o el momento del día

Este olor personal, o huella olfativa, impacta en la atracción, la elección de pareja, la relación madre-hijo, la confianza entre amigos y la empatía hacia desconocidos.

Algunas enfermedades provocan cambios característicos: la diabetes produce un olor dulce y afrutado por cetonas, la insuficiencia hepática genera aromas a pescado crudo o tierra húmeda por compuestos sulfurados, y la insuficiencia renal origina notas amoniacales. Infecciones bacterianas específicas también pueden modificar el olor mediante moléculas propias de los microorganismos, como ciertos ácidos presentes en Staphylococcus aureus.