Man snoring loudly in his bed while sleeping

La respiración bucal sostenida puede generar consecuencias acumulativas a largo plazoGetty Images

Respirar por la boca: cómo perjudica a la salud dental y qué problemas puede causar

Con media España acatarrada aumentan los episodios de congestión nasal y, como consecuencia, muchas personas acaban respirando por la boca de manera habitual. Aunque el acto de respirar se produce de forma automática, la vía por la que se realiza tiene una incidencia directa en la salud general y, de manera muy concreta, en la salud bucodental. Por este motivo, los especialistas recomiendan no restar importancia a este hábito y prestar atención a sus posibles efectos para prevenir complicaciones a medio y largo plazo.

Desde Sanitas Dental advierten de que la respiración bucal mantenida en el tiempo no es una cuestión menor. Tal y como señala Gabriela Aldana, integrante del equipo de Calidad Clínica e Innovación de la entidad, «La respiración bucal sostenida puede generar consecuencias acumulativas a largo plazo. Lo que comienza como una molestia pasajera puede derivar en alteraciones estructurales, menor calidad de vida o complicaciones médicas. En algunos casos, este patrón aparece de manera temporal –por ejemplo, ante un resfriado–, pero cuando se mantiene en el tiempo puede provocar diversos efectos adversos».

Una advertencia que pone el foco en la importancia de identificar cuándo este comportamiento deja de ser puntual para convertirse en un hábito persistente.

Trastornos del sueño

Además de las molestias inmediatas, respirar por la boca se relaciona con trastornos del sueño como los ronquidos o la apnea, situaciones que impiden una correcta oxigenación del organismo y afectan negativamente al descanso. Al no pasar el aire por la nariz, se pierde el proceso natural de filtrado, humidificación y calentamiento, lo que provoca una mayor irritación de las vías respiratorias y aumenta la susceptibilidad frente a infecciones o reacciones alérgicas.

Salud dental

Los expertos subrayan, no obstante, que las consecuencias no se limitan al sistema respiratorio. La salud oral también se ve directamente comprometida. Una de las afecciones más habituales es la sequedad bucal, ya que el flujo constante de aire reseca la mucosa y reduce la producción de saliva, un elemento clave para mantener el equilibrio del pH y proteger la boca frente a bacterias. Esta disminución salival favorece, a su vez, la aparición de caries, gingivitis y halitosis persistente, al incrementarse la proliferación bacteriana y reducirse la limpieza natural de los restos de comida.

En edades tempranas, el impacto puede ser aún mayor. La respiración bucal en la infancia altera la posición de la lengua y de la mandíbula, lo que puede influir en el desarrollo de los huesos faciales. Estas modificaciones pueden traducirse en problemas de alineación dental, mordidas abiertas o apiñamientos que, en muchos casos, requieren tratamientos posteriores más complejos. Asimismo, mantener la boca abierta de forma constante genera tensión muscular y cambios posturales en la mandíbula, lo que puede derivar en desgaste dental y molestias articulares.

Para minimizar estos riesgos durante los periodos de congestión nasal, los especialistas aconsejan adoptar una serie de hábitos sencillos. Entre ellos, reforzar la higiene bucal mediante un cepillado exhaustivo tras cada comida, el uso de hilo dental y enjuagues antibacterianos. También recomiendan beber agua con frecuencia y limitar el consumo de bebidas azucaradas o alcohólicas, que acentúan la sequedad de la boca. El uso de sueros fisiológicos o la realización de lavados nasales contribuyen a mantener las vías respiratorias despejadas, reduciendo así la necesidad de respirar por la boca. Del mismo modo, conviene evitar el humo, el polvo y los ambientes excesivamente secos, que irritan la mucosa nasal.

En los casos en los que los síntomas se prolongan, los profesionales insisten en la importancia de consultar con un especialista. Tal y como concluye Gabriela Aldana, «Si los síntomas persisten, se aconseja consultar con un profesional odontológico o médico. Detectar el problema a tiempo, especialmente en la infancia, permite aplicar tratamientos menos invasivos y más eficaces, favoreciendo el correcto desarrollo facial y dental». Una recomendación que refuerza la idea de que la prevención y el diagnóstico precoz son claves para evitar complicaciones futuras.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas