Javier Martínez, nutricionista

Javier Martínez: «El agua de mar no cura el cáncer ni desintoxica»

El nutricionista advierte de los peligros que pueden derivarse de dar credibilidad a estos bulos

Las recientes publicaciones difundidas en redes sociales que atribuyen supuestos «beneficios» al consumo de agua de mar han vuelto a poner el foco en los riesgos de determinados mensajes relacionados con la salud que circulan sin base contrastada. Entre esas afirmaciones se encuentran algunas especialmente graves, como las que presentan esta práctica como una posible vía para curar enfermedades tan serias como el cáncer.

Ante este tipo de contenidos, Javier Martínez, nutricionista de HM Hospitales y autor de El poder de comer bien (Ed. Espasa), advierte de los peligros que pueden derivarse de dar credibilidad a estos bulos. El especialista subraya la importancia de no confundir recomendaciones nutricionales con mensajes sin respaldo que se viralizan con rapidez en plataformas digitales y que pueden llevar a algunas personas a adoptar hábitos perjudiciales para su salud. Para aclarar conceptos como qué es el agua de mar o la diferencia con las bebidas isotónicas, el reconocido nutricionista ha respondido a El Debate.

–¿Cuál es la diferencia entre el agua de mar embotellada para consumo y el agua recogida directamente del mar?

–La principal diferencia está en el control sanitario. El agua de mar embotellada destinada al consumo suele recogerse en zonas concretas, filtrarse y someterse a controles microbiológicos y de calidad. En cambio, el agua tomada directamente del mar puede contener microorganismos, contaminantes, microplásticos, residuos químicos o toxinas producidas por algas.

Ahora bien, que un producto sea seguro desde el punto de vista microbiológico no significa necesariamente que sea recomendable como bebida habitual. El agua de mar, incluso embotellada, sigue teniendo una concentración elevada de sodio.

–¿Qué diferencias existen entre el agua de mar y las bebidas isotónicas o los suplementos minerales convencionales?

–Las bebidas isotónicas están formuladas específicamente para favorecer la hidratación y reponer electrolitos en determinadas situaciones, como ejercicio prolongado o altas pérdidas por sudor. Su composición está diseñada para optimizar la absorción de líquidos y evitar un exceso de sales.

El agua de mar no está diseñada con ese objetivo. Aunque contiene minerales, también aporta una cantidad muy elevada de sodio. Además, los suplementos minerales convencionales permiten ajustar dosis concretas de magnesio, potasio o calcio según las necesidades de cada persona, algo que no ocurre con el agua de mar.

Desde un punto de vista nutricional, si una persona necesita mejorar hidratación o reposición electrolítica, existen estrategias mucho más estudiadas, seguras y precisas.

–En redes sociales circulan mensajes que atribuyen al agua de mar propiedades «curativas». ¿Hay alguna afirmación que considere especialmente preocupante o falsa?

–Sí. Especialmente preocupantes son las afirmaciones que aseguran que el agua de mar «cura el cáncer», «desintoxica el organismo», «regenera células» o «alcaliniza la sangre». Ninguna de estas afirmaciones tiene respaldo científico sólido.

En nutrición y salud, que algo sea natural no significa automáticamente que sea beneficioso ni inocuo

El problema no es solo la desinformación, sino que algunas personas pueden acabar sustituyendo tratamientos eficaces o hábitos realmente importantes por productos que se presentan como «naturales» o «milagrosos». Y aquí, de nuevo, se pone de manifiesto algo importante: muchas veces buscamos soluciones extraordinarias mientras olvidamos lo esencial. La mayor parte de la salud metabólica y cardiovascular sigue dependiendo de hábitos básicos y bien demostrados, como mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir bien y evitar el tabaquismo.

–Desde el punto de vista nutricional, ¿hay alguna situación concreta en la que recomendaría su consumo o, por el contrario, lo desaconsejaría totalmente?

–En población general no considero necesario consumir agua de mar. La gran mayoría de las personas pueden cubrir perfectamente sus necesidades de hidratación y minerales mediante agua potable y una alimentación equilibrada.

Además, en personas con hipertensión arterial, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca o problemas cardiovasculares, su consumo puede ser especialmente desaconsejable por el elevado contenido en sodio.

En algunos contextos deportivos muy específicos se han estudiado pequeñas cantidades de agua de mar diluida, pero la evidencia es limitada y no muestra ventajas claras frente a las bebidas de reposición convencionales. Por eso, no la recomendaría como estrategia habitual.

–En el libro El poder de comer bien asegura que comer sano no debería ser complicado. ¿Por qué cree que existe tanta confusión actualmente sobre nutrición?

–Porque convivimos con un exceso de información y, muchas veces, con muy poca jerarquía de evidencia. En redes sociales puede tener la misma visibilidad una opinión personal que una recomendación basada en estudios científicos.

Además, los mensajes simples, extremos o milagrosos suelen difundirse mejor que las recomendaciones razonables. Decir que un alimento «cura» o «destruye» la salud genera más atención que explicar que la salud depende sobre todo de hábitos mantenidos en el tiempo.

La nutrición basada en evidencia suele ser menos espectacular, pero mucho más útil: comer suficiente fruta y verdura, dar a las legumbres un lugar privilegiado en nuestros menús, priorizar alimentos frescos y no ultraprocesados, dormir bien, moverse y mantener hábitos sostenibles.

–¿Cuáles son los errores alimentarios más frecuentes que observa en consulta?

–Uno de los más frecuentes es buscar soluciones rápidas para problemas complejos. Muchas personas intentan compensar años de malos hábitos con suplementos, productos «detox» o dietas extremas.

También observo una baja ingesta de alimentos frescos y un exceso de productos ultraprocesados, además de horarios irregulares, poco descanso y sedentarismo. Otro error común es vivir la alimentación desde la culpa o la obsesión, cuando la salud nutricional debería construirse desde la constancia y el equilibrio.

–¿Qué hábitos cotidianos considera que tienen un mayor impacto en la salud a largo plazo?

–Los hábitos más importantes suelen ser también los más básicos: mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de forma regular, dormir suficientes horas, no fumar, moderar el alcohol y gestionar bien el estrés. Pero lo que más me preocupa es que cuanto más nos alejamos de la naturaleza, al igual que de la ciencia, enfermamos. Necesitamos un mayor contacto con la naturaleza y menos con las pantallas.

Muchas veces buscamos «superalimentos» o estrategias complejas, cuando el mayor impacto real sobre la salud viene de repetir conductas sencillas durante años. La evidencia científica es bastante clara en esto: la consistencia suele ser mucho más importante que las modas nutricionales.