Dolor de rodillaGTRES

El motivo por el que notas más dolor en las rodillas los días de lluvia

Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) no dejan lugar a dudas: el pasado mes de enero llovió un 85 % más de lo normal y lo que llevamos de febrero hace pensar en un nuevo récord.

Las lluvias constantes no solo repercuten en el estado anímico de las personas, sino que pueden repercutir en un empeoramiento de los síntomas del dolor articular.

Aunque la ciencia aún no ha encontrado una explicación definitiva entre el dolor y el clima, algunos estudios sugieren que los días de lluvia pueden afectar al dolor en las articulaciones. La clave estaría en los cambios en la presión atmosférica. Los científicos aseguran que, antes de que llueva, la presión tiende a disminuir; hay menos presión de aire ejerciendo sobre su cuerpo, lo que puede permitir que los músculos, tendones y otros tejidos que rodean las articulaciones se expandan. La expansión puede ejercer una presión adicional sobre ellas, lo que puede provocar dolor.

Unido a la presión, las lluvias del invierno se acompañan de frío, lo que puede hacer que los músculos se contraigan y que las articulaciones se vuelvan más rígidas; se dificulta el movimiento e intensifica el dolor. Además, la humedad puede afectar a la forma en que los nervios transmiten las sensaciones, haciendo que el dolor se perciba con mayor intensidad.

Claves para reducir el dolor articular

El dolor articular es una de las molestias más comunes en la población adulta, especialmente en personas con sobrepeso, vida sedentaria o enfermedades inflamatorias. Especialistas coinciden en que adoptar hábitos saludables puede marcar una diferencia significativa en la prevención y el alivio de estas molestias.

Una de las principales recomendaciones es realizar ejercicio de forma regular. La actividad física fortalece músculos y huesos, lo que contribuye a disminuir la presión que soportan las articulaciones. Mantener el cuerpo en movimiento, con rutinas adaptadas a cada condición física, ayuda además a conservar la movilidad y funcionalidad.

Los expertos también aconsejan estirarse antes de iniciar cualquier actividad. El calentamiento previo permite preparar los músculos, mejorar la flexibilidad y reducir el riesgo de lesiones, factores que inciden directamente en la salud articular.

El control del peso corporal es otro elemento clave. El exceso de peso incrementa la carga sobre articulaciones como rodillas y caderas, lo que puede acelerar su desgaste y aumentar el dolor. Mantenerse dentro de un rango saludable reduce esta presión adicional.

En cuanto al manejo del dolor, se recomienda aplicar calor antes de la actividad física para relajar los músculos y favorecer la movilidad. Posteriormente, el uso de frío puede ser útil para disminuir la inflamación y la hinchazón.

Finalmente, mantener una actitud positiva ante la vida también influye en el bienestar general. Una disposición mental favorable puede contribuir a una mejor gestión del dolor y a la adopción sostenida de hábitos saludables.

Adoptar estas medidas no solo ayuda a minimizar el dolor articular, sino que promueve una mejor calidad de vida a largo plazo.

Qué pasa con la musculatura

Con el descenso de las temperaturas también se observa un incremento de las molestias musculares. El frío no solo afecta a la sensación térmica, sino que «tiene un impacto directo en la fisiología del sistema muscular, siendo uno de los factores determinantes en la aparición de contracturas», explica Pablo de la Serna, doctor en fisioterapia y colaborador de Angelini Pharma España.
El doctor explica que «el organismo reacciona ante las bajas temperaturas mediante mecanismos biológicos orientados a preservar el calor interno. Y estos mecanismos pueden derivar en problemas musculares». Entre ellos destaca «la vasoconstricción periférica, la adopción de ‘posturas defensivas’ y las contracciones termogénicas o escalofríos».

«Para minimizar la pérdida de calor, los vasos sanguíneos se estrechan», explica De la Serna. Esta reducción del flujo sanguíneo «limita el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos, lo que favorece la rigidez y la fatiga muscular». Es lo que se conoce como «vasoconstricción periférica». Además, ante la sensación de frío, existe una tendencia a encoger los hombros y tensar la zona cervical de forma involuntaria. «Mantener esta posición forzada durante periodos prolongados genera una sobrecarga mecánica en los músculos, lo cual puede provocar contracturas», añade.