Pasear en soledad por la naturaleza
¿Te sientes solo? Prueba a dar un paseo al aire libre
La mera exposición al aire libre no genera por sí sola un impacto inmediato
La participación en actividades sociales puede contribuir a reducir la sensación de soledad, tanto por el contacto con otras personas como por el valor positivo de las interacciones. Sin embargo, surge una cuestión relevante: ¿puede la simple actividad —especialmente en entornos naturales— desempeñar también un papel preventivo frente al aislamiento?
Un estudio, publicado en Health & Place, apunta en esa dirección: «Las actividades al aire libre en entornos naturales tienen un efecto protector significativo contra la soledad», señala Sindre Johan Cottis Hoff, investigador doctoral en sociología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), quien considera estos espacios una herramienta valiosa para afrontar este problema.
La investigación partía de la hipótesis de que la actividad en la naturaleza puede reforzar la conexión de las personas tanto con su entorno como con el lugar que habitan. «Fortalecer el sentimiento de pertenencia, no solo hacia otras personas, sino también hacia los entornos naturales, parece tener un efecto protector frente a la soledad», explica Hoff.
No obstante, el estudio introduce matices. La mera exposición al aire libre no genera por sí sola un impacto inmediato. Los beneficios dependen, en gran medida, de la atención que se preste al entorno: los sonidos, la luz, el horizonte o los detalles de la vegetación. Esta percepción consciente resulta, además, más accesible en situaciones de soledad.
Caminar si, correr no
En contraste, actividades físicas como correr en la naturaleza no producen necesariamente el mismo efecto. Según los resultados, esto se debe a que la atención suele centrarse en el rendimiento individual, relegando la conexión con el entorno.
Los datos proceden de entrevistas a 2.500 participantes del Estudio Mjøsa, integrado en el proyecto Misión Mjøsa de la NTNU en Gjøvik. La iniciativa busca, entre otros objetivos, poner en valor activos intangibles como el paisaje y la naturaleza local, así como identificar aquellos elementos que podrían perderse por el desarrollo excesivo.
«La soledad y la falta de pertenencia son desafíos clave para la salud pública. La degradación o pérdida de acceso a los entornos naturales puede tener un coste social elevado», advierte en un comunicado el investigador.
El estudio también aborda la soledad como un indicador de carencia de pertenencia. En este sentido, plantea que la conexión con la naturaleza puede contribuir a cubrir esa necesidad. «Percibirse como parte de la naturaleza genera un sentimiento de integración en una comunidad más amplia», sostiene Hoff.
Aunque tradicionalmente la soledad se ha vinculado exclusivamente a la falta de relaciones humanas, investigaciones recientes subrayan la relevancia del vínculo con los espacios y entornos naturales. Según Hoff, tanto factores directos como indirectos explicarían por qué esta conexión puede ayudar a mitigar el aislamiento.
Así impacta la naturaleza
El estudio plantea dos vías que explicarían el impacto de la naturaleza en la reducción de la soledad. Por un lado, una explicación directa: el contacto con el entorno natural satisface la necesidad humana de pertenencia. En estos espacios, muchas personas encuentran un ambiente libre de juicios, donde pueden mostrarse tal y como son, sin la presión de ajustarse a normas sociales.
Por otro, una explicación indirecta apunta al efecto sobre los procesos mentales. La conexión con la naturaleza favorece pensamientos más constructivos y reduce patrones negativos asociados a la soledad, como la percepción de rechazo o incomprensión por parte de otros. Diversas investigaciones respaldan esta idea y señalan, además, que este vínculo puede mejorar las relaciones interpersonales.
En el caso concreto del lago Mjøsa, objeto del estudio, las actividades más frecuentes entre los participantes son los paseos y el disfrute del entorno junto al agua. Más del 75 % de los encuestados afirma visitar la zona varias veces al año, mientras que cerca de un 25 % lo hace varias veces al mes.
A partir de estos datos, el investigador Sindre Johan Cottis Hoff subraya dos líneas de actuación. La primera pasa por garantizar el acceso a espacios naturales, destacando que la posibilidad de caminar y contemplar el paisaje ofrece beneficios difíciles de encontrar en entornos urbanos densos. La segunda consiste en fomentar que las personas acudan solas a estos lugares y presten atención a los detalles del entorno: el cambio de estaciones, los sonidos del suelo al caminar o la sensación del aire fresco.
Entre las estrategias para reforzar el vínculo con la naturaleza, investigaciones previas proponen ejercicios sencillos como anotar cada día tres aspectos positivos observados al aire libre. Esta práctica, centrada en la atención consciente al entorno, ha demostrado efectos duraderos. En esta línea, el filósofo Arne Næss defendía una distinción entre actividad y «actividad»: en la naturaleza, esta última implica detenerse a absorber el entorno, más allá de desplazarse de un punto a otro.