Nevera con alimentos
En qué zona de la nevera se deben guardar los alimentos ya cocinados y qué colocar en la puerta
Cómo usar bien la nevera para evitar bacterias y conservar los alimentos de forma segura
La nevera se ha consolidado como uno de los electrodomésticos más importantes en hogares, bares, restaurantes, residencias y centros educativos, al permitir conservar los alimentos frescos durante más tiempo. No obstante, un uso inadecuado puede favorecer la proliferación de bacterias y hongos en su interior. Según un estudio de la Universidad de California, en cada centímetro cuadrado del frigorífico habitan de media 11,4 millones de bacterias de géneros como «Listeria», «Bacillus», «Staphylococcus», «Kocuria», «Pseudomonas», «Cladosporium» y «Campylobacter».
Mantener la inocuidad de los alimentos requiere una higiene rigurosa, así como inspecciones periódicas de los productos almacenados y una correcta distribución en el interior del electrodoméstico.
Dónde colocar los alimentos
En cuanto a la colocación, los estantes superiores presentan temperaturas más constantes, mientras que los inferiores son los más fríos. En las baldas superiores y centrales deben situarse los alimentos que, una vez abiertos, necesitan refrigeración, como platos ya cocinados, productos listos para el consumo, lácteos y embutidos.
Por su parte, el estante inferior –ubicado justo por encima del cajón– es la zona más fría y está destinada a los alimentos más perecederos, como carnes y pescados crudos, así como productos en proceso de descongelación. Aunque se utilicen recipientes para recoger los líquidos, esta disposición ayuda a evitar la contaminación de otros alimentos.
El cajón inferior y la puerta del frigorífico presentan temperaturas más elevadas. El primero resulta adecuado para frutas y verduras, ya que el frío excesivo puede deteriorarlas. La puerta, considerada la zona menos fría, está indicada para bebidas y salsas no caseras, como «ketchup» o «mostaza». Los huevos, sin embargo, no deben almacenarse en este espacio.