Dos personas comiendo un plato de fruta

Dos personas comiendo un plato de frutaFreepik

Alimentación

Las ocho reglas de oro para perder kilos sin estrés, según Mariola Corega

Hay que dar prioridad a proteínas y verduras, sin caer en extremos ni obsesiones

Después de un periodo de vacaciones, comidas fuera de casa o aumento de dulces es necesario ayudar al cuerpo a reencontrar su equilibrio natural sin someterle a castigos ni restricciones alimentarias estrictas. Según explica Mariola Corega, (@mariolacorega), campeona mundial y referente en el ámbito del bienestar femenino, los excesos puntuales y los cambios en los hábitos no dañan el organismo de forma irreversible, aunque sí pueden alterar su ritmo interno. En lugar de adoptar dietas drásticas como forma de compensación, Corega propone una recuperación basada en principios fisiológicos, alejados de la culpa o la privación, y centrados en prácticas sencillas que devuelvan al cuerpo su estabilidad sin renunciar al placer de comer.

La primera pauta que recomienda es desterrar la palabra «dieta» del enfoque mental. Cuando la alimentación se asocia al control, la prohibición o la culpa, el cuerpo reacciona con mecanismos de defensa. Por el contrario, precisa la experta, el objetivo debe ser acompañarlo y ordenarlo, no restringirlo, ya que la relación con la comida no debe convertirse en un campo de batalla diario.

En segundo lugar, aboga por recuperar horarios regulares antes que reducir porciones. Tras las celebraciones, lo que normalmente se ve alterado es el ritmo, no la fisiología. Restablecer los momentos de las comidas aporta estructura, mejora la digestión y permite que el apetito vuelva a autorregularse de forma espontánea.

En cuanto a la elección de alimentos, Corega sugiere dar prioridad a proteínas y verduras, sin caer en extremos ni obsesiones. Estos componentes, señala, proporcionan saciedad, energía y contribuyen a estabilizar los niveles de glucosa. No se trata de seguir modas nutricionales ni de contar macronutrientes, sino de optar por comidas comprensibles para el cuerpo y acordes al contexto diario.

Un error común, advierte, es pensar que desinflamar el organismo implica eliminar alimentos. En realidad, la inflamación crónica suele estar vinculada al estrés, la falta de sueño o la desorganización. Para reducirla, es más eficaz centrarse en el descanso, el movimiento y la constancia en la alimentación, ya que un cuerpo en tensión no puede regenerarse adecuadamente.

También enfatiza la importancia de la hidratación. A menudo se confunde la deshidratación con sensaciones de hambre o fatiga. Mantener una adecuada ingesta de agua puede tener un efecto inmediato en la concentración, el nivel de energía y la eficiencia digestiva.

Otro de los pilares que destaca es la atención al acto de comer. Sentarse, masticar con calma y evitar las prisas activa los mecanismos naturales de saciedad y reduce el picoteo inconsciente, típico de enero, cuando se intenta compensar sin dirección clara.

Frente a la perfección, Mariola Corega invita a optar por la sencillez: volver a los alimentos reales, reducir los ultraprocesados y simplificar la ingesta es más sostenible —tanto física como mentalmente— que perseguir planes rígidos que terminan por agotar.

Finalmente, subraya que es esencial dejar que el cuerpo colabore. Cuando se eliminan la culpa, la autoexigencia excesiva y el control obsesivo, el organismo tiene mayor capacidad para recobrar la energía, autorregular el apetito y salir del estado de alerta. No se trata de una moda pasajera, insiste, sino de una realidad fisiológica fundamental.

De este modo, la propuesta de Corega no pasa por imponer nuevas normas, sino por recuperar el sentido común y permitir al cuerpo volver a su curso natural, con respeto, constancia y libertad.

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