Con la llegada de la primavera aumenta la apatía

Con la llegada de la primavera aumenta la apatíaGetty Images

Por qué con la llegada de la primavera aumenta el cansancio y la apatía

Existe un mayor consumo energético en el organismo por la necesidad de la adaptación

Con la llegada de la primavera, es frecuente que muchas personas experimenten una sensación de cansancio generalizado, apatía o dificultades para mantener la concentración. Este fenómeno, conocido como astenia primaveral, no responde únicamente a una percepción subjetiva, sino que tiene una base fisiológica vinculada a los cambios ambientales propios de esta estación. Así lo explica Salvador Molina, presidente de Cofenat en Murcia y especialista en Naturopatía, quien detalla los procesos que intervienen en esta adaptación del organismo.

«El llamado cansancio o astenia primaveral es un fenómeno bastante común y sí tiene una base fisiológica real, surge de la adaptación del organismo a cambios estacionales», señala el experto. En este sentido, el tránsito del invierno a la primavera implica modificaciones relevantes en los ritmos biológicos. Tal y como precisa, «aumentan las horas de luz, aumenta la serotonina y disminuye la melatonina», lo que obliga al organismo a reajustar su reloj interno.

Consecuencias en el descanso

Este desajuste tiene consecuencias directas sobre el descanso. «Lo que obliga a nuestro reloj interno a un ajuste. Como consecuencia, al dormir menos, aparece somnolencia durante el día y, por tanto, sensación de cansancio», concreta Molina. A ello se suma una mayor exigencia fisiológica: «Provoca una necesidad de aumento de las hormonas del estrés (cortisol, adrenalina…), que, a su vez, aumenta el estado de apatía y cansancio por la mayor exigencia que hacemos de nuestro organismo y la concentración puede disminuir».

En paralelo, los factores ambientales también desempeñan un papel relevante. «También tenemos cambios en la temperatura y la presión atmosférica, lo cual obliga a nuestro sistema cardiovascular a una adaptación, mayormente manifiesta en las personas sensibles», subraya. Este proceso adaptativo implica, además, un mayor gasto energético. En palabras del especialista, existe «un mayor consumo energético en el organismo por la necesidad de la adaptación, que se manifiesta en una mayor fatiga de tipo leve y transitoria».

No obstante, estos síntomas pueden intensificarse cuando concurren otros factores, como niveles bajos de hierro —especialmente en mujeres—, sedentarismo, situaciones de estrés elevado o una alimentación inadecuada durante los meses invernales. Todo ello contribuye a que el organismo afronte con mayor dificultad el cambio estacional.

Desde el enfoque naturopático, el objetivo pasa por facilitar la adaptación del cuerpo a estas nuevas condiciones. «Facilitar la adaptación del sistema nervioso, hormonal y hepático», resume Molina. Para ello, propone una serie de hábitos que pueden contribuir a mejorar este proceso. Entre ellos, destaca incrementar de forma progresiva la exposición a la luz solar, preferiblemente en las primeras horas del día, durante unos 30 minutos. Asimismo, recomienda caminar descalzo sobre superficies naturales al menos un cuarto de hora diario, una práctica que, según explica, favorece el equilibrio del organismo.

El descanso adecuado constituye otro pilar fundamental. «Debemos tener horarios regulares y evitar la exposición a luces de espectro azul, especialmente por la tarde/noche», indica, aconsejando reducir el uso de pantallas LED al menos dos horas antes de acostarse. De este modo, se busca preservar la calidad del sueño y evitar alteraciones adicionales en los ritmos biológicos.

Junto a ello, el experto insiste en la importancia de mantener una actividad física regular, siempre adaptada a las capacidades individuales, así como una correcta hidratación, situando la referencia entre 1,5 y 2 litros diarios. También aconseja evitar cenas copiosas o tardías. «Y de hacer siesta, que no sea excesivamente larga, para evitar que el sueño nocturno no sea suficientemente productivo», hace hincapié.

Otras recomendaciones incluyen el uso de infusiones o complementos naturales que ayuden a equilibrar las funciones corporales, la práctica de ejercicios respiratorios orientados a activar el sistema nervioso parasimpático y la incorporación de un desayuno rico en proteínas —como el que incluye huevo—, con el objetivo de estabilizar los niveles de glucosa.

En el ámbito de la fitoterapia, Molina menciona distintas plantas que pueden resultar útiles en este periodo. Entre ellas, el eleuterococo, que contribuye a mejorar la respuesta al estrés y actúa como vigorizante; la Rhodiola rosea, asociada a una mejor respuesta mental; y la avena, preferiblemente en extracto, para favorecer una relajación suave del sistema nervioso. Para apoyar la función hepática, propone el consumo de diente de león, alcachofera, bardana y cardo mariano, recomendando la ingesta de un par de infusiones diarias durante unas dos semanas.

En cuanto a la alimentación, el especialista apuesta por una dieta equilibrada basada en productos frescos. «Aumentar el consumo de hojas verdes, frutas de temporada y buena selección de proteínas, como pescado azul de especies pequeñas, carnes preferentemente de ave, huevos y algunos lácteos, primando los de origen caprino y ovino, así como legumbres que se toleren bien. También recomienda evitar ultraprocesados, azúcares refinados y harinas blancas, el alcohol y las comidas especialmente grasas o pesadas».

Por último, Molina recuerda que la astenia primaveral suele remitir de forma espontánea en un plazo aproximado de dos semanas. «la astenia primaveral cesará en ese tiempo, aproximadamente», afirma, especialmente si se siguen las pautas indicadas. Sin embargo, advierte de la importancia de consultar con un profesional sanitario si los síntomas se prolongan más allá de ese periodo o si aparecen señales como «palpitaciones, dificultades al respirar, fatiga excesiva, mareos, insomnio persistente, pérdida o ganancia excesiva de peso, debilidad o hinchazón». En esos casos, concluye, resulta fundamental descartar otras posibles causas y recibir una valoración adecuada.

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