Sequedad vaginalGetty/Siam Pukkato

Sequedad vaginal después del verano: por qué septiembre lleva a muchas mujeres a la farmacia

La farmacéutica Teresa Bueno y la doctora Rebeca García explican las causas, síntomas y cuándo consultar

Hay temas de salud que todavía nos cuesta sacar en una conversación. La sequedad vaginal es uno de ellos. Sin embargo, es mucho más frecuente de lo que parece y, para muchas mujeres, septiembre es el momento en el que empiezan a notarla o a consultar por ella.

Después del verano pueden juntarse varios factores: más tiempo en piscinas, cloro, bañadores húmedos, cambios en las rutinas, menos hidratación… Aunque estos factores no son necesariamente la causa directa de la sequedad vaginal, sí pueden favorecer molestias o irritación en la zona íntima.

A esto se suman los cambios hormonales, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia. Al disminuir los estrógenos, los tejidos vaginales pueden volverse más secos y sensibles, y pueden aparecer tirantez, escozor, molestias durante las relaciones sexuales o sensación de irritación.

Y es importante detenerse aquí porque la sequedad vaginal no aparece únicamente después de la menopausia. También puede producirse en otras etapas en las que cambian los niveles hormonales, como el posparto o durante la lactancia. Determinados medicamentos y algunos tratamientos médicos también pueden favorecerla. Por eso no debemos dar por hecho que todas las mujeres que llegan a la farmacia con los mismos síntomas tienen el mismo problema ni necesitan la misma solución.

También es frecuente confundir la sequedad vaginal con molestias en la zona vulvar. No son exactamente lo mismo. Podemos notar irritación, picor o sensación de piel seca en la parte externa sin que exista necesariamente sequedad dentro de la vagina. Explicar bien dónde aparece la molestia, desde cuándo y en qué circunstancias se intensifica ayuda mucho a orientar correctamente cada caso.

Hidratantes vaginales

Y aquí llega una duda muy habitual en la farmacia: «¿Necesito un lubricante o un hidratante vaginal?». Aunque puedan parecer lo mismo, no lo son. Los lubricantes están pensados principalmente para reducir la fricción en un momento concreto, por ejemplo, durante las relaciones sexuales. Los hidratantes vaginales, en cambio, se utilizan de forma regular para ayudar a mantener la hidratación y aliviar la sensación de sequedad.

A la hora de elegirlos también merece la pena pedir consejo. No todos los productos son iguales ni cualquier gel que tengamos en casa sirve para la zona íntima. Existen hidratantes específicamente formulados para esta zona y productos con ingredientes como el ácido hialurónico, utilizado por su capacidad para favorecer la hidratación. La elección dependerá de los síntomas y de las necesidades de cada mujer.

Además, cuando la sequedad está relacionada con la menopausia y las medidas habituales no son suficientes, existen otras alternativas que pueden valorarse con el médico. Entre ellas se encuentran determinados tratamientos hormonales locales. No todas las mujeres los necesitan ni son adecuados en todos los casos, pero es importante saber que existen opciones y que no tenemos por qué resignarnos a convivir con las molestias.

Más allá de un poco de escozor

Porque sus consecuencias pueden ir más allá de sentir un poco de escozor. Cuando existe dolor durante las relaciones sexuales, por ejemplo, algunas mujeres empiezan a evitarlas. El miedo a que vuelva a doler puede generar tensión y esa tensión hacer que la experiencia resulte todavía más incómoda. Algo que comenzó como un problema físico termina afectando también al bienestar, a la autoestima y a la vida de pareja.

También conviene revisar algunos hábitos. Evitar productos perfumados o demasiado agresivos para la higiene íntima, cambiarse el bañador mojado cuando sea posible y utilizar ropa interior transpirable puede ayudar a mantener el confort de la zona. Y cuidado con una idea bastante extendida: sentirnos más limpias no significa que necesitemos lavar más la zona ni utilizar productos más intensos. Una higiene excesiva también puede favorecer la irritación.

No todo picor o escozor es sequedad

Eso sí, no todo picor o escozor es sequedad. Si aparecen flujo anormal, mal olor, dolor, sangrado, lesiones o molestias que persisten, es importante consultar con un profesional sanitario para descartar una infección u otra causa y elegir el tratamiento adecuado. Tampoco conviene encadenar productos por nuestra cuenta pensando que se trata de hongos cada vez que aparece picor, porque podemos estar tratando algo que sencillamente no tenemos.

La sequedad vaginal no es algo que haya que asumir como «cosas de la edad» ni algo que haya que aguantar en silencioTeresa Bueno, farmacéutica

La farmacia es muchas veces el primer lugar en el que una mujer se atreve a preguntar. Y esa consulta permite no solo recomendar un producto cuando procede, sino detectar cuándo los síntomas necesitan una valoración médica. La duración de las molestias, la edad, otros síntomas asociados, los medicamentos que se estén tomando o el momento hormonal son datos que pueden cambiar completamente la recomendación.

Y, sobre todo, hablarlo. La sequedad vaginal no es algo que haya que asumir como «cosas de la edad» ni algo que haya que aguantar en silencio. Hay opciones para mejorarla y un profesional puede orientarnos según cada caso.

Cuidar la salud íntima también es cuidar nuestra calidad de vida, y nunca debería darnos vergüenza pedir ayuda cuando algo no va bien.

Irritación vulvar puntual

Desde el punto de vista médico, la doctora Rebeca García, experta en medicina hormonal femenina explica que es importante diferenciar la sequedad vaginal de una irritación vulvar puntual. El cloro de las piscinas, la sal, el sudor, los bañadores húmedos, el roce o el uso más frecuente de geles perfumados pueden alterar la barrera externa de la vulva y producir escozor, picor o sensación de tirantez. Sin embargo, cuando la sequedad es persistente, la causa suele ser más profunda y con frecuencia está relacionada con un descenso de los estrógenos.

Los estrógenos ayudan a mantener el grosor, la elasticidad, la vascularización y la lubricación de los tejidos vaginales. Cuando disminuyen, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, la mucosa se vuelve más fina, menos elástica y más frágil. También puede modificarse el pH vaginal y disminuir la presencia de lactobacilos, lo que puede favorecer irritación y, en algunas mujeres, infecciones urinarias recurrentes.

Este conjunto de cambios recibe el nombre de síndrome genitourinario de la menopausia. No se limita únicamente a la sequedad: puede provocar ardor, picor, dolor durante las relaciones sexuales, pequeñas fisuras o sangrado después del coito, necesidad urgente de orinar, escozor al hacerlo e infecciones urinarias repetidas. A diferencia de otros síntomas de la menopausia, como los sofocos, estas molestias no suelen desaparecer espontáneamente y pueden progresar si no se tratan. Las guías clínicas actuales reconocen este conjunto de síntomas y recomiendan individualizar el tratamiento. Guía AUA/SUFU/AUGS sobre síndrome genitourinario de la menopausia⁠.

Aunque es especialmente frecuente alrededor de la menopausia, también puede aparecer durante la lactancia, después del parto, tras determinados tratamientos oncológicos o con medicamentos que reducen la acción de los estrógenos. Además, algunos antihistamínicos y otros fármacos pueden contribuir a la sensación de sequedad.

La elección del tratamiento depende de la causa y de la intensidad de los síntomas. Los lubricantes se utilizan en momentos concretos para disminuir la fricción, especialmente durante las relaciones sexuales. Los hidratantes vaginales, en cambio, se aplican regularmente y proporcionan un alivio más prolongado. Es preferible elegir productos específicamente formulados para la zona íntima, sin perfumes ni sustancias irritantes.

Cuando existe un síndrome genitourinario de la menopausia y estas medidas no son suficientes, puede valorarse un tratamiento local con estrógenos vaginales. Actúan directamente sobre el tejido y presentan una absorción sistémica baja. También existen otras alternativas de prescripción, como la DHEA vaginal o el ospemifeno, que deben indicarse de manera individualizada. NICE aconseja ofrecer estrógeno vaginal para los síntomas genitourinarios asociados a la menopausia, incluso en algunas mujeres que ya utilizan tratamiento hormonal sistémico. Guía NICE sobre menopausia⁠.

En mujeres con antecedentes de cáncer hormonodependiente, el tratamiento requiere una valoración específica. Generalmente se comienza con alternativas no hormonales y, si no son suficientes, la conveniencia de utilizar tratamiento hormonal local debe decidirse conjuntamente con los profesionales responsables de la paciente. Consenso clínico de ACOG⁠.

La sequedad vaginal no es una consecuencia inevitable de la edad ni una molestia que deba normalizarseDra. Rebeca García

Tampoco debemos atribuir automáticamente cualquier picor o escozor a la sequedad. Las candidiasis, otras infecciones vaginales, las dermatitis de contacto y determinadas enfermedades dermatológicas de la vulva pueden ocasionar síntomas similares. El flujo diferente al habitual, el mal olor, las lesiones, el dolor pélvico, el sangrado, las molestias urinarias o la persistencia de los síntomas son motivos para consultar y realizar una exploración.

La sequedad vaginal no es una consecuencia inevitable de la edad ni una molestia que deba normalizarse. Puede afectar al descanso, a la vida sexual, a la autoestima y a la relación de pareja, pero existen tratamientos eficaces. Hablar de ello con naturalidad y consultar a tiempo permite recuperar el bienestar y evitar que el problema se cronifique.