Una persona rodeada de humo de un incendioGETTY/ DANIIIEL

Una enfermera explica las «graves consecuencias» del humo de los incendios en la salud

Estas partículas, advierte Rosa Pérez, pueden causar «un gran daño al cuerpo»

La proximidad de los incendios forestales a zonas habitadas no solo pone en riesgo viviendas y espacios naturales. También supone una amenaza para la salud de la población, especialmente para las personas con enfermedades respiratorias, que pueden ver agravados sus síntomas por la exposición al humo.

La enfermera Rosa Pérez, coordinadora de Divulgación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), ha advertido de que el humo de los incendios contiene una mezcla de gases y partículas potencialmente nocivas para el organismo.

«Los efectos a corto y a largo plazo de respirar el humo de los incendios son bastantes». La experta explica que a corto plazo se puede sufrir una irritación inmediata de las mucosas de ojos, nariz y garganta así como tos –con una producción mucho mayor de moco– y dificultades para respirar, incluso con dolor torácico. «En aquellas personas con la capacidad respiratoria alterada su problema respiratorio se va a agravar porque no solo hablamos de humo, también de gases que irritan y que son tóxicos así como de partículas en suspensión». Rosa Pérez afirma que estas partículas tienen consecuencias en el organismo bastante importantes como efectos inflamatorios que pueden afectar al corazón, cerebro y sistema inmunitario.

Compuestos tóxicos

Según explica, esta nube de humo está formada por compuestos como el monóxido y el dióxido de carbono, además de partículas muy pequeñas que permanecen suspendidas en el aire y pueden penetrar profundamente en el aparato respiratorio cuando se inhalan. Estas partículas, advierte la experta, pueden causar «un gran daño al cuerpo».

Entre los componentes más preocupantes se encuentra el monóxido de carbono, un gas altamente tóxico que se une a la hemoglobina con mayor facilidad que el oxígeno, dificultando así su transporte por la sangre y aumentando el riesgo de problemas circulatorios. A ello se suman otros compuestos orgánicos tóxicos presentes en el humo que también pueden lesionar diferentes tejidos del organismo.

La exposición al humo no solo afecta a los pulmones. Los ojos son otra de las partes del cuerpo especialmente vulnerables.

La doctora Nishika Reddy, oftalmóloga y especialista en córnea de University of Utah Health, recuerda que la película lagrimal desempeña un papel esencial en la protección de la superficie ocular.

«En general, las lágrimas lubrican nuestros ojos y proporcionan una importante protección frente a la suciedad, el polvo y las infecciones, pero una alteración del equilibrio puede causar verdaderos problemas. Los gases y partículas del humo pueden causar molestias reales y, a veces, visión borrosa».

La irritación ocular, el escozor, el lagrimeo o la sensación de tener arena en los ojos son algunos de los síntomas más habituales cuando la calidad del aire se deteriora por un incendio.

Cómo protegerse del humo

Si las autoridades permiten permanecer en el domicilio y la vivienda se encuentra en una zona afectada por el humo, una de las principales recomendaciones es limitar al máximo la entrada de aire contaminado.

Para ello conviene mantener puertas y ventanas cerradas y, si se dispone de aire acondicionado, utilizarlo en modo de recirculación. Los humidificadores pueden ayudar a mejorar el confort ambiental en las estancias donde se pasa más tiempo y los purificadores de aire, cuando están disponibles, contribuyen a reducir la concentración de partículas en suspensión en el interior.

En cuanto a la protección de los ojos, los especialistas aconsejan utilizar lágrimas artificiales para mantener una adecuada lubricación, evitar frotarse los ojos aunque exista picor y aplicar una toalla fría sobre los párpados cerrados si aparecen molestias. El uso de gafas envolventes o lentes protectoras también puede ayudar a disminuir la exposición al humo y a las partículas en suspensión.

El impacto psicológico

Las consecuencias de un incendio no terminan cuando se apagan las llamas. La experiencia de vivir una evacuación, perder bienes materiales o sentir que la propia vida ha estado en peligro puede dejar una importante huella emocional.

En algunos casos puede aparecer un trastorno por estrés postraumático, un problema psicológico que puede desarrollarse después de experimentar o presenciar un incendio especialmente traumático.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran los recuerdos intrusivos del suceso, los cambios negativos en el estado de ánimo o en la forma de pensar, una mayor reactividad emocional, dificultades para concentrarse o tomar decisiones, así como alteraciones del sueño y del apetito.