El secreto del amor duradero podría estar oculto en ecuaciones matemáticas@ GETTY/ FRED WAGNER

¿Puede la ciencia saber si una pareja durará toda la vida?

La idea central es relativamente sencilla: toda relación posee un umbral mínimo de estabilidad

¿Puede una ecuación ayudar a entender por qué unas parejas duran toda la vida y otras terminan separándose? Aunque la idea pueda parecer propia de una novela de ciencia ficción, un creciente número de investigaciones desarrolladas durante las últimas tres décadas apunta a que las relaciones sentimentales siguen patrones predecibles y que las matemáticas pueden convertirse en una herramienta para detectar señales de alerta antes de que sea demasiado tarde.

Uno de los investigadores que trabaja en esta línea es el profesor Laurent Pujo-Menjouet, de la Universidad de Lyon I, quien, junto a un equipo internacional, ha desarrollado modelos matemáticos que analizan la evolución de los sentimientos amorosos como si se tratara de sistemas dinámicos.

En su libro ¡Amor! ¡Valor! ¡Ecuaciones!, donde las matemáticas se encuentran con la literatura, la psicología, el cine y la vida cotidiana, el investigador resume esta idea con una reflexión: «No hay ningún encantamiento misterioso ni poción mágica. A estas alturas, eso ya se sabría. ¿Significa entonces que todo está perdido? Desde luego que no. Ahí es precisamente donde todo se vuelve interesante».

De los conejos a las relaciones de pareja

Curiosamente, el origen de estos modelos no está en la psicología, sino en el estudio de las poblaciones animales.

Las mismas ecuaciones que durante décadas sirvieron para analizar el crecimiento de los conejos en Australia o la relación entre los linces canadienses y las liebres también han acabado aplicándose al comportamiento de las parejas.

Entre ellas figura el llamado efecto Allee, un concepto matemático que describe cómo una población que cae por debajo de un determinado umbral crítico tiene muchas más probabilidades de desaparecer, mientras que, si logra mantenerse por encima de ese límite, puede seguir desarrollándose. Según los investigadores, algo similar ocurre con las relaciones sentimentales.

«Del mismo modo que podemos predecir el crecimiento de la población o las especies en peligro de extinción, podemos modelar la evolución de los sentimientos dentro de una pareja», explica Pujo-Menjouet.

«No intentamos predecir de quién te enamorarás, sino comprender por qué algunas parejas se mantienen estables a pesar de los inevitables golpes de la vida»Profesor Laurent Pujo-Menjouet

Su trabajo se apoya en una larga tradición científica que arranca con los modelos demográficos de Thomas Malthus en el siglo XVIII, continúa con las ecuaciones depredador-presa de Lotka y Volterra y llega hasta investigadores contemporáneos como el psicólogo John Gottman, el economista José Manuel Rey, el físico Sergio Rinaldi o el matemático Steven Strogatz, pionero en aplicar la teoría de sistemas dinámicos al estudio del amor.

El punto de no retorno

Uno de los referentes en este campo es el psicólogo John Gottman, conocido como el «Doctor Amor», quien demostró que era posible predecir la evolución de muchas relaciones analizando y cuantificando las interacciones entre sus miembros.

Los modelos actuales han incorporado nuevos elementos, como el tiempo que tarda una persona en procesar un conflicto. Según investigaciones de los científicos polacos Bielezyk, Forys y Marek Bodnar, ese retraso puede hacer que una discusión se diluya... o termine agravándose.

Sin embargo, la idea central sigue siendo relativamente sencilla: toda relación posee un umbral mínimo de estabilidad.

«Si tus sentimientos caen por debajo de este umbral y se mantienen ahí, las matemáticas predicen un inevitable declive hacia la separación», afirma Pujo-Menjouet. «Sin embargo, comprender este umbral les brinda a las parejas una herramienta poderosa: pueden reconocer las zonas de peligro y tomar medidas correctivas».

Tres factores clave en la pareja

El modelo desarrollado por el equipo de Pujo-Menjouet también incorpora situaciones habituales en cualquier relación, como las discusiones, el estrés laboral, los problemas económicos o las dificultades familiares, para analizar la capacidad de recuperación de la pareja.

Según los investigadores, la estabilidad de una relación depende principalmente de tres factores. La combinación de estos elementos determina la resiliencia de la pareja frente a las dificultades.

  1. Grado de atracción mutua
  2. Desgaste natural que experimentan los sentimientos con el paso del tiempo
  3. Forma en que cada miembro responde emocionalmente al otro.

Para ilustrarlo, el matemático recurre a un cuento universal.

«La vida siempre nos enviará sus lobos: el estrés, la enfermedad, el trabajo, los hijos, las dificultades económicas. Las matemáticas nos ayudan a comprender cómo construir una casa de ladrillos en lugar de una de paja».

GPS para las relaciones

El siguiente paso de esta línea de investigación pasa por combinar los modelos matemáticos tradicionales con herramientas de inteligencia artificial capaces de detectar cambios en la dinámica de una relación y actuar como un sistema de alerta temprana.

«La cuestión importante no es si las parejas discuten sino si tienen la suficiente capacidad de recuperación para volver al equilibrio después»Profesor Laurent Pujo-Menjouet

«Piensen en ello como un GPS para las relaciones», dice Pujo-Menjouet. «Les muestra dónde están, hacia dónde se dirigen y les sugiere rutas para llegar a su destino. Los modelos no les dicen a quién amar, sino que ayudan a explicar cómo evoluciona el amor y qué pueden hacer las parejas para protegerlo».

Pese al potencial de estos modelos, los investigadores advierten de que sus conclusiones deben interpretarse con cautela.

Por un lado, la mayoría de los estudios se han realizado con parejas de sociedades occidentales, por lo que los factores que explican el éxito o el fracaso de una relación pueden variar según la cultura, la religión, el contexto socioeconómico o incluso la generación.

Las matemáticas permiten identificar tendencias, pero no determinan el destino de una pareja

Además, recuerdan que el comportamiento humano está lleno de matices difíciles de traducir a una ecuación. Las matemáticas permiten identificar tendencias, pero no determinan el destino de una pareja. El compromiso, la terapia, la comunicación o el crecimiento personal pueden modificar cualquier pronóstico.

«Las matemáticas pueden revelar patrones y ofrecer orientación», explica Pujo-Menjouet, «pero, en última instancia, el éxito de una relación depende de que dos personas elijan, día a día, cultivar su conexión. Las ecuaciones pueden mostrarles el camino, pero aun así deben recorrerlo juntos».