Lengua en forma de trebol

Lengua en forma de trebolGetty Images/iStockphoto

¿Puedes doblar la lengua? ¿Habilidad o genética? Esto es lo que dice la ciencia

La lengua es uno de los músculos más importantes del cuerpo humano. Interviene en la articulación de las palabras, en la masticación, en la deglución y en la sensación gustativa, pero, además, es un órgano en el que los profesionales sanitarios pueden detectar numerosas enfermedades. Por ejemplo, una persona sana debe ser rosada y estar limpia, ya que factores como un déficit de vitaminas, el estrés o los cambios hormonales pueden provocar inflamación o grietas en la lengua, lo que se denomina lengua geográfica. Asimismo, una lengua pálida o blanca puede ser un signo de anemia o infecciones fúngicas.

Además de ser un músculo para la movilidad en el habla, el transporte oral de alimentos y la deglución, la ciencia sigue investigando la capacidad de los humanos para realizar movimientos como el enrollamiento, torsión, plegado o el movimiento de «trébol». En un estudio de 2020, se preguntó a 387 adultos sanos holandeses si podían realizar algunos de los movimientos linguales específicos. Los resultados fueron que el 83,7% eran capaces de enrollar la lengua, pero movimientos más complejos con el plegado ya solo podía un 27,5 % mientras que hacer el trébol, tan solo un 14,7 %.

Lengua en forma de tubo

Lengua en forma de tuboGetty/ Ivan Lonan

La genética no lo es todo

Hasta hacer unos años, los científicos achacaban a la genética la capacidad de hacer movimientos complejos con la lengua pero diferentes estudios científicos han echado por tierra esta teoría. Juan H. McDonald, profesor del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Delaware explica en un artículo por qué esta capacidad de doblar o girar la lengua no debe considerarse un don genético sino una habilidad adquirida.

El profesor explica que es cierto que algunas personas pueden enrollar la lengua formando un tubo, mientras que otras no. Este rasgo se ha utilizado con frecuencia en las clases de biología para explicar conceptos básicos de genética.

En 1940, el genetista Alfred Sturtevant, describió esta capacidad como un carácter determinado por dos alelos: uno dominante, que permite enrollar la lengua (representado como T o R), y otro recesivo, que impide hacerlo (t o r). Sin embargo, numerosos estudios posteriores han demostrado que esta explicación es incorrecta, aunque el ejemplo sigue siendo popular en la enseñanza.

Por lo general, cuando se pregunta por primera vez, la mayoría de las personas pueden enrollar la lengua con facilidad (denominadas «R») o no pueden hacerlo en absoluto («NR»). Se estima que entre el 65 % y el 81 % de la población posee esta capacidad, con una ligera mayor proporción en mujeres que en hombres (Sturtevant, 1940; Urbanowski y Wilson, 1947; Liu y Hsu, 1949; Komai, 1951; Lee, 1955). No obstante, como decía Sturtevant en su primer estudio, algunas personas, especialmente niños, inicialmente no pueden hacerlo, pero lo aprenden con el tiempo. Por ejemplo, Taku Komai en 1951, observó que en escolares japoneses la proporción aumentaba del 54 % entre los 6 y 7 años al 76 % a los 12 años, lo que sugiere que más del 20 % adquiere esta habilidad durante ese periodo. Este hecho constituye una evidencia clara de que no se trata de un rasgo genético simple. Además, existen individuos que solo logran enrollar parcialmente la lengua, lo que dificulta clasificarlos como enrolladores o no enrolladores.

En su artículo, McDonald afirma que los estudios familiares indican que la capacidad de enrollar la lengua no sigue un patrón genético sencillo, y las investigaciones con gemelos muestran que está influida tanto por factores genéticos como ambientales. A pesar de ello, continúa siendo uno de los ejemplos más utilizados para ilustrar rasgos mendelianos en humanos. El propio Sturtevant en 1965, llegó a expresar su incomodidad al ver este caso presentado como un ejemplo establecido de herencia mendeliana. En definitiva, la genética puede influir, pero no actúa de forma aislada.

Poder o no poder

En la actualidad, los especialistas consideran que esta habilidad es un rasgo poligénico y multifactorial. Esto significa que intervienen varios genes, cada uno con efectos pequeños, y que su expresión depende también de factores como el entorno, el desarrollo y las características físicas individuales.

Los genetistas explican que la capacidad de enrollar la lengua no depende únicamente de factores genéticos, sino que también está condicionada por diversos elementos físicos y funcionales relacionados con la propia anatomía y el control muscular. Entre ellos, la coordinación muscular desempeña un papel fundamental. La lengua es un órgano compuesto por una red compleja de músculos que deben actuar de manera precisa y sincronizada para adoptar determinadas formas. Este control motor fino no es innato en todos los casos y puede desarrollarse con la práctica, lo que explica por qué algunas personas adquieren esta habilidad con el tiempo.

A este aspecto se suma la biomecánica y la configuración del espacio oral. Las dimensiones del paladar, así como el volumen disponible dentro de la cavidad bucal, influyen directamente en la capacidad de movimiento de la lengua. Un espacio más amplio o una determinada forma del paladar pueden facilitar la curvatura necesaria para enrollarla, mientras que otras características estructurales pueden dificultarlo. De este modo, la anatomía individual condiciona en gran medida la ejecución de este gesto.

Asimismo, la flexibilidad anatómica introduce un elemento adicional de variabilidad. Las diferencias naturales en los tejidos, como la elasticidad muscular o la disposición de las estructuras linguales, pueden favorecer o limitar la posibilidad de enrollar la lengua. Estas variaciones, que forman parte de la diversidad biológica entre individuos, refuerzan la idea de que no se trata de un rasgo uniforme ni estrictamente binario.

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