Frases habituales como «sé fuerte» o «todo irá bien» pueden aumentar el malestar emocional de pacientes y familiaresGetty Images

Qué decir (y qué no) a una persona al final de la vida: la importancia del acompañamiento compasivo

Expertos advierten de que frases habituales como «sé fuerte» o «todo irá bien» pueden aumentar el malestar emocional de pacientes y familiares

Acompañar a una persona con una enfermedad avanzada o en la etapa final de la vida es una de las experiencias más complejas a las que se enfrentan familiares, amigos y profesionales sanitarios. En un contexto marcado por el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento emocional, la buena voluntad no siempre basta y, con frecuencia, las expresiones más habituales pueden resultar poco útiles o incluso contraproducentes.

Frases como «ánimo», «sé fuerte» o «a ver si la cosa mejora», pronunciadas con la intención de consolar, forman parte de los errores más comunes durante el acompañamiento emocional, según los especialistas.

Con el objetivo de mejorar la atención y el apoyo en estas situaciones, el proyecto Al final de la vida, impulsado por la Fundación Vivo Sano, ha puesto en marcha una formación específica en acompañamiento compasivo dirigida a profesionales sanitarios, voluntarios y familiares.

La directora del proyecto, la psicóloga Diana Prieto, subraya la necesidad de este tipo de iniciativas. «Es una formación muy útil y también muy necesaria, porque todos nos hemos enfrentado y nos seguiremos enfrentando a situaciones de gran sufrimiento que rodean los últimos tramos vitales, porque forman parte intrínseca de la vida», señala.

La iniciativa se desarrolla actualmente en dos hospitales públicos madrileños, el Hospital Clínico San Carlos y el Hospital del Henares, donde un grupo de voluntarios ofrece acompañamiento emocional a pacientes y familiares que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad.

Aunque gran parte de su labor se centra en personas que afrontan la fase final de la vida, también prestan apoyo a pacientes hospitalizados que se encuentran solos o atraviesan circunstancias especialmente difíciles.

«Los voluntarios realizan un trabajo de sostén emocional que es importante, porque afortunadamente en España tenemos una atención clínica y sanitaria maravillosa y muy avanzada, pero la escasez actual de profesionales sanitarios aumenta las listas de espera, pero cuando nos morimos, no podemos esperar. Aún hace falta avanzar en la humanización de los hospitales», explica Diana Prieto.

Los expertos insisten en que acompañar emocionalmente requiere formación específica. Según Prieto, la intervención en situaciones de intenso sufrimiento debe ir mucho más allá de la intuición o la espontaneidad.

«Es importante que los voluntarios tengan formación específica, más allá de la buena voluntad que les mueve, porque van a tener que abordar situaciones de un enorme estrés emocional, y hay que saber dar espacio y dejar fluir ese sufrimiento. Se necesita una intervención muy diferente a la que haríamos cualquiera de manera espontánea», argumenta.

Entre los errores más frecuentes se encuentran expresiones como «tranquilízate» o «respira» ante una crisis emocional intensa. Según los especialistas, estas frases pueden incrementar la sensación de desorganización interna en la persona que sufre.

Del mismo modo, preguntar «¿estás bien?» a alguien que acaba de recibir una mala noticia o se encuentra en estado de shock puede resultar poco adecuado. En estas circunstancias, los expertos recomiendan optar por mensajes sencillos como «no tienes que hacer nada» o «estoy aquí contigo», permitiendo que la persona exprese sus emociones a su propio ritmo.

«La persona que acompaña se limita a sostener ese sufrimiento, sin negarlo. No hay que forzar nada, no hay que resolver nada. Nuestra presencia y escucha, bien hecha, en la medida que quieran el paciente o su familia, puede ser una herramienta muy valiosa para aliviar el malestar», afirma Prieto.

Escuchar y acompañar

Uno de los principales objetivos de la formación es ayudar a los voluntarios a desarrollar herramientas de escucha activa, presencia consciente y regulación emocional.

«Lo primero que se hace en la formación a los voluntarios es ser consciente de esa tendencia natural que tenemos todos de querer solucionar, ser eficaces, conseguir algo concreto… y soltarla», explica la psicóloga.

Además, los participantes aprenden a establecer una distancia emocional saludable para evitar el desgaste psicológico asociado al acompañamiento.

«Si me desbordo con las emociones de la familia o los pacientes, pierdo la capacidad de acompañar desde la calma, y la claridad de lo que se necesita en ese momento. Y es aquí donde necesitamos un gran equilibrio interno que nos permita conectar con el sufrimiento de la persona de manera consciente y compasiva, sin ser arrastrados», detalla.

La formación también aborda la importancia de los silencios, una herramienta que suele generar incomodidad en quien acompaña, pero que puede resultar fundamental para que pacientes y familiares procesen sus emociones.

Cultura del buen morir

Bajo el lema «El buen morir es cosa de todos», el proyecto Al final de la vida busca promover un cambio cultural que ayude a desmitificar la muerte y favorezca una mayor implicación social en el cuidado y acompañamiento de las personas durante el final de la vida.

«La labor que hacen estos voluntarios humaniza muchísimo la estancia en el hospital. Aunque desde los cuidados paliativos se tiene un trato exquisito con los pacientes en situación de final de vida, así como con sus familias, en otros servicios a veces este aspecto puede no estar tan cuidado, puesto que el ritmo del propio hospital hace imposible una atención tan delicada y que, sin duda, requiere un tiempo que muchas veces los sanitarios no tienen», concluye Diana Prieto.

Programa formativo

El programa formativo consta de siete módulos en los que se abordan aspectos como la autorregulación emocional, la compasión como actitud de acompañamiento, la comunicación afectiva y efectiva o el duelo. Tras completar esta formación, la organización prevé incorporar a 20 nuevos voluntarios a su actual red de acompañamiento.