Agua con gas

Agua con gasGetty Images

Un vasito de agua con gas puede mejorar la digestión, según explica Blanca García-Orea

El agua con gas se ha consolidado como una de las alternativas al alza entre los consumidores que buscan reducir el consumo de refrescos sin renunciar a una bebida con mayor atractivo que el agua del grifo. Su popularidad creciente responde a una combinación de factores: ofrece una experiencia más estimulante y, al mismo tiempo, evita el contenido azucarado y calórico de otras opciones.

Además de no aportar calorías ni azúcares añadidos, recientes investigaciones sugieren que podría favorecer la pérdida de peso al mejorar la absorción y el metabolismo de la glucosa, según un estudio publicado en la revista BMJ Nutrition, Prevention & Health.

Se sabe que el agua carbonatada produce sensación de saciedad, ayuda a controlar el apetito y podría acelerar la digestión, al tiempo que reduce los niveles de glucosa en sangre. Por ello, se ha considerado como un posible aliado en los planes de adelgazamiento.

La experta en nutrición digestiva y hormonal Blanca García-Orea, conocida en redes sociales como Blancanutri, explica que, además, el agua con gas puede contribuir a aliviar algunos problemas digestivos, favorecer la expulsión de gases y, en consecuencia, reducir la sensación de hinchazón abdominal. Esto se debe a que, al contener dióxido de carbono, puede estimular ciertos procesos digestivos. Cuando ese dióxido de carbono llega al estómago, se transforma en ácido carbónico, y ese cambio puede favorecer la liberación de ácido clorhídrico, una sustancia esencial para descomponer los alimentos, especialmente las proteínas, y para facilitar la absorción de vitaminas y minerales.

Tomar un pequeño vaso de agua con gas antes de las comidas puede servir para activar la digestión y mejorar algunas molestias que suelen aparecer cuando el estómago no tiene la acidez suficiente.

Beber sin excederse

No obstante, conviene no excederse. Beber más de un vaso puede tener el efecto contrario y aumentar la sensación de gases, así como la distensión abdominal.

Una investigación del Centro de Diálisis, Hospital de Neurocirugía Tesseikai, Shijonawate, en Japón, afirmaba que beber agua carbonatada puede tener algunos efectos sobre el sistema digestivo, especialmente en personas con estómagos sensibles o con afecciones gastrointestinales preexistentes. Las principales preocupaciones incluyen hinchazón, gases y, en algunos casos, exacerbación de ciertos síntomas asociados con trastornos digestivos, como el síndrome del intestino irritable o la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

«La moderación es clave para evitar las molestias y al mismo tiempo disfrutar de los posibles beneficios metabólicos del agua carbonatada», concluyen los expertos.

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