Mujer bebiendo aguaGetty Images

Un fisiólogo alerta del impacto de beber poca agua en la concentración y el ánimo

Las deshidrataciones leves existen y pueden generar molestias como dolor de cabeza o cansancio

Beber agua para muchos es una obligación y para otros es un hábito común totalmente automatizado como el respirar.

Los especialistas recomiendan beber entre 1,5 y 2,5 litros de agua al día, lo equivalente a unos 6-8 vasos. Estas recomendaciones tienen un fin, y es evitar las deshidrataciones y sus consecuencias, que en algunos casos pueden llegar a ser perjudiciales e incluso causar la muerte.

Beber poca agua se traduce en menor concentración

Beber agua no solo ayuda a nuestro cuerpo a que funcione correctamente, sino que también es clave para nuestra mente. El experto revela que «una hidratación insuficiente hace que actividades cotidianas como caminar, trabajar de pie o subir escaleras se perciban como más exigentes».

«El cuerpo regula peor la temperatura y el esfuerzo se nota antes. Mantener una buena hidratación ayuda a sostener el rendimiento diario y favorece la recuperación, especialmente cuando hay sudoración».

Señales de deshidratación

  • Menos orina y de color más oscuro
  • Boca seca
  • Dolor de cabeza leve
  • Cansancio injustificado
  • Sensación de poca claridad mental​

Estas situaciones no se dan únicamente en escenarios de mucho calor y sol, como podría ser la playa; también pueden ocurrir en el trabajo, especialmente tras jornadas largas y exigentes.

Cómo aumentar la ingesta de líquidos

Cierto es que la cantidad de líquidos que debemos ingerir depende de factores como la edad, la actividad física o las condiciones externas.

Los expertos recomiendan llevar siempre una botella de agua con nosotros; en caso de temperaturas muy elevadas, se debe beber antes de comenzar a notar sed y, si se realiza ejercicio físico, beber antes, después y durante a pequeños sorbos.

También es importante no abusar de las bebidas con cafeína, ya que son diuréticas. Para contrarrestar, se recomienda el consumo de caldos y alimentos que contengan agua, como las frutas y verduras.