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Pies fríos: cinco enfermedades que pueden estar detrás de este síntoma

En invierno, es habitual que numerosas personas acudan a las consultas de Podología aquejadas de una persistente sensación de frío en los pies. Aunque la explicación más común suele ser una exposición insuficiente al frío o el uso inadecuado de calzado, el Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) ha alertado de que este síntoma puede estar asociado a diversas patologías subyacentes.

Según ha explicado Jorge Escoto, podólogo y miembro de la junta directiva del ICOPCV, «en primer lugar, la causa más frecuente suele ser un problema circulatorio». Esta dolencia, que avanza de forma silenciosa con el paso del tiempo, se caracteriza por una insuficiencia venosa que obstaculiza el retorno de la sangre al corazón. La pérdida de elasticidad de las venas y su dificultad para vencer la fuerza de la gravedad provocan un estancamiento que, progresivamente, enfría las extremidades inferiores.

La arteriosclerosis, por su parte, también incide en esta problemática. Al endurecerse las arterias, se limita el transporte de sangre caliente a las extremidades. Para contrarrestar este efecto, desde el ICOPCV se aconseja realizar ejercicios sencillos como rotar los tobillos o flexionar los dedos de los pies, activando así la bomba muscular que impulsa el retorno venoso. Además, subrayan la importancia de evitar hábitos nocivos como el tabaquismo, ya que fumar «endurece, inflama y obstruye las arterias».

En segundo lugar, Escoto señala la enfermedad de Raynaud como otra posible causa. Se trata de episodios isquémicos transitorios en los que el flujo sanguíneo hacia los pies se detiene brevemente debido a la contracción de los vasos sanguíneos provocada por el frío. «En estas personas, los pies pueden adquirir un tono blanquecino o azulado, y también experimentar entumecimiento», ha indicado el especialista. Para paliar sus efectos, los podólogos recomiendan utilizar prendas térmicas que favorezcan la circulación y evitar cambios bruscos de temperatura, así como fuentes de calor directo como braseros. El calzado debe contar con una suela y un forro que aíslen eficazmente del frío, y los calcetines de lana merina resultan especialmente recomendables.

Otra afección que puede generar sensación de frío en los pies es la neuropatía periférica. En estos casos, el paciente percibe frialdad aunque la temperatura real de sus pies no sea baja. Esto se debe al daño en los nervios responsables de detectar el calor y el frío, una situación frecuente en personas con diabetes. Escoto advierte de que, ante esta condición, «disminuye la capacidad para percibir temperaturas extremas, lo que puede conllevar riesgos de quemaduras o congelaciones sin que el paciente sea consciente».

Por este motivo, se insiste en la necesidad de evitar fuentes de calor directo y se recomienda optar por baños tibios, además de extremar el cuidado de los pies mediante revisiones periódicas, un corte adecuado de las uñas y el análisis del estado del calzado y las ortesis plantares si se emplean. En el ámbito doméstico, no se aconseja caminar descalzo y debe realizarse una inspección diaria de los pies para detectar cualquier herida o anomalía. En caso de dificultad para examinarse, se puede recurrir a un espejo o solicitar ayuda a un familiar. El lavado diario, el secado cuidadoso, especialmente en los espacios entre los dedos, la hidratación y un suave masaje forman parte de una rutina preventiva esencial. Una buena educación podológica puede evitar complicaciones mayores, como las amputaciones.

Por último, desde el ICOPCV advierten que el frío persistente en los pies también puede estar relacionado con enfermedades sistémicas como el hipotiroidismo o la anemia. En el caso del hipotiroidismo, la deficiente producción de las hormonas T3 y T4 ralentiza el metabolismo y con ello la generación de calor en el organismo, lo que repercute directamente en una mayor sensación de frialdad y sequedad en las extremidades. En cuanto a la anemia, la falta de hierro repercute en una circulación deficiente y en una menor capacidad del cuerpo para mantener una temperatura adecuada.

Ante este panorama, Escoto ha recalcado que «de aquí la importancia de la incorporación de los podólogos a unidades multidisciplinares y trabajar en consonancia con otras especialidades del sistema público de salud», ya que una simple consulta podológica puede servir para identificar patologías sistémicas, del mismo modo que estas enfermedades pueden manifestarse a través de síntomas visibles en los pies.