La astenia primaveral altera la regulación de los ritmos circadianos

Cansancio

La astenia primaveral, la razón por la que estás cansado todo el tiempo

En esta época del año, es habitual sentir cansancio intenso, incluso después de dormir lo suficiente

La astenia primaveral es una sensación de cansancio y debilidad generalizada, tanto física como mental, que suele experimentarse con la llegada del buen tiempo, al inicio de la primavera. Tal y como indican desde Adeslas, se puede considerar como un síndrome incluido dentro de los denominados trastornos afectivos estacionales, cuya incidencia en los últimos años parece haber experimentado un crecimiento importante.

Entre los principales síntomas de la astenia primaveral encontramos:

Sensación de fatiga. El síntoma más evidente es la sensación de cansancio intenso, incluso después de dormir lo suficiente. Incapacidad de realizar tareas cotidianas. Las personas que padecen astenia primaveral pueden experimentar que las tareas cotidianas les requieren ahora un esfuerzo considerable. Problemas de concentración. Es posible experimentar problemas para enfocar la atención y mantener la memoria. Alteraciones en el sueño. Insomnio o somnolencia diurna son síntomas comunes. Cambios de humor.Dolores de cabeza.

Causas de la astenia primaveral

El origen fisiológico de la astenia primaveral no está del todo claro. Los expertos sugieren que se debe a la interacción de dos tipos de factores: factores ambientales inherentes a esta estación, como el aumento de horas de luz o los cambios de temperatura y presión atmosférica; y factores endógenos, que ocurren dentro de nuestro organismo.

Esta combinación puede provocar una desregulación de los ritmos biológicos que causen esos síntomas que hemos descrito con anterioridad.

Cómo combatir la astenia primaveral

Aunque no existe un tratamiento médico como tal, los métodos más eficaces para combatir los síntomas de la astenia primaveral son:

Mantener una dieta sana y equilibrada.Practicar ejercicio físico moderado, preferiblemente al aire libre. Mantener las rutinas de sueño. Reducir el consumo de sustancias nocivas, como el tabaco o el alcohol. Mantenerse bien hidratado. Controlar el estrés, uno de los principales enemigos del sistema inmune.