Madre e hija, enfermas juntas sentadas en el sofá

Madre e hija, enfermas juntas sentadas en el sofáGetty Images

¿Otra vez con mocos? La vuelta al cole y el carrusel de virus que entra en casa

La mayoría son procesos leves que mejoran por sí solos en unos días

Septiembre tiene muchas cosas buenas: volver a la rutina, reencontrarse con los amigos, estrenar libros… y, para muchas familias, inaugurar oficialmente la temporada de mocos. Basta con que uno llegue del cole con la nariz taponada para que, unos días después, toda la casa esté tosiendo.

La vuelta al colegio favorece el contacto cercano entre niños y, con él, la circulación de virus respiratorios que provocan los típicos catarros. La mayoría son procesos leves que mejoran por sí solos en unos días. Eso sí, podemos hacer bastante para llevarlos mejor.

Y lo primero es entender que tener varios catarros a lo largo del curso no significa necesariamente que el niño tenga «las defensas bajas». Los colegios y, especialmente, las escuelas infantiles son lugares en los que existe un contacto estrecho y continuado: se comparten espacios, juguetes y materiales y, por supuesto, también virus. Los niños pequeños, además, todavía están desarrollando su inmunidad frente a muchos de ellos, explica la farmacéutica Teresa Bueno.

Por eso tampoco deberíamos obsesionarnos con encontrar productos que prometan «subir las defensas» ante la llegada del otoño. Una alimentación equilibrada, dormir las horas necesarias, mantenerse activo y cumplir con el calendario de vacunación son medidas mucho más importantes que llenar el armario de suplementos sin que exista una necesidad concreta.

Lo básico sigue funcionando

Lo básico sigue funcionando: lavarse bien las manos, ventilar las habitaciones, evitar compartir vasos o cubiertos y enseñar a los más pequeños a toser o estornudar en el codo. Parece lo de siempre, pero estos pequeños gestos ayudan a reducir la transmisión.

Hay otra medida sencilla que a veces olvidamos: si el niño está enfermo, necesita descansar. No todos los mocos obligan a quedarse en casa, pero un niño con fiebre o con un estado general claramente deteriorado no debería continuar su jornada como si nada. Ni por él ni por quienes le rodean. Tampoco debemos olvidar algo tan elemental como ofrecer líquidos con frecuencia, especialmente si tiene fiebre.

Botiquín casero

Y aquí entra el botiquín. Para un catarro común, normalmente no necesitamos una farmacia entera en casa. Suero fisiológico para limpiar la nariz, líquidos, descanso y, si hay malestar o fiebre, el medicamento adecuado según la edad y las indicaciones de un profesional pueden ser suficientes. En los niños, especialmente, no conviene improvisar con medicamentos ni utilizar productos «porque el año pasado funcionaron».

La tos es un mecanismo de defensa que ayuda a mantener despejadas las vías respiratorias

Uno de los errores frecuentes es pensar que hay que tratar cada síntoma. No siempre es necesario eliminar la tos, por ejemplo. La tos es un mecanismo de defensa que ayuda a mantener despejadas las vías respiratorias. Otra cuestión es que sea muy intensa, persista o impida al niño dormir y descansar; en esos casos será necesario valorar qué está ocurriendo y cuál es la mejor manera de abordarla.

También debemos tener cuidado al administrar varios preparados simultáneamente. Algunos medicamentos para el catarro combinan diferentes principios activos y podemos terminar duplicando alguno sin darnos cuenta. Antes de mezclar jarabes, analgésicos, antitérmicos o descongestionantes, es preferible preguntar. Que un medicamento pueda comprarse sin receta no significa que pueda utilizarse de cualquier manera.

Qué compramos sin necesidad

Antibióticos para un catarro, por ejemplo. Los antibióticos no sirven frente a los virus y utilizarlos cuando no corresponden puede generar problemas. Tampoco hace falta acumular jarabes, descongestionantes o combinaciones de productos para cada síntoma sin saber exactamente qué llevan. Más no siempre es mejor.

Además, nunca deberíamos reutilizar restos de antibióticos de un tratamiento anterior ni administrarlos a otro miembro de la familia porque presenta síntomas parecidos. Que dos personas tengan fiebre, tos y mocos no significa que tengan la misma infección ni que necesiten el mismo tratamiento. El uso inadecuado de antibióticos favorece la aparición de resistencias bacterianas, uno de los grandes problemas de salud pública actuales.

¿Cuándo hay que consultar?

La mayoría de los catarros evolucionan favorablemente, pero también es importante reconocer cuándo dejamos de estar ante el típico proceso que podemos manejar en casa. Hay que prestar especial atención a la dificultad para respirar, un decaimiento llamativo, fiebre que persiste o preocupa por las características del niño, signos de deshidratación, dolor intenso o un empeoramiento después de haber comenzado a mejorar.

Y, por supuesto, la edad importa. No valoramos de la misma manera la fiebre o los síntomas respiratorios en un bebé muy pequeño que en un escolar de ocho años. Ante la duda, especialmente con los más pequeños, es preferible consultar con un profesional sanitario.

Un buen botiquín familiar debería ser práctico, no un cajón lleno de cosas «por si acaso». Revisar las fechas de caducidad, conservar correctamente los medicamentos y preguntar al farmacéutico antes de utilizarlos puede ahorrarnos más de un susto.

También merece la pena hacer esa revisión antes de que empiece la temporada de catarros. Sacar todo, comprobar qué está caducado, desechar correctamente los medicamentos que ya no necesitamos y conservar únicamente aquello que sabemos para qué sirve. El botiquín no debería ser el lugar en el que van acumulándose durante años los restos de tratamientos de toda la familia.

Porque sí, probablemente este otoño volveremos a escuchar aquello de «mamá, tengo mocos». La clave no es evitar cada virus, algo prácticamente imposible cuando hay niños en casa, sino saber cómo actuar cuando llegan, aliviar los síntomas con sentido común y reconocer cuándo es necesario consultar.

Al final, en salud, tener lo necesario y saber utilizarlo bien vale mucho más que tenerlo todo.

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