Mujer con gripeGetty Images | simpson33

Gripe o COVID-19: qué cambia ahora en sus efectos sobre la salud

Han pasado seis años desde la mayor pandemia sanitaria de la historia causada por el virus SARS-CoV-2 que causó la muerte de unos 15 millones de personas en el mundo. Tras la vacunación general de la población, el virus de la COVID-19 pasó a ser una enfermedad respiratoria de carácter estacional, comparable a la gripe, con repuntes periódicos a lo largo del año, pero sin alcanzar el impacto hospitalario crítico registrado durante los años más duros de la pandemia.

A lo largo de estos seis años, los investigadores han seguido estudiando las consecuencias sobre la salud de contagiarse de covid o de gripe porque incluso los casos leves de ambos virus pueden tener efectos en el organismo más allá de la desaparición de la fiebre y la tos.

Una nueva investigación de la Universidad de Tulane aporta claves para entender por qué algunas personas tardan semanas o meses en sentirse plenamente recuperadas.

El trabajo, publicado en Frontiers in Immunology, muestra que ambos virus pueden provocar daños pulmonares duraderos. Sin embargo, solo la infección por SARS-CoV-2 se asocia con inflamación cerebral persistente y lesiones en pequeños vasos sanguíneos, incluso cuando el virus ya no es detectable. Este hallazgo ayuda a explicar por qué la covid prolongada suele acompañarse de síntomas neurológicos –como niebla mental, fatiga o alteraciones del estado de ánimo–, mientras que la gripe se relaciona principalmente con complicaciones respiratorias.

«El impacto de la influenza y la COVID-19 en la salud pública es muy relevante, pero aún conocemos poco los mecanismos de sus efectos a largo plazo», explica Xuebin Qin, autor principal del estudio y profesor de microbiología e inmunología.

Para diferenciar los efectos comunes de las infecciones respiratorias graves de aquellos específicos de la COVID-19, el equipo utilizó un modelo experimental en ratones, analizando tejido pulmonar y cerebral tras la eliminación de la infección.

Qué pasa en los pulmones

En los pulmones, los resultados fueron similares en ambos casos: persistencia de células inmunitarias y acumulación de colágeno, una proteína asociada a la cicatrización. Estos cambios pueden endurecer el tejido pulmonar y explicar la sensación de falta de aire que algunos pacientes refieren tras superar una infección respiratoria.

No obstante, los investigadores detectaron una diferencia relevante. Tras la gripe, los pulmones activaban mecanismos de reparación, enviando células especializadas para regenerar el epitelio de las vías respiratorias. Este proceso apenas se observó tras la infección por COVID-19, lo que sugiere que el SARS-CoV-2 podría interferir en la capacidad natural de curación pulmonar.

Consecuencias en el cerebro

Las mayores diferencias se observaron en el cerebro. Aunque no se detectó presencia viral en el tejido cerebral, los animales con COVID-19 presentaron inflamación persistente y pequeñas áreas de sangrado semanas después de la infección. Además, el análisis genético evidenció alteraciones en las vías relacionadas con la serotonina y la dopamina, fundamentales para la regulación del estado de ánimo, la cognición y la energía. Estos cambios fueron prácticamente inexistentes en los casos de gripe.

«En ambas infecciones observamos daño pulmonar persistente, pero los efectos a largo plazo en el cerebro fueron exclusivos del SARS-CoV-2. Esta distinción es clave para comprender la COVID prolongada», subraya Qin.

El estudio, financiado por la Asociación Americana del Corazón, forma parte de un esfuerzo internacional por esclarecer las secuelas cardiovasculares y cerebrovasculares asociadas a la COVID-19.

Los autores concluyen que identificar estos cambios biológicos permite mejorar el seguimiento clínico de los pacientes y avanzar en el desarrollo de terapias dirigidas a prevenir daños persistentes. Comprender el origen de los síntomas prolongados será clave para reducir el impacto a largo plazo de la enfermedad en la salud pública.